Pedro Buenaventura y la gestión de la realidad

Una pila de gráficos, organigramas y esquemas, todos ellos perfectamente encuadernados, marcan la línea invisible entre entrevistador y entrevistado. Pedro Buenaventura, director de la cantera del Real Betis Balompié, se ha preparado bien esta charla. No le culpo. Por enésima vez en la última década, el club de la Palmera vive momentos de tensión, esta vez por el inminente despido de Gustavo Poyet, que se produciría poco después de esta charla. Desde el club no quieren que nada se saque de contexto en una situación tan delicada, pero el máximo responsable de los escalafones inferiores, datos en mano, accede a recibirnos en su humilde despacho.

El rincón de trabajo de Buenaventura es estrecho, aunque tiene espacio suficiente para colocar en él un escritorio, una televisión y la mesa en la que nos encontramos. Aún sabiendo de las limitaciones existentes en la Ciudad Deportiva Luis del Sol, cuesta creer que el despacho de un hombre de su posición se encuentre en uno de esos barracones que, durante estos años de crisis, nos hemos acostumbrado a ver en cada pueblo y ciudad de nuestra región debido a los duros recortes en materia de Educación. Y de eso, precisamente, se encargan quienes trabajan a sus órdenes: de formar y educar lo mejor posible a los que pueden ser los futuros ídolos de Heliópolis.

Cumplido ya el medio siglo, el señor Buenaventura, hijo del que fuera entrenador verdiblanco en los años 80 y hermano de Lorenzo, miembro del staff técnico de Pep Guardiola desde 2008, dirige desde hace más de dos años un área del club que, al igual que todas las demás, se ha visto sumida durante demasiado tiempo en la inestabilidad. Desde la intervención judicial de la entidad, el puesto que ahora ocupa lo han ostentado Miguel ValenzuelaJosé Antonio GordilloLuis Fradua. Ahora, con el ‘Proyecto Heliópolis’ a varios metros bajo tierra en la memoria colectiva del beticismo, su objetivo no es otro que sentar las bases de un modelo de cantera que, en un razonable periodo de tiempo, pueda dar los frutos que todos esperan. Si las constantes turbulencias se lo permiten, claro.

Pregunta: ¿Cómo valora el trabajo que se realiza en la cantera desde que la dirige?

Pedro Buenaventura: Hemos tenido dos años y medio difíciles. Hemos convivido con tres presidentes, tres directores deportivos y cuatro o cinco entrenadores del primer equipo. De alguna forma influye en el devenir del debate de las ideas y, sobre todo, en el día a día. Para evaluar el trabajo de cantera se debe hacer a medio plazo, pero por ahora lo considero insuficiente. Un error muy habitual en este aspecto es no tener en cuenta que lo que se hizo hace siete años, positivo o negativo, tendrá su repercusión ahora. Lo que nosotros hagamos en el presente, ya sea referente a la promoción de los futbolistas, la formación de los técnicos o establecer programas de entrenamiento y metodología, se verá dentro de siete u ocho años. Valorar el trabajo de cantera por la inmediatez es un error de concepto. En el caso de la del Betis, yo echaría la vista atrás unos diez años.

P. ¿Son Dani Ceballos y Fabián repercusiones positivas del pasado?

P.B. No sólo identifico el éxito del trabajo de una cantera con la inclusión de jugadores en el primer equipo. Muchas veces lleva a error. Si te fijas bien, es lo único que no depende de los responsables de la cantera, sino de los del primer equipo. Normalmente está condicionado por la filosofía o la línea de actuación de la dirección deportiva y, sobre todo, por los entrenadores. Puedes tener jugadores de un nivel muy alto en una determinada demarcación, pero puede que el primer equipo no los necesite en ese momento. Conozco cientos de futbolistas a los que les ha pasado. Nuestro trabajo es desarrollar chicos que estén preparados para dar el salto, pero la última palabra nunca depende de los responsables de la cantera ni del propio jugador.

P. ¿Influyen, positiva o negativamente, los resultados de los equipos de cantera en el futuro de los chavales?

P.B. ¿Qué son los resultados competitivos en cantera? ¿Los campeonatos ganados, los partidos ganados, los goles…? En nuestra idea, hasta las categorías superiores es lo mismo ser campeón que subcampeón. Al menos, en determinadas edades. Sí intentamos inculcar una mentalidad competitiva en los equipos mayores, tanto en el Betis ‘B’ como en el División de Honor, que deben acostumbrarse a competir. No a ganar, sino a competir, porque la victoria o la derrota depende también del nivel de los contrarios. En los últimos años hemos sido cuatro veces campeones de Andalucía en etapas inferiores, pero tiene una repercusión relativa ya que no es nuestro principal objetivo. También es cierto que el Betis ‘B’ ha descendido siete veces en los últimos años. El del año pasado fue un fracaso rotundo; entendíamos que teníamos un equipo más que suficiente para mantener la categoría. El División de Honor tampoco ha conseguido clasificarse entre los tres primeros desde que estamos aquí, por lo que también podemos considerarlo un fracaso en el contexto de la competición.

