Heliópolis, la eterna búsqueda

Cuando el Real Betis Balompié disputó la final de la Copa del Rey de 2005 en el Vicente Calderón pocos repararon en la presencia de seis canteranos verdiblancos en el once inicial. Serían ocho los que, una vez sonase el pitido final, habrían tenido minutos en aquel encuentro histórico. Un noveno levantaría el trofeo. El mítico gol de Dani fue la guinda de un pastel que no se ha vuelto a catar al final de la Palmera desde entonces, pero también supuso, en cierto modo, una reivindicación: la de los futbolistas de la casa.

Entre la infantería bética aquello no suponía sorpresa alguna, pues ya había visto cómo, poco a poco, los Juanito, Rivas, Joaquín, Fernando VarelaCapi y compañía se iban incorporando a la dinámica del primer equipo. A muchos les dio la alternativa Fernando Vázquez cuando el Betis intentaba escapar de la Segunda División; otros aprendieron y llegaron a Europa con Juande Ramos; la gran mayoría maduró a las órdenes de Víctor Fernández; y todos ellos tocaron el cielo bajo la batuta y la disciplina de Lorenzo Serra Ferrer.

Irónicamente, el Real Betis nunca había apostado por la cantera. Al menos, hasta entonces. El florecimiento de aquella generación se produjo de forma espontánea a ojos de los aficionados, pues el trabajo que se realizaba en la Avenida de Italia apenas trascendía pese a los buenos resultados obtenidos en categorías inferiores. Fue el técnico mallorquín quien, a su llegada en 2004, decidió dar un vuelco a aquella situación de la mano de un viejo conocido: Miguel Valenzuela. Seis meses antes, éste había dimitido como técnico de un Betis ‘B’ que terminaría descendiendo a Tercera con Joaquín Parra a los mandos.

«Trabajé conjuntamente con él (con Serra) en su primera etapa, hubo feeling y cuando se fue, de hecho, quiso llevarme al Barcelona. Pero yo era feliz en el Betis. En 2004, cuando vuelve, me llama y dice que está seguro de poder persuadir a Lopera para que invirtiera más dinero en la cantera. Me convenció porque sé que Lorenzo es una persona seria, coherente y que confiaba en la cantera», relata el propio Valenzuela, quien se puso manos a la obra no sólo para crear «un equipo de trabajo», sino para elaborar un documento que dejase patente «cómo se trabajaba el fútbol formativo en el Real Betis Balompié». Era el inicio de un proyecto y de un modelo de cantera.

Serra Ferrer observa a Joaquín | Foto: Odd Andersen/AFP/Getty Images)

Serra Ferrer observa a Joaquín | Foto: Odd Andersen/AFP/Getty Images)

Dos años tardaron Valenzuela y sus hombres de confianza -entre ellos, los hermanos Wanceulen, José y Antonio- en plasmar en una serie de esquemas, epígrafes y organigramas la estructura de los escalafones inferiores de la entidad verdiblanca. Justo el tiempo que tardó en decir adiós Lorenzo Serra Ferrer al equipo al que llevó a saborear las mieles del éxito. Tras él llegaron Javier Irureta, Luis Fernández, Héctor Cúper, Paco Chaparro, el efímero Josep María Nogués, Antonio Tapia y, de nuevo, Víctor Fernández. Aunque contaron con chicos de la casa en algún momento, sólo Pepe Mel tuvo cierta disposición -y algo más de tiempo- para interesarse en lo que acontecía en la Ciudad Deportiva Luis del Sol.

La etapa de Manuel Ruiz de Lopera destacó por un claro desinterés -a nivel deportivo- respecto a todo aquello que no afectase exclusivamente al equipo principal. De hecho, hasta el nombramiento de Miguel Valenzuela como coordinador de la cantera en 2004, todo lo referente a la gestión de este área del club lo administraba Antonio Quijano. Tal fue la dejadez del empresario de El Fontanal al respecto que su abogado, amigo y por entonces fiel consejero, Manuel Castaño, llegó a ejercer de mecenas de una cantera a la que sólo se acudía en casos de extrema necesidad.

Valenzuela, campeón de España con el División de Honor verdiblanco (1998 y 1999) y actual director del área de ginecología de dos hospitales privados de Sevilla, el Sagrado Corazón y el Infanta Luisa, destaca del señor Castaño que «es un gran bético, una persona muy comprometida con la cantera que le dedicó muchísimo tiempo y muchísimo esfuerzo, pero que no tenía ningún poder de decisión». Éste, de hecho, «puso dinero de su bolsillo para comprar balones y alguna que otra equipación con la que poder traer algún jugador infantil o cadete», pero su influencia era limitada. «En el Betis de Lopera quien decidía era Lopera», sentencia.

