Poyet ante el abismo (0-1) | La crónica

¿Qué hace distinto al Betis? No son pocos los que coinciden en definirlo como único, citando ejemplos como su afición, aunque lo que en realidad hace distinto a este equipo es su incapacidad para encadenar dos temporadas dignas consecutivas. Todos los equipos encuentran de vez en cuando un estilo, un técnico y una identidad futbolística que les permita salir adelante aun sin tener a los mejores futbolistas. No es el caso del Betis.

Una de las pruebas de por qué el Betis no encuentra su identidad sobre el césped es la derrota ante el Espanyol, en la que Poyet dejó patente que no sabe ni de dónde viene ni hacia dónde va. El planteamiento inicial, un 4-4-2 con Sanabria y Rubén Castro arriba, no sólo no dio resultados sino que convirtió la banda izquierda del Betis en un galimatías, un agujero negro en el que tanto el delantero canario como Felipe turnaron para perderse. A partir de ahí, improvisación.

Y eso pese al relativo buen inicio del Betis, en el que Sanabria estuvo a punto de batir al portero rival con un disparo raso. Fue la mejor ocasión del partido, y prácticamente la única clara. Los problemas de los entrenados por Poyet para hilar jugadas de ataque fueron notables durante los 90 minutos, excepción hecha de los contragolpes, esos momentos en los que el Betis pasa a jugar rápido y encuentra un respiro.

La pregunta lógica es: si el Betis juega mejor cuando mueve el balón rápido, ¿por qué no lo hace siempre? En primer lugar, porque para ello sería necesario convencer al técnico de que es necesario jugar con bandas. Con bandas reales, no con Rubén Castro. En el encuentro ante el Espanyol, Poyet alineó la mencionada formación, con Petros, Jonás, Felipe y Joaquín en la medular. Una vez más, una banda coja.

Por suerte para los verdiblancos, el Espanyol tampoco atraviesa un buen momento, aunque tras su victoria en el Villamarín consigue tres puntos que bien habrían sentado al Betis. Durante toda la primera mitad, los catalanes apenas fueron capaces de hilar tres pases en ataque. No sacó partido el Betis y lo acabó pagando, como es habitual.

El partido, futbolísticamente nefasto y sin detalles de calidad por parte de ambos conjuntos, sólo se animó en algunos momentos y por motivos extraordinarios, como la entrada al campo de José Antonio Reyes o los gritos -cada vez más recurrentes- de “Poyet vete ya”. Esta consigna empezó a corearse tras el gol del Espanyol, en el minuto 63 y justo cuando el uruguayo estaba a punto de dar marcha atrás e impugnar toda su estrategia.

Mientras Dgoie Reyes cabeceaba un córner al fondo de la red, en la banda se preparaban para entrar Cejudo y Nahuel, que finalmente sustituyeron a Joaquín y Jonas. Dos bandas, al menos en teoría, pues Cejudo consumó su habitual despropósito insistiendo en regatear hacia el centro del campo, no se sabe si por indicaciones del entrenador.

Ninguno de los planes alternativos puestos en liza por Poyet funcionó, y eso pese a que a punto estuvo de hacer el 1-1 con un cabezazo al larguero de Pezzella ya en el minuto 95, paradón de Diego López incluido. Con balones largos tentó a la defensa rival, que siempre logró despejar el balón.

El 0-1 final quizás no fue justo, pero fue real. Tan real como el descontento con un técnico que parece desconocer las capacidades y potenciales de su plantilla, que no es capaz de alinear un once que aproveche al máximo a Rubén Castro y que en lugar de trabajar en automatismos -necesarios en toda plantilla limitada que se precie- parece destruirlos.

Ahora mismo el entrenador del Betis se enfrenta a un abismo. El que se abre bajo sus pies, el mismo que han visto otros compañeros que han ocupado su mismo lugar en las mismas circunstancias, el que siempre aparece cuando la afición del Betis decide -justamente o no- que el tiempo del técnico se ha agotado.

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Me gano la vida escribiendo sobre tecnología, aunque ocasionalmente me dejo caer por el fútbol para despejarme. El problema es que soy del Betis, y más que despejarme, lo que hago es vertir en Beticismo todo lo que tengo en la cabeza. Vosotros, los lectores, sois los que debéis juzgar si lo que tengo es bueno o malo. Estudié en Sevilla y ahora soy un bético en Madrid. Uno de tantos.

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  • Para mí, el problema del Betis es la movilidad. Cuando tienen el balón no hay nadie buscando un hueco, y cuando lo dan tampoco se mueven. Eso hace que el equipo parezca lento aún teniendo el balón y tocándola.

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