P. ¿Por qué cree que ocurre esto?

P.B. Puede sonar a excusa, pero nuestros mejores juveniles no han jugado en el Juvenil. Hemos tenido incrustados a tres o cuatro de ellos siempre en el filial. Si hubieran jugado en el División de Honor, a lo mejor -y sólo a lo mejor- hubiéramos tenido un Juvenil más potente. Por ejemplo, Fabián jugó tres partidos ahí antes de subir al ‘B’ y Dani Ceballos ni jugó porque todos veíamos que tenía nivel más que suficiente para ser importante en el filial. Los resultados no son los mejores, pero hay otros factores que nos pueden permitir hacer una valoración positiva. De los que estaban en el Betis ‘B’ hace dos años, siete están ya en el fútbol profesional como José Antonio Caro (Córdoba), Isaac Carcelén (Zaragoza), Francisco Varela (Oviedo)… No han tenido su cabida en el primer equipo, pero estamos más que satisfechos en lo que a proyección profesional de futbolistas se refiere en este tiempo. Históricamente, el Betis ha tenido muchos debuts ficticios; jugadores que sólo han jugado uno, dos o tres partidos. Ése no es nuestro objetivo. 

P. Llevaban tiempo detrás de él y, al final, lograron su fichaje. ¿Por qué es José Juan Romero el técnico ideal para el Betis ‘B’?

P.B. Antes que nada, me gustaría matizar que, aunque el descenso del Betis ‘B’ el año pasado fuera un fracaso, no quiere decir que no estuviéramos contentos del trabajo que se hizo, como rejuvenecer una plantilla en la que había varios jugadores no sub-23. Una prueba de ello es que, salvo dos, sigue siendo el mismo equipo. Sobre José Juan Romero, creíamos que tenía el perfil idóneo para un equipo filial. Sus resultados no sirvieron para salvar la categoría, pero le planteamos un proyecto a medio plazo -un contrato de dos temporadas-, y entendemos que, además de conocer la categoría, es un técnico perfecto para formar jugadores y para que el filial consiga volver donde le corresponde.

P. Con el ‘Proyecto Heliópolis’ ya extinto, ¿qué diferencias cree que existen entre éste y el que usted lleva desarrollando desde su llegada?

P.B. De ‘Heliópolis’ no puedo hablar porque lo desconozco. Te puedo hablar de nuestra idea, la cual ha estado marcada por la incertidumbre de no tener una directriz clara desde los órganos de gestión de mayor jerarquía dentro del club. El haber tenido tres directores deportivos conlleva que, aún habiendo expuesto nuestras ideas, estamos a expensas de las que tengan el consejo de administración y el máximo responsable del área deportiva. Han sido dos años y medio convulsos en ese sentido. Trazar un camino con constantes modificaciones no es sencillo. No quiero decir que todo haya sido negativo; todo lo contrario. Pero la preocupación que ellos han tenido con el primer equipo les ha impedido tener tiempo de conocer lo que aquí hacemos. Pese a todo, somos muchos profesionales los que trabajamos en cantera, tenemos una línea de actuación, existen debates, nada está impuesto por nadie, todos tienen la posibilidad de exponer sus criterios, los despachos están abiertos… Intentamos ordenar las cosas desde el debate colectivo. Hemos establecido un modelo de gestión totalmente democrático basado en nuestra propia realidad: las instalaciones, la infraestructura, el presupuesto… Estoy muy satisfecho de la profesionalidad que he encontrado tanto en las personas que ya estaban aquí como en las que se han incorporado después.

P. Ha aumentado el número de técnicos, pero también el de equipos, especialmente de fútbol-7. Hay voces que ven necesaria la creación de un Betis ‘C’ y un Juvenil ‘C’ para ayudar a los jugadores a quemar etapas de una forma más lógica. ¿Lo ve necesario?

P.B. Las actuales normativas, que están en constante modificación, impiden muchas veces que esas cosas se lleven a cabo. Es muy fácil hablar de tener un equipo filial, pero sabemos que no es posible ahora mismo. Crear un Betis ‘C’ nos llevaría tres o cuatro años, mínimo, por una travesía en el desierto llena de dificultades, ya que tendríamos que empezar a competir en la categoría más baja del fútbol sevillano. Para ello hay que convencer a una veintena de jugadores y a sus respectivas familias, agentes… Otro detalle es que sólo tenemos un campo de fútbol-11 y uno de fútbol-7 para que entrenen todos nuestros equipos. Es por eso que tenemos que utilizar instalaciones alternativas como las de Bellavista, el SADUS y la Universidad Pablo de Olavide para darle una calidad mínima de entrenamiento a todos nuestros chicos. Hay fines de semana en los que tenemos que meter diez partidos en campo y medio. El mayor problema que tenemos es de instalaciones. Es totalmente inviable crear -e incido en lo de crear- un Betis ‘C’. Nos interesa hacer inversiones de otro tipo, como un convenio con el Calavera para que los jugadores de primer año juvenil que, por lo que sea, necesiten un año más de formación, jueguen allí.