Con la salida de Manuel Ruiz de Lopera y Luis Oliver del club, el consejo de administración designado por José Antonio Bosch inició una reestructuración a todos los niveles. Vlada Stosic, nombrado director deportivo por Rafael Gordillo, anunció a Miguel Valenzuela que no se le renovaría el contrato. «Me dijo que no era una decisión deportiva», explica el otrora técnico del filial. Desde entonces, y debido a las numerosas tempestades que han azotado al Real Betis Balompié, la cantera y sus diferentes responsables han sido objeto de análisis, debate y, por supuesto, críticas.

Un problema estructural

La Avenida de Italia se ha convertido en un avispero -uno más- de tamañas dimensiones para el club de La Palmera. Los continuos vaivenes, las promesas vacías y las grandes puestas en escena han minado la credibilidad de la afición respecto a su verdadero rendimiento, tanto deportivo como económico. Un presupuesto cada vez mayor no ha servido para complacer a ese sector del beticismo que clama por una mejor gestión de los escalafones inferiores, desde los que se pide paciencia para que, a medio plazo, se puedan apreciar los frutos de su trabajo.

Pero el tiempo se ha convertido en un bien escaso en Heliópolis; se exigen resultados inmediatos tras una década de sinsabores, y eso, en cierto modo, ha pasado factura a los que han sido sus máximos responsables. Además de a Miguel Valenzuela, hemos podido entrevistar a sus sucesores, José Antonio Gordillo y Luis Fradua, para poder analizar en mayor profundidad por qué la del Real Betis es una cantera que, tal como asegura su actual director, Pedro Buenaventura, se encuentra «en clara desventaja» respecto a la mayoría de los clubes de Primera División.

De los cuatro, quien más tiempo ha ostentado el cargo ha sido Miguel Valenzuela. Tras dos años trabajando codo con codo con Serra Ferrer y elaborando un ‘manual de usuario’ sobre la metodología aplicada en el fútbol formativo verdiblanco, tuvo otros seis para desarrollar y poner en práctica sus propias teorías. Curiosamente, en su última temporada al mando, la 2010/2011, ocho chicos de la cantera debutaron con Pepe Mel y ocho de sus equipos fueron campeones en sus respectivas categorías. Su adiós tras 26 años ligado al club fue, cuando menos, controvertido.

Para este amante de la gestión -así se define-, aquel éxito no derivó, precisamente, de una fe ciega del club en la cantera. «No había medios. Teníamos hasta seis campos diferentes de entrenamiento: Bellavista, Castilleja, Ibarburu (Dos Hermanas), el Charco de la Pava, el campo del Perejil y la calle Arroyo. Además, no podíamos invertir, ya que Lopera entendía que los jugadores debían venir al Betis por el simple hecho de que el Betis era muy grande. Los canteranos que ganaron la Copa del Rey no fueron fruto de una inversión, sino de nuestro trabajo. Puede parecer una pedantería, pero no nos equivocábamos cuando decíamos que un futbolista era bueno», reivindica Valenzuela.

Miguel Valenzuela (2002) | Foto cedida por DIARIO DE SEVILLA

Miguel Valenzuela (2002) | Foto cedida por DIARIO DE SEVILLA

Le sucedió en el cargo José Antonio Gordillo, con quien el club empezaría a gestar lo que un año y pocos meses después se conocería como el ‘Proyecto Heliópolis’. Miembro de la secretaría técnica hasta el despido de Valenzuela, Gordillo volvería a un terreno que conocía bien, pues no sólo fue canterano sino también entrenador del ya extinto Betis ‘C’. «Tengo que reconocer que Miguel Valenzuela lo tuvo muy difícil. No tenía presupuesto ni argumentos. Era muy complicado trabajar en aquella época. Yo fui entrenador del Betis ‘C’ entonces y sé de lo que hablo», señala.

Con su nombramiento, un Real Betis Balompié acuciado por las deudas e inmerso en un concurso de acreedores buscaba ingresos extra a largo plazo, pero la imposibilidad de realizar grandes inversiones en futbolistas potencialmente exportables hizo que José Antonio Bosch fijase sus miras en la cantera. Si lo vemos desde una perspectiva empresarial, se trataba de una forma barata de sacar grandes réditos por los recursos propios del club. ‘Heliópolis’ nace de esa idea, y de ella derivaron, entre otras cosas, la nueva residencia -con capacidad para 28 jóvenes talentos- y la polémica reforma de la ciudad deportiva.

