Es bien sabido que en el balompié la victoria y el juego son dos conceptos no siempre parejos. A pesar de salir de Pamplona con tres puntos, el Betis de Gustavo Poyet jugó anoche otro partido muy lejano a lo que quiere ser. La voluntad estuvo, como estuvo el sábado pasado, pero su entrenador, si bien fue (mucho) más sensato al planear el encuentro, sigue sin conseguir que su escuadra sea todo lo metódica y lo competitiva que podría ser. Poyet dejó fuera a Rubén Castro con el pretexto de introducir otro centrocampista, algo quizás más acorde a su naturaleza. El equipo heliopolitano formó en 4-4-1-1, con Cejudo echando una mano a Piccini y Gutiérrez haciendo lo propio con Martínez. Durante muchos minutos funcionó, pero el Betis volvió a decaer varias veces durante la contienda. Especial mención a la indescifrable posición de Joaquín, que hizo de muchas cosas bajo el disfraz de segundo delantero. A veces pegado a Sanabria, a veces ayudando a Petros, a veces lanzando a los laterales… El portuense hizo de pluriempleado completando otra gran actuación. Muy por encima de la colectividad de su equipo.

37 de los 54 balones que tocó Joaquín en El Sadar fueron en el tercio central del campo. Estuvo en todos sitios. | Fuente: Squawka

37 de los 54 balones que tocó Joaquín en El Sadar fueron en el tercio central del campo. Estuvo en todos sitios. | Fuente: Squawka

Sí acertó el técnico uruguayo en el post-partido, al narrar parte de lo ocurrido en el primer tiempo. «Sabíamos que los primeros 10-15 minutos de Osasuna iban a ser muy intensos. Y que ahí tenés que competir. Ahí el tema de jugar es complicado. (…) Cuando se tranquilizó un poquito el partido es cuando empezamos a bajar el balón, a jugar un poco más…». Y fue así. El Betis creció una vez decreció la vehemencia inicial de los locales. Una vehemencia inherente a El Sadar, por otra parte. Lo cierto es que entre los minutos 10 y el 30 se vio algo parecido a un Betis ‘controlador’, aunque en ningún momento lúcido en la construcción de las jugadas. Sí se vieron al menos media docena de circulaciones muy frescas, con un buen Jonas Martin -que acabó el primer tiempo con 34 pases buenos de 36 intentados- y un sobresaliente Petros. Lo del brasileño en la dirección ofensiva fue especialmente novedoso. Fruto de esas tenencias llegó el gol de Joaquín, imperial durante todo el encuentro.

Pero las individualidades son de lo poco a lo que acogerse en la visita de los verdiblancos a Navarra. Los rojillos reaccionaron rápido, se desquitaron el control, y a su manera, arcaica e indelicada, se acercaron a los aposentos de Adán. Aunque el cuadro de Enrique Martín no desbordaba al Betis, su dominio se dejaba palpar en el dominó de balones parados con los que finalizó el primer tiempo. Tras el descanso se repitió lo ocurrido en el tramo inicial, con la grada haciendo mucho ruido, los navarros acumularon muchos efectivos en territorio bético y obtuvieron la igualada. Diez inspiradísimos minutos del joven lateral izquierdo Álex Berenguer, ya pisando posiciones de extremo, sacaron al Betis del partido. El canterano de Osasuna no sólo tejió en la jugada del 1-1, sino que rompió a Piccini en varias ocasiones dejando al Betis psicológicamente quebrado. Poco a poco la frialdad de Pezzella, Joaquín y Petros restaron frenesí al choque, y los de Poyet terminaron llegando a Nauzet gracias un enérgico Sanabria. Lo hizo sin embargo de manera intermitente, y con poco éxito.

El anecdótico pero capital gol de Gutiérrez no debería relajar a su entrenador. El Betis volvió a ser un equipo inestable en los emocional y en lo táctico, con muchos problemas que solucionar. El nuevo plan no funcionó, y el equipo habrá de mejorar si quiere conseguir un nuevo triunfo el domingo frente al RCD Espanyol.

Escrito por

Analista de fútbol

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