P.B. En el fútbol-7, por otro lado, encontramos que había una parte de la cadena incompleta. Perdíamos generaciones de jugadores porque nos faltaba tener un número suficientemente amplio de futbolistas en el Prebenjamín, el Benjamín y el Alevín para que ‘saltasen’ todos a la vez y aunarlos todos ellos después en el Infantil ‘B’, que ya es fútbol-11. Teníamos que incorporar un número de jugadores demasiado elevado cada año para poder tener equipos competitivos.

P. Ya que hablamos de segundos filiales, ¿cómo explica la derrota del Betis ‘B’ ante el Sevilla ‘C’ hace unas semanas? ¿Es un tema de mentalidad o competitividad, quizás?

P.B. No soy amigo de evaluar partidos concretos; tenemos 21 todas las semanas. El Betis ‘B’ tiene muy buenos jugadores y el técnico sabe los argumentos que debemos manejar para asegurarnos el ascenso, pero no va a ser sencillo. Los jugadores requieren adaptarse a una categoría que apenas conocen, somos el equipo a batir… Hay obstáculos, el contrario también juega y te va a poner en dificultades. En aquel partido el Sevilla ‘C’ compitió mejor que nosotros, tan sencillo como eso.

Pedro Buenaventura presencia un partido del filial junto a Miguel Torrecilla y Víctor Sánchez del Amo | Foto: @RBetisCantera

Pedro Buenaventura presencia un partido del filial junto a Miguel Torrecilla y Víctor Sánchez del Amo | Foto: @RBetisCantera

Con un clima de continua «crispación», como lo ha definido Ángel Haro, presidente del Real Betis, en más de una ocasión, las líneas de actuación trazadas en la Avenida de Italia son casi como un secreto de Estado. Algo muy alejado de lo que supuso ‘Heliópolis’ en un comienzo, cuando José Antonio Bosch anunció a bombo y platillo que éste iría encaminado a conseguir un 70% de canteranos en el primer equipo, la mayor parte de ellos procedentes de Andalucía. Aunque Buenaventura prefiere no ser «esclavo» de los números, como dijo a su llegada en julio de 2014, no tiene problemas en desgranar cómo se lleva a cabo el proceso de captación de jugadores bajo su dirección.

P.B. La temporada pasada vimos 2.123 partidos, de los cuales 1.259 jugadores están valorados. Esto significa que los técnicos del club han incluido en nuestra base de datos la valoración de esos futbolistas. De todos ellos, incorporamos a 113. Todo esto lleva un proceso que comienza en agosto y termina en octubre en su primera fase para retomarse en marzo hasta que se toma una decisión final en los últimos meses de la temporada. En este proceso han participado unos 70 u 80 técnicos, incluyendo 35 ojeadores externos. Cabe señalar también que tenemos una serie de clubes conveniados, con los que tenemos una serie de privilegios: Calavera, Nervión, Antonio Puerta, Tomares, Círculo Don Bosco, Coria, Utrera, Betisevilla y Cruz Villanovense (Extremadura).

Estos «privilegios», sin embargo, parecen insuficientes a la hora de pugnar con otros clubes. El talento escasea, y el Real Betis Balompié, que disfruta del mayor presupuesto de su historia en materia de cantera, no es un destino preferente en Andalucía -donde Sevilla y Málaga se reparten la mayor parte del ‘pastel’- para aquellos que desean triunfar en este deporte. Pero, ¿por qué?

P.B. Estamos en clara desventaja respecto a otras canteras a nivel nacional por dos razones principales: una es el espacio, tanto de las instalaciones como de la residencia; la otra es económica. Era impensable hace diez años que un niño de Sevilla jugase en Granada, Almería, Logroño, Asturias o Cataluña porque el fútbol ha cambiado muchísimo. La carrera de un chico, y así lo ven sus padres, puede estar marcada por el club en el que se forme. Antes, la formación personal estaba por encima de la futbolística y los niños jugaban en el equipo de su pueblo o, en algún caso, en el de mayor calado de su provincia. Ahora el mercado está mucho más abierto. En los últimos dos años y medio, nueve jugadores de nuestra cantera se han ido a las de Real Madrid y Barcelona. No es fácil captar buenos jugadores. A veces los tenemos ya captados. Lo difícil es conseguir que perduren. Eso es un problema genérico en España, le ocurre a todos los clubes.

P.B. En los dos últimos años, el club creció en ese sentido con Eduardo Macià, que creó un área de captación pre-élite (sub-23) de la que ahora es responsable, en un formato parecido, Jaime Quesada. La dirección deportiva tiene un plan de actuación mucho más externo de lo que podemos abarcar desde la cantera, donde nos centramos principalmente en Andalucía. Aquí es donde tenemos mayores probabilidades de éxito, pero eso no quiere decir que no se nos aporte futbolistas de otras comunidades e, incluso, de otros países desde la dirección deportiva. El fútbol se ha universalizado mucho y nosotros debemos tener una mentalidad abierta pese a que los jugadores sevillanos, onubenses, gaditanos y cordobeses puedan adaptarse mejor a la idiosincrasia del club.

P. ¿Cómo se pueden evitar las ‘fugas’ a otros equipos?

P.B. El derecho a retención ya no existe, los chicos juegan donde ellos -o sus padres- eligen jugar y, a partir de los 16 años, o les haces profesionales o también juegan donde eligen jugar. Nosotros nos encontramos nueve jugadores profesionales entre el Betis ‘B’ y el primer equipo. Actualmente hay 43: 25 en el ‘B’, nueve en el División de Honor y nueve en el Liga Nacional. «¿Y los niños de la cantera por qué se van?», me preguntaban. Pues se iban por esto. Nunca se terminan de evitar fugas, pero ya son diferentes. Si llegan a la élite algún día, aunque no sea aquí, el Betis tendrá una recompensa económica. Estamos muy satisfechos.

P. Por lo que me cuenta, han invertido mucho tiempo y esfuerzo en gestión y en trato personal al futbolista. Pero, ¿cómo se ha invertido el presupuesto en este tiempo?

P.B. En lo que a infraestructura se refiere, se ha hecho una inversión en la ciudad deportiva cercana al millón de euros sólo en el área de cantera. Hacía diez años que no se cambiaba el césped artificial, que ahora es nuevo; se ha reformado el gimnasio, que era el mismo desde hacía 25 años; y hemos creado tres vestuarios nuevos porque hubo ocasiones en las que hasta cuatro de nuestros equipos tenían que cambiarse en el mismo a la vez. Respecto a los técnicos, tenemos cinco especialistas en el área de porteros; todos los equipos de fútbol-11 tienen un entrenador, un segundo entrenador y un preparador físico; y también hemos ampliado el área psicológica y médica. Nuestra inversión no es sólo económica, sino profesional. Somos 151 personas las que trabajamos actualmente con los jóvenes: once responsables, 49 técnicos, diez especialistas -readaptadores, entrenadores de porteros, etc.-, catorce personas en el área médica, 21 delegados, once utilleros y auxiliares y 35 ojeadores externos. Yo fui entrenador del Betis ‘B’ hace diez años. Sólo estuve una temporada porque no me sentía identificado con lo que había porque las condiciones de trabajo no eran dignas, ni las mínimas que un club como el Betis requiere. En los últimos diez años eso ha mejorado una barbaridad, y ayuda a que haya una mayor calidad en los entrenamientos, aunque no dé resultados inmediatos. Puede que los dé a largo plazo. Si quieres ser medianamente competitivo, tienes que evolucionar al ritmo que te marca la realidad.

P. De los 404 jugadores que componen actualmente la cantera verdiblanca, ¿qué porcentaje procede de fuera de Andalucía?

P.B. En la residencia tenemos actualmente 26 futbolistas, de los cuales hay uno de Madrid, uno de Cataluña, dos de Extremadura, uno de Galicia, dos de La Rioja y un esloveno (Luka Gucek). Además, hay un chico canario que convive con sus padres fuera de la residencia, así como Beka Vachiberadze (Ucrania),  Juanjo Narváez (Colombia) y Dan Ojog (Moldavia), aunque no les podemos considerar canteranos propiamente dichos.

Dicha residencia comenzó a gestarse meses antes de la entrada en vigor de ‘Heliópolis’, cuyo mayor reclamo fue, sin duda alguna, la promesa de un primer equipo plagado de canteranos en poco tiempo. Como toda cantera, la idea de tener el mayor número de jugadores de la casa con dorsal es una de las mayores ambiciones de Pedro Buenaventura. Eso sí, sin marcarse un porcentaje concreto, un objetivo quizás irrealizable, que genere frustración en la grada y en los propios jugadores.