Sin embargo, José Antonio Gordillo lamenta que los malos resultados del Betis ‘B’ en la temporada 2012/2013, en la que el filial descendería a Tercera, precipitasen los acontecimientos. «Cuando no llegaban los resultados», explica, «surgían inmediatamente los problemas. Nunca se ha apostado de verdad por esto, ya que nadie ha tenido tampoco un tiempo considerable para poder sentar unos cimientos, unas bases, y crear un proyecto». «Ojalá Pedro (Buenaventura) tenga ese tiempo y que su trabajo dé los frutos que realmente se puede obtener de una cantera como la andaluza», desea.

Año y medio duró el mandato de Gordillo, quien, tras dimitir en enero de 2013, fue sucedido en el mes de marzo por Luis Fradua, cuya experiencia previa en clubes como el Athletic de Bilbao o el Espanyol convencieron a Bosch de que se podía dar continuidad a ‘Heliópolis’ y cumplir las enormes expectativas que desde el consejo de administración se habían creado. «La idea era que una buena cantera podía ayudar a un club como el Betis a gastar menos dinero en fichajes», esgrime el propio Fradua, profesor de fútbol en la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Granada. «Nos pidieron ascender con el Betis ‘B’ cuanto antes», añade.

Pero el granadino tuvo incluso menos tiempo para impulsar un proyecto serio. De hecho, su incorporación al club fue vista por numerosos periodistas como parte de un plan por parte de Anselmo Ruiz de Alarcón, miembro del Betis Lab y Licenciado en la Universidad de Granada, para rodearse de algunos amigos suyos. El primer señalado fue el técnico Óscar Cano, actual seleccionador sub-19 de Qatar; poco después llegarían Fradua y Alberto González, procedentes de la misma Universidad. A todos ellos se les denominó como el ‘clan del Zaidín, en referencia al conocido barrio nazarí. El propio Fradua achaca a los medios, en cierta medida, su precipitada salida del club.

«El club entró en un momento crítico y todo ello salpicó también a la cantera. Sólo llevaba ocho meses de trabajo cuando Bosh sale del club y quedé en manos de otros directivos que también sufrieron la presión mediática», esgrime. «Es cuando se habló de que la cantera necesitaba más sangre bética. Lo dijo el presidente Miguel Guillén. Es de las peores cosas que me han pasado en fútbol», lamenta, «que tu propio presidente, el que firmó mi contratación, te lance a los pies de los caballos porque no tenía otro argumento que ofrecer al aficionado cabreado».

«Cuando llegué al club», explica Fradua -natural de Vizcaya, por cierto-, «lo primero que hice fue respetar a los entrenadores de la casa». «Realmente, en cantera el 95% de los técnicos eran béticos», asegura. La contratación de Pedro Buenaventura a mediados de 2014, con Manuel Domínguez Platas ya como presidente, supuso el fin de la supuesta ‘ocupación’ nazarí en la Avenida de Italia, además de la muerte del ‘Proyecto Heliópolis’ cuando no se habían cumplido ni dos años de su puesta en marcha, víctima de los continuos movimientos, vaivenes y cambios de criterio en la planta noble del Benito Villamarín.

Con lo que se encontraron todos ellos, desde luego, fue con un severo problema de espacio. Como comentaba anteriormente el señor Valenzuela, la ciudad deportiva no da más de sí. «No podíamos abarcar tanto», explica Gordillo cuando le preguntamos sobre la necesidad o no de crear un Betis ‘C’ y un Juvenil ‘C’. «Aspectos como una ampliación de la ciudad deportiva son importantes», añade Luis Fradua. La reforma del recinto impulsada por José Antonio Bosch se ‘comió’ 5.000 metros cuadrados de césped natural, según han denunciado en los últimos años los mayores detractores de los consejos judiciales.

IMG_5335

La endogamia como eje de la identidad perdida

La inestabilidad y el caos reinantes al final de la Palmera han pasado una enorme factura al desarrollo de la cantera verdiblanca. No es ningún secreto. Muchos de los directivos que han pasado por el Real Betis Balompié en los últimos años han sido incapaces de aguantar la presión, y eso les ha llevado a tomar decisiones precipitadas, carentes de reflexión, tanto en el primer equipo como en los escalafones inferiores. Una de las principales consignas parecía ser la de salvar ‘Heliópolis’ a cualquier precio, pues parecía haber ilusionado al aficionado medio con promesas tales como que el primer plantel estaría compuesto de un 70% de canteranos en un plazo relativamente corto de tiempo.

Luis Fradua, que recogió el testigo de ‘Heliópolis’ tras la dimisión de José Antonio Gordillo, estima que «es muy bonito decir que nuestros chavales juegan en el primer equipo, crea un sentimiento de identidad que todo club necesita» y, según la propuesta que le hicieron, el proyecto que había puesto en marcha la entidad «cumplía todos los requisitos para crecer en esa idea». Pero no sería fácil conseguirlo. «Hablábamos de un mínimo de cuatro años» para que se empezasen a ver los primeros frutos, explica Gordillo, predecesor de Fradua en el cargo, pero «para tener un número de canteranos considerable en la primera plantilla entendíamos que aún tendrían que pasar ocho o diez años». Entre ambos coordinadores apenas sumaron dos años y medio.

La perspectiva de un Betis más andaluz, hecho a sí mismo -por decirlo de alguna forma-, sedujo a muchos hinchas que demandaban no sólo pasión, empuje e intensidad a sus jugadores, sino también corazón. Era también una manera de construir la nueva identidad de un club que se dejó la suya en alguna parte, en el que los legados duraban lo que tardaba un nuevo presidente en tomar el cargo. «La cifra exacta puede confundir al aficionado», indica Luis Fradua, quien, tras lo vivido en Sevilla, afirma que «éste es uno de los datos que hubiera cambiado del proyecto». «El Athletic se plantea subir cada año un jugador de cantera al primer equipo y eso cumple el proceso; era más fácil decirlo de este modo», explica el vasco.

Son muy pocos los equipos que practican con éxito la endogamia en el fútbol, por eso el Athletic Club de Bilbao es todo un referente, «un espejo para todos», como dice José Antonio Gordillo, quien creía y cree «a pies juntillas» en aquel objetivo. Eso sí, «para alcanzar ese concepto hace falta mucho tiempo y creer de verdad en ello». «Se dio un porcentaje, pero daba lo mismo si al final se alcanzaba el 50 o el 60% en vez del 70. Lo que teníamos que intentar era tener el mayor número de canteranos posible», afirma el ex de Sabadell y Nástic de Tarragona, entre otros.

En este sentido, Gordillo focaliza la atención en lo que él considera «un radio de acción interesante» de captación de jugadores entre Sevilla, Cádiz, Huelva y, en menor medida, Málaga, donde hay «niños de mucho talento». «Al final, esto consiste en ser el primero en fichar al chico bueno de Jerez o de Huelva», aprovechando también que equipos como el Recreativo atraviesan una situación «muy complicada». «Posiblemente, sea más atractivo para los chicos de Cartaya o Lepe jugar en el Betis» que en el Decano, apunta José Antonio Gordillo. Como ejemplo, cita a grandes figuras verdiblancas que procedían de la zona del Campo de Gibraltar y demás puntos de Cádiz como Joaquín, Juan Merino, Juanito o los Cañas.

Pero Luis Fradua, su sucesor, y Miguel Valenzuela, su predecesor, no tienen tan clara la vía andaluza como único recurso del Real Betis Balompié en el futuro. El primero estima que «el entorno no ayuda» a cumplir objetivos de tal envergadura, y que «dependerá del nuevo dueño del club y su filosofía» llevarlo a cabo, siempre y cuando «crea en la cantera de verdad». El segundo, sin embargo, tiene claro que el Betis «ni tiene capacidad para ello ni debe planteárselo», para empezar, por la mera «existencia del Sevilla». «La competencia es terrible, nos llevan quince años de ventaja», lamenta Valenzuela, quien siempre ha creído en la «compenetración entre gente de fuera que marque la diferencia y futbolistas de la casa que complementen a esas grandes figuras», como ya ocurriese en el pasado.

En la actualidad, aunque el grueso de los chicos de la cantera son naturales de Andalucía, Eduardo Macià primero y Miguel Torrecilla después apostaron por reforzar la captación de futbolistas pre-élite desde la propia dirección deportiva. Juanjo Cañas y Pedro Morilla, que ahora trabaja en el Granada, fueron los primeros responsables de este área que ahora lidera Jaime Quesada. Como resultado de este apoyo de la secretaría técnica han llegado futbolistas moldavos (Dan Ojog), ucranianos (Beka), colombianos (Juanjo Narváez) y hasta eslovenos (Luka Gucek) a la Avenida de Italia, por lo que parece que el Betis seguirá sin ser «el club de Andalucía» con el que alguna vez soñó José Antonio Bosch.

Foto: Cristina Quicler/AFP/Getty Images

Foto: Cristina Quicler/AFP/Getty Images

Mucho ha progresado el Real Betis en lo que a su política de captación se refiere. Aunque ciertos sectores del beticismo aseguran que el club sigue sin apostar por la cantera, se dedican bastantes más medios a la búsqueda de jóvenes talentos. Miguel Valenzuela recuerda que, con Manuel Ruiz de Lopera al mando, «el 90% del trabajo de captación lo hacíamos los propios entrenadores». Destaca, en este sentido, la labor de los hermanos Wanceulen. «Cuando había una preconvocatoria de la selección cordobesa en Pozoblanco un 20 de diciembre, allí estaban ellos», recuerda. «A esas preconvocatorias no iba nadie, sólo los padres, pero si hubiera sido un amistoso hubieran estado el Villarreal, el Sevilla, el Barcelona… Había que llegar antes que cualquier club que pudiera poner unas condiciones mejores que nosotros encima de la mesa», afirma.

Evidentemente, la falta de recursos económicos hacía muy difícil competir con otros equipos en este aspecto, por lo que Valenzuela y sus hombres de confianza debían recurrir a sus «muchos conocidos» en el mundillo. Para más inri, «hicimos miles de kilómetros, pero los desplazamientos los pagábamos de nuestro bolsillo». Una vez se convencía al jugador y, por supuesto, a sus padres o tutores legales, había que proporcionarles ciertas comodidades para que pudieran ir a entrenar; especialmente si residían fuera de la provincia de Sevilla. «Si el futbolista era de fuera, se le pagaban los gastos de la gasolina al padre, y ese padre tenía que recoger a otros cuatro o cinco chicos de camino tres días a la semana. Otra fórmula era hablar con taxistas con coches de siete plazas para hacer esas rutas. Sergio León, por ejemplo, estuvo viniendo así desde Palma del Río (Córdoba). Era un esfuerzo titánico por parte de todo el mundo», recuerda Miguel Valenzuela.

Por eso, muchas personas, como Luis Fradua, consideran la residencia el «buque insignia de un proyecto serio que nos permitió convencer a más de un jugador para venir al Betis y no a otros clubes». A día de hoy, el Real Betis Balompié cuenta con hasta 35 ojeadores externos en diferentes puntos del país -aunque Andalucía sigue siendo la principal fuente de la que bebe la cantera bética- para observar de cerca a los futuros profesionales de este deporte.

El debate del modelo de juego

Hubo un tiempo en el que Pepe Mel se convirtió en el pilar central del Real Betis Balompié, una figura inamovible, incondicional, sobre cuyos hombros fueron depositadas las esperanzas de futuro del club. El madrileño puede presumir de haber sobrevivido a una racha de nueve derrotas y un empate en diez partidos, algo nada habitual en la Palmera. Tras ser respaldado por Miguel Guillén, la plantilla remontó el vuelo y, año y medio después, llevaría al Betis a Europa tras ocho años de ausencia. Para el beticismo, Mel era más que un simple entrenador.

Tanto fue así que el ‘Heliópolis’ reservaba para él un papel especial: la imposición de un modelo de juego único desde el primer equipo hasta los infantiles, imitando así la filosofía del F.C. Barcelona en La Masía. Sin duda, el proyecto impulsado por Miguel Guillén y José Antonio Bosch parecía nutrirse de los ejemplos de las dos mejores ‘fábricas’ de futbolistas de nuestro país, y Pepe Mel prometía ser el eje vertebrador en lo que a la forma de jugar respecta. No en vano, fue harto alabado por el fútbol combinativo desplegado por sus pupilos desde que tomó las riendas del equipo, llegando a vencer por 3-1 al Barcelona de Pep Guardiola, entre otros.

«Crear un estilo propio en los escalafones del Betis fue uno de nuestros objetivos, no sólo del modelo de juego sino de los hábitos de entrenamiento, metodología de preparación, etcétera», recuerda Luis Fradua, quien no aboga, sin embargo, por que «el modelo de juego sea el que considere el primer entrenador, ya que en el primer equipo hay pocas opciones de mantenerte más de dos o tres años» en el fútbol actual. José Antonio Gordillo, de hecho, afirma que «se hizo el modelo». Éste estaba «basado en el juego combinativo y el jugador habilidoso, con talento, sevillano, ese que tanto gusta a la afición», aunque no existía un esquema concreto como en el Barcelona, donde el 4-3-3 es innegociable.

«El sistema era variable aunque recuerdo que teníamos directrices concretas, como que no podíamos poner a un central de mediocentro», explