Cuando te alejas de la victoria

Comentaba Poyet a su llegada que su etapa en el Real Betis marcaría para bien o para mal buena parte de su futuro como entrenador, y la verdad es que al ya ex entrenador bético hay que desearle suerte, pues su paso por Heliópolis ha estado lejos de ser positivo. Gustavo ha exhibido limitaciones  y unas ideas algo añejas que han frenado su progresión.

Poco o nada se ha visto del Gustavo Poyet que causó interés en Inglaterra en sus comienzos, especialmente en su etapa en el Brighton. Curiosamente allí defendía un fútbol más propio de la Liga española mientras que aquí anhelaba parecerse a un equipo inglés como reconoció en alguna ocasión. El problema no estriba en su cambio de gusto futbolístico o si simplemente quería agradar al gentío con un discurso diferente, sino que por momentos parecía pretender aplicar un fútbol del siglo pasado, sumamente reduccionista. Con el uruguayo se ha hablado más de testiculina que de fútbol, más de altura que de calidad. Se ha basado en conceptos arcaicos que le han alejado de la victoria pues son justamente esos conceptos los que han sentado en el banquillo a los jugadores más determinantes y desequilibrantes. El fútbol de Ceballos actualmente cede muchos argumentos para su suplencia, pero esgrimir que necesita peso para contar con él es tener una visión futbolística del pasado, lo cual actualmente no hace sino limitar las posibilidades de éxito. Por suerte cada día disfrutamos de un montón de bajitos y delgados genios, desde Silva a Roque Mesa, desde Iniesta a Modrić.

Por momentos Poyet tuvo la paciencia del graderío, pues justamente el Villamarín necesitaba alguien que constantemente hablara de carácter, de furia para ganar los partidos. Pero eso te vale para que te den tiempo en verano, cuando el balón empieza a rodar la gente quiere fútbol. Con carácter, sí, pero fútbol. El uruguayó no regaló nada de eso. Además, Poyet se encontró con el Villamarín herido. Si es cierto que injustamente no le dieron mucho tiempo – no habla bien de la salud de una afición cuando en el primer partido en casa se pita al equipo – pero Gus no supo revertir el desencanto, ni fuera ni en casa. Todo lo contrario, cada día su Betis jugaba peor y de forma más simple. De hecho, jugar en cada parecía superarle, sin ir más lejos en el primer encuentro como local los murmullos parecieron precipitarle en su dirección de campo.

Pese a notable preferencia por el 4-3-3 Poyet supo ser flexible para sacar lo mejor del equipo. Dijo que iría a la UVI con sus ideas, pero que no moriría con ellas, y así fue. Agitó su pizarra para dar con la respuesta, pero no supo hallarla. Supo ser inteligente para reconocer los errores, pero no hábil para encontrar las soluciones. Lo grave posiblemente radique en la pretemporada, cuesta entender que llegara a noviembre sin saber dónde situar a su mejor hombre, al más capaz de influir en el marcador. En primer lugar el técnico uruguayo exhibió limitaciones no ofreciendo ideas para que Rubén Castro se encontrara cómodo sobre el verde, pero acabó sin encontrarle hueco directamente en el once lo cual directamente es incompetencia para entrenar al Real Betis Balompié.  Cuesta entender cómo no se tiene sitio para el mejor. Este tipo de decisiones tienen una pronta respuesta de grada y vestuario, empiezas a irte cuando protagonizas cosas así. Es inevitable.

El Betis sí fue un equipo de Poyet, pues fue un equipo con carácter. Esa parecía ser su obsesión y lo logró. El problema es que fue eso, sin más. Obviamente no le bastó para puntuar acorde a las expectativas ni para dejar de ser el equipo que más disparos recibía de todas las grandes ligas europeas. El desorden ha marcado la etapa del entrenador verdiblanco en Heliópolis, y así es realmente complejo construir un equipo competitivo. Además, se fue alejando del talento, empezó a contar menos con esos jugadores que te cambian partidos sin atender a meritocracia. A los casos de Ceballos y Rubén Castro hay que sumarle el de Musonda, un jugador que te da tiempo para el orden y que agita al rival. Poyet reconoció que no podía ser equilibrado con él, lo cual, una vez más, evidenciaba limitaciones tácticas del técnico.

El Betis vuelve a poner punto y final una vez más antes de lo esperado a un nuevo proyecto.  Aún así, en el caso de Poyet no parece haber debate, no se atisbaban mejoras, sus decisiones cada vez le alejaban más de la victoria, el vestuario y la afición.  Y ya está lejos de Sevilla.

Escrito por

Uno de tantos béticos que sufren y disfrutan desde la lejanía. Periodista deportivo. Apasionado del balompié y de todo lo que sucede sobre el verde. Piensa que podría vivir sin el gol, debido a su fascinación por todo lo que sucede en el juego: movimientos, espacios, etc. Esa fascinación es la que pretende reflejar en sus artículos. Eso si, nada como explicarlo con el sabor de las deliciosas victorias verdiblancas. Siempre ha pensado que lo sueños son mentiras que un día deja dejan de serlo.

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