P.B. No es que no se busque (el porcentaje); nos gustaría que cada año fuera a más. En los dos últimos años ha habido una aportación sobresaliente, se han incrustado en el primer equipo Dani Ceballos, Fabián, Francisco Varela, Rafa Navarro y Álex Alegría. Cinco jugadores, de los cuales uno, Varela, está en el Oviedo. Es de justicia resaltar que algunos de ellos no estaban aquí cuando llegamos. A Rafa Navarro le habían dado la baja seis meses antes, Álex Alegría finalizó contrato, al igual que Varela… Cuando llegué aquí, lo primero que hice fue reunirme con Álex Alegría. Estaba en los listados de ‘no continuar’. Nosotros entendíamos que era un jugador apetecible y, aunque no había tenido dos años buenos, me costó mucho trabajo convencerle de que tenía que hacer un año más en el filial. Creo que hoy agradece la decisión que tomó. Pero que todos ellos estén en el primer equipo no es mérito de la actual dirección de cantera, lo he comentado antes. Se puede trabajar muy bien y que ningún chaval dé el salto. El último filtro es muy complicado. Puedes tener jugadores entre 19 y 21 años con un enorme potencial que, quizás, nunca lleguen al fútbol profesional. Tras 25 años de profesión, puedo poner decenas de ejemplos de jugadores jóvenes de un nivel muy alto que no han llegado a debutar en sus propios equipos. ¿Por qué? Porque la decisión la toman los responsables del primer equipo. Mucha gente se pregunta por qué tantos jugadores del Betis salen de aquí y acaban en otros equipos profesionales. La respuesta es muy sencilla: todos los jugadores del mundo han salido de una cantera. ¿Fueron Beñat y Miki Roqué canteranos del Betis? ¡No! Jugaron en la cantera, pero se formaron en otros equipos. Álvaro Cejudo, por otro lado, sí lo es, aunque haya vuelto ocho años después.

Tras su fichaje como máximo responsable del área de cantera -de la que ya formó parte como técnico del Betis ‘B’ en la 2004/05-, Pedro Buenaventura apostó por «recuperar los valores que se han perdido» en la ciudad deportiva a lo largo de los años.

P.B. Los valores de la cantera, los que deben tener jugadores y técnicos, están escritos. Quienes trabajan aquí los conocen. Se fomentan, se difunden… pero no se ven, no son palpables. Una de mis mayores satisfacciones se da cuando tenemos que despedir a un niño y su padre nos agradece el trato que les hemos dado durante los años que se ha formado con nosotros. Antes se iban jugadores de la cantera sin que nadie les dijese «gracias» siquiera. Son pequeños detalles relacionados con los valores. Uno de nuestros objetivos y valores esenciales es el tratamiento personal a los niños y a las familias. Creo que en eso hemos crecido enormemente. Aunque esté feo decirlo, me conozco el nombre del 90% de los jugadores, los padres me paran por la ciudad deportiva… Entiendo que el director de la cantera debe ser una persona accesible. Si el padre entiende que estamos tratando bien a su hijo a nivel de formación, éste querrá que su hijo juegue en el Betis.

La ‘vuelta a los orígenes’ propuesta por el director de la cantera verdiblanca suscita una cuestión que muchos béticos se plantean, y es la de la creación de una identidad desde la base que incida, con el tiempo, en la primera plantilla. No en vano, ‘Heliópolis’ -más por el ahorro económico que por la búsqueda de una identidad propia en sí misma- se inspiró en el modus operandi del Athletic de Bilbao, cuya filosofía envidian y anhelan los amantes más puristas de este deporte. Sin embargo, para Pedro Buenaventura la primacía de los valores no está precisamente casada con un Betis endogámico.

P.B. Inspirarnos en el modelo del Athletic de Bilbao sería el sueño de todos los que hemos trabajado -y trabajemos- en el Betis en toda su historia. Pero para que eso tenga sustento, o se inicie siquiera, depende de la filosofía que se quiera instaurar en el primer equipo. Hay clubes a nivel nacional que, hoy día, limitan el número de jugadores de la primera plantilla a 18, 20, 21… ¿Por qué? Porque las demás plazas se las guardan a los canteranos. Si lo establece el club, si lo instaura oficialmente, lo tiene que defender y, por ende, debe aceptarlo el director deportivo que venga. Y, por último, deberá no sólo aceptarlo, sino defenderlo, el entrenador del primer equipo. Ahora bien, hoy en día son contados los clubes que lo hacen porque la universalidad de este deporte es muy grande. Si nos centramos en la realidad en la que vivimos… ¡Eso no es sencillo! Yo he sido seleccionador andaluz y de Sevilla, y a la selección iban niños de equipos de pueblo. Hoy día eso es inviable porque ha crecido esto de tal forma que los chicos buenos de cualquier edad juegan en los mejores clubes, incluso fuera de su provincia. Las canteras del Barcelona o el Villarreal están llenas de andaluces. Tú no puedes convencer a un padre que se quiere llevar a su hijo alevín al Real Madrid si ya lo ha decidido.No perdemos tiempo con quienes no quieren jugar en la cantera del Betis, habrá otros que sí quieran. Hace 20 años ese niño no estaría ni en el Betis, sino en el equipo de su pueblo. Las residencias existen desde hace diez o doce años, no más, porque antes no hacían falta; un padre no dejaba que su hijo de catorce años viviese en régimen de residencia a quinientos kilómetros de su casa. Por eso hablo de nuestra realidad, y nuestra realidad es que no podemos tener más de 28 jugadores en la residencia.

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P. Con el ‘Proyecto Heliópolis’, además de un porcentaje determinado de canteranos en el primer equipo, se quiso establecer un modelo de juego común en todos los escalafones, partiendo de la base de Pepe Mel. ¿Es usted partidario de unificar criterios tácticos?

P.B. Pero, ¿qué es el modelo de juego? ¿El sistema o el estilo con el que juegan nuestros equipos? ¿Son lo mismo en fútbol-7 o fútbol-11? Copiar las cosas no es bueno. Puedes conocerlas para adaptarlas a tu propia realidad. En España sólo hay uno o dos clubes que lo tienen instaurado desde hace años; el resto lo intenta. Sin embargo, no todos estamos convencidos de que sea lo ideal. Nuestros jugadores de fútbol-7, por ejemplo, tienen un nivel muy superior al de la mayoría de los rivales, por eso debemos centrarnos más en el perfil del jugador que en el modelo de juego. Siempre somos dominadores, tenemos muchas probabilidades de marcar… En el fútbol-11 sí intentamos implantar un modelo más rico, ya que tenemos que preparar jugadores que puedan jugar en el primer equipo dentro de siete u ocho años. No sabemos si entonces se encontrarán un entrenador cuyo modelo de juego requiera la conservación del balón, la salida del esférico desde atrás o el robo, la velocidad y el contragolpe. Todos los modelos son válidos, pero nosotros tenemos que preparar futbolistas polifuncionales, que se adapten, según vayan creciendo, a los diferentes registros técnicos, físicos, mentales y tácticos y, así, estar preparados. Siendo simplista, te diré que nuestros equipos tienen que jugar bien al fútbol. Nuestros jugadores tienen cierto talento, son elegidos, por eso no entenderíamos que alguno de nuestros equipos juegue a un fútbol meramente defensivo o en el que regalemos el balón al contrario. Eso sí está instaurado, pero porque es lo normal. A partir de ahí, jugar con un 4-4-2, un 4-2-3-1, etcétera, depende de nuestros técnicos, a los que pedimos que enriquezcan a nuestros jugadores.

P.B. He tenido futbolistas de la cantera del Barcelona. ¿Sabes lo que me han dicho más de una vez? Que tardaron dos o tres años en adaptarse a otro tipo de fútbol. Salieron de La Masía con 20 o 21 años y, hasta que no tuvieron 23 o 24, no se adaptaron a otro tipo de fútbol. ¡Lo consideran un obstáculo en su vida profesional! «Sólo nos enseñaron una cosa: bienvenidos al 4-3-3», me decían. Por eso creo que enriquece más a jugadores y técnicos tener establecida una metodología de entrenamiento basada en que nuestros equipos jueguen bien al fútbol, pero sin un sistema cerrado y único.

P. ¿Qué perfil de técnico se requiere, o es preferible contratar, para formar a los chicos de la Avenida de Italia?

P.B. Nuestros técnicos están altamente cualificados, tanto los que estaban aquí cuando llegamos como los que hemos ido incorporando. Buscamos, evidentemente, un perfil diferenciado entre los que entrenan a los equipos más pequeños y los que dirigen a los que deben ser más competitivos. Los primeros deben ser más formadores que entrenadores, más pedagógicos. Siete u ocho de nuestros entrenadores son profesionales de la Educación, se ganan la vida como maestros o pedagogos. La formación de los más pequeños es mucho más amplia y genérica. Hay otro perfil de técnico que, por su experiencia previa en cantera, por su edad, es mucho más competitivo. Hay que aprender a convivir con la victoria, con el empate y con la derrota en las edades más avanzadas, y necesitamos entrenadores que les hagan progresar en esa línea. El fútbol profesional es muy exigente; cada vez más. José Juan Romero es nuestro último eslabón, por así decirlo, y le hemos escuchado decir en muchas ocasiones que su filosofía, su manera de entender el juego, se basa en ganar, que es por lo que vivimos todos al final.

P. ¿Cómo se lidia con los técnicos con una mayor ambición personal y profesional, cuya meta es dirigir algún día al primer equipo?

P.B. Es algo lógico. Todos los que trabajamos en cualquier profesión tenemos la máxima aspiración posible. Cuando yo empecé a entrenar quería dirigir al equipo de la mayor categoría que pudiera. Es loable. Quiero técnicos que tengan esa visión, pero lo que no pueden hacer es anteponer sus objetivos particulares a los del club. Cuando se da el caso, les invitamos a que no estén con nosotros. No hay otro camino: o te adaptas al trabajo que hay que hacer en cantera o no puedes estar.

Una de las mayores polémicas suscitadas en torno a la Avenida de Italia en los últimos tiempos -y no han sido pocas- tiene que ver con la presencia de exjugadores del club en el organigrama de técnicos. Lo que en otros clubes se considera algo normal, en el Real Betis Balompié llegó a iniciar un debate sobre la conveniencia de tener entrenadores peor preparados que otros ajenos al club sólo por el hecho de haber prestado sus servicios sobre el césped en el pasado. Pero Pedro Buenaventura, cuadernillo en mano, desvela un hecho que por pocos aficionados verdiblancos es sabido: ¡la cantera está llena de viejos conocidos!

P.B. No estoy de acuerdo con quienes dicen que no están lo suficientemente formados. Todos lo están, tanto en cuanto a su titulación como a su trabajo. Tenemos técnicos que han sido jugadores profesionales y han trabajado en cantera, pero también otros que no han estado en escalafones inferiores. A ellos les hemos dado equipos menores para que puedan formarse. Como los jugadores, casi todos los entrenadores han salido de una cantera. En algunos casos, se trata de exjugadores del Betis que conocen muy bien la idiosincrasia del club y a los que les hemos dado la oportunidad de volver a estar con nosotros. Aquí suenan más los nombres de Dani, de Arzu o de Bornes (hasta hace poco estuvieron también Juanito, Capi o Merino) que los de Pablo del Pino, Emilio Fajardo, Agustín Bizcocho, Pedro Benítez, Miguel Ángel Caro, Poli, Juanma León, López Bernal o Rafa Ríos (Rafa Ruiz Romero), que fueron jugadores de la cantera del Betis.

P.B. ¿Por qué hemos hecho eso? ¡Porque lo echábamos en falta! En etapas anteriores había entrenadores muy válidos, muy cualificados -algunos siguen estando con nosotros-, pero uno de nuestros valores es conocer la idiosincrasia del club, por supuesto. Tenemos muchos técnicos conocedores de la realidad de la entidad, pero no sólo los que conoce el aficionado. ¿Eso significa que les hemos regalado el estar aquí? Para nada. Todos tienen la máxima titulación, y los que no la tienen es porque han empezado hace poco y se están formando. El perfil de nuestros técnicos es muy variado y estamos muy satisfechos de su nivel.

P. ¿Cómo trabajan para evitar que los jóvenes talentos pierdan el norte según empiezan a adentrarse en el fútbol profesional?

P.B. Tenemos un área de psicología que actúa con nuestros técnicos y jugadores, tanto a nivel individual como colectivo, pero al final sólo les puedes asesorar, orientar… Sólo convives con el futbolista dos horas al día. Si te encuentras a alguien maduro, serio, con objetivos claros, le enriqueces al orientarlo en positivo; no lo vas a estropear. En el caso contrario, es muy difícil influir en la personalidad o el carácter del jugador. ¡Se intenta, claro que sí! Pero fuera de aquí está asesorado por su familia, su pareja, su agente… Esto no quiere decir que no haya casos en los que maduren más tarde, pero es complicado. No obstante, debo romper una lanza a favor de la formación del jugador hoy en día. Es un medio de vida tan atractivo que existen pocos -especialmente cuando llegan a un filial- que echen por la borda los muchos años de trabajo y esfuerzo que han hecho, en muchos casos, sus propias familias. Los que no tienen la cabeza bien amueblada van cayendo antes. Donde realmente necesitan ayuda, en mi opinión, es en sus primeros años de convivencia en el fútbol profesional, porque se encuentran en un mundo ‘irreal’ que, en muchísimas ocasiones, puede durar apenas uno o dos años. Hasta entonces, todos van por el mismo camino más o menos.

P. ¿Le ha pedido algún directivo que ‘enchufe’ a uno de sus hijos, o al de un amigo, en uno de los equipos de cantera?

P.B. Nos suelen decir «me han dicho que hay un chico muy bueno en tal equipo» o «tengo un amigo cuyo hijo juega muy bien», pero el método de actuación es siempre igual. Tenemos totalmente monitorizado cómo deben llegar los chicos a nuestra cantera. Pedro Buenaventura no decide qué niños juegan aquí. Por ejemplo, esta tarde vienen unos diez chicos a probar, pero no me sé sus nombres. De eso se encarga el área de captación. El propio directivo se da cuenta de que eso no se puede hacer. Esos ‘compromisos’ se resuelven muy fácilmente, sobre todo cuando te dicen que «es por la ilusión de que entrene aunque sea un día». ¿Y la desilusión que se llevaría ese chico al que, después de entrenar un día, le tienes que decir que no tiene nivel para jugar en el Betis? Si de verdad tiene nivel, será el Betis el que intente traerlo aquí. Esas cosas, hoy en día, difícilmente se dan.

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P. Tras estos primeros meses en el club, ¿qué planes cree que tiene Miguel Torrecilla para los escalafones inferiores?

P.B. Hay un contacto permanente, casi diario, con él. Más allá de proyectos y grandes puestas en escenas, está el día a día, y raro es el día que yo no hablo con él. Nos manifiesta algunas ideas claras, y nos las expuso al llegar. Al exponer -que no imponer- sus planes, reconoció que su prioridad era el primer equipo y que, una vez se normalice la situación, trabajaría de una forma cercana a nosotros. Y está cercano, dentro de lo que le permiten sus responsabilidades actuales. Pero algunas de sus ideas iniciales ya las hemos puesto en marcha porque, evidentemente, es el mayor responsable del área deportiva. Viene a ver partidos del Betis ‘B’, el División de Honor, algunos entrenamientos… Estos papeles (señala la pila de documentos que hay sobre la mesa) él también los tiene, pero hay que admitir nuestro club no permite a quienes trabajan para el primer equipo dedicarse a ‘misiones secundarias’. Él viene de un club donde se trabajaba muy bien la cantera pese a los pocos recursos que tenía. Es un hombre que se implica mucho en ella.

P. Como bético, ¿cuál es su mayor ambición?

P.B. Todos los béticos soñamos con lo mismo, ¿no? Nuestro club necesita tranquilidad, estabilidad inmediata. No por parte de quienes lo dirigen, te hablo del club en el más amplio sentido de la palabra. Son demasiados terremotos los que se han producido en los últimos diez años, demasiadas cosas le pasan al Betis. Eso genera incertidumbre, poca credibilidad en los proyectos. No es normal que haya habido tantos presidentes, directores deportivos, entrenadores, directores de cantera… Lo que deseo es el Betis que yo conocí hace 25 años, más humilde en algunas cosas, pero estable. Una vez que se consiga un Betis estable, me gustaría un Betis cada vez más grande. El mayor patrimonio que tenemos, nuestra afición, así lo demanda. El objetivo número uno del Betis debe ser hacer felices a los béticos, y eso no lo está consiguiendo desde hace muchos años. Ser feliz no siempre implica ser campeón.

P. ¿Cree entonces que el Betis ha perdido su identidad?

P.B. No soy nadie para decir eso. Hago una reflexión desde el sentimiento. Te he hablado como bético. Necesitamos una tranquilidad que nos lleve a la felicidad, que es la razón de ser del Betis.

P. Y como director de la cantera del Real Betis Balompié, ¿cuál es su meta?

P.B. Me gustaría que los proyectos no tengan nombres ni apellidos. Los clubes que funcionan bien en lo que respecta a la formación son aquellos en los que van pasando las personas pero los criterios siguen siendo los mismos. Que haya un sendero único. Cuando nosotros nos vayamos del Betis dejaremos las cosas por escrito, cosa que no nos hemos encontrado, para que los que vengan detrás sepan lo que hemos hecho. Lo que les guste lo mantendrán; lo que no, lo mejorarán. En los últimos años se ha invertido mucho en cantera, no hay más que ver el material, las instalaciones y el equipamiento de nuestros niños. Hemos recogido el fruto de compañeros que trabajaron en una situación mucho más precaria que nosotros. Nos estamos aprovechando de que fueron constantes pese a que en el club no se creía en el trabajo de cantera. ¿Hemos crecido? Sí, pero no nos podemos parar, debemos seguir avanzando a la velocidad que nos imponen los demás.

P.B. Eso pediría: que el club eligiese un criterio y empujase hacia él independientemente de las personas que estén en la cantera. No me da ningún miedo no estar en el Betis porque llevo 30 años trabajando fuera de él. «Es que Pedro Buenaventura es un enchufado», le oí decir a un periodista, pero si fuera un enchufado, si me hubiera valido del nombre de mi padre, hubiera estado hace muchos años. Yo no he querido estar en el Betis cuando estuvo mi padre; cuando dejó de estar he tenido esta oportunidad, pero he estado en catorce clubes. Mi bagaje me permite saber el potencial que puede tener nuestro club, pero los que estamos dentro muchas veces ni nos lo terminamos de creer. Para que ese potencial explote necesitamos lo que no depende de nosotros: que se crea en el trabajo de cantera de verdad.

P.B. Siempre he escuchado decir a los antiguos que el mayor patrimonio del club ha sido que, en los momentos de mayor debilidad económica, se aferró a la cantera, tanto por los jugadores que subieron al primer equipo como por los ingresos derivados de la venta de los demás. Eso hace años que no se da. ¿Por qué? Porque la filosofía del club ha cambiado. Yo he visto hacer bicicletas a un jugador foráneo y ser aplaudido por una grada que gritaba a un canterano por perder la pelota al intentar hacer un regate. El nivel de exigencia con el canterano respecto al jugador de fuera no ha sido parejo. Otros clubes, sin embargo, tienen instaurado que el canterano es su patrimonio, al que hay que cuidar y exigirle, eso sí, en la misma medida que a los demás. Ni más ni menos. Pero en el Betis ha habido momentos en los que no hemos sido justos con la cantera.

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Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Responsable de la dirección periodística y las redes sociales de Beticismo.net. Redactor en Medina Media Andalucía.