Gustavo Poyet y el Villamarín

Gustavo Poyet sabía a dónde venía y qué le había pasado a sus antecesores, pero una cosa es conocer el pasado y el entorno como exhibe en cada comparecencia pública y otra es vivirlo y saber sobrellevarlo. Lo segundo le está costando mucho desde el primer día. El uruguayo sabía que en el Vilamarín había mucho dolor acumulado, y por ello desde su llegada solicitó borrón y cuenta nueva. Lo necesitaba para poder trabajar, porque la afición del Betis, sin querer, venia poniendo en serios aprietos a los suyos. El hartazgo, la exigencia sobrelimitada, lleva tiempo generando un clima irrespirable.

 

Posiblemente la afición bética sea la más generosa del planeta, pues necesita muy poco para dejarse la garganta y animar a los suyos, pero actualmente también tiene una gran facilidad para perder los nervios. Y se puede entender conociendo la trayectoria verdiblanca en el último lustro, pero eso no quita que está siendo un lastre demasiado importante. Posiblemente el Villamarín fuera el primer campo de Europa que pitó a su equipo esta temporada, lo hizo en el debut en casa, y posiblemente actualmente sea el campo de Europa que menos perdona un error. Sin ir más lejos, en el último partido ante un Espanyol muy encerrado atrás, se pitó el segundo pase hacia atrás para volver a iniciar el juego en un partido que el equipo no inició mal. La situación es exageradamente contraproducente y los rivales lo saben y lo aprovechan. No son pocos los técnicos que en este tiempo han optado por partidos cerrados para que el nerviosismo aflore.

 

Carece de sentido pitar a un equipo nuevo en la jornada 2 en su debut en casa; no ayuda a los jugadores que cada fallo sea pitado y que jugar fuera sea más sencillo. Condiciona el rendimiento de los futbolistas pues siempre está la tentación de dar un pase sencillo a uno en profundidad y evitar el fallo y los posteriores silbidos y/o murmullos. Pero la situación es la que es, y Poyet o quien sea tendrá que ganarse en crédito aunque sea fuera para que Heliópolis se calme.

 

Todo esto no le vale de excusa a Poyet pues su equipo lejos de Heliópolis no es que haya exhibido una mejor cara, el juego de los suyos está lejos de ser óptimo y más lejos aún del nivel esperado. Al uruguayo la situación le puede desde el primer día, pues en el mencionado partido contra el Deportivo se dejó llevar por la impaciencia del ambiente como se pudo reconocer en sus cambios. Esta semana, cuando los pitos se combinaron con la solicitud de su marcha, directamente bajó los brazos y, como él mismo declaró en rueda de prensa, dejó de dar instrucciones. El Villamarín le está superando, pero en el Villamarín el Betis no supera a nadie.

 

 

Escrito por

Uno de tantos béticos que sufren y disfrutan desde la lejanía. Periodista deportivo. Apasionado del balompié y de todo lo que sucede sobre el verde. Piensa que podría vivir sin el gol, debido a su fascinación por todo lo que sucede en el juego: movimientos, espacios, etc. Esa fascinación es la que pretende reflejar en sus artículos. Eso si, nada como explicarlo con el sabor de las deliciosas victorias verdiblancas. Siempre ha pensado que lo sueños son mentiras que un día deja dejan de serlo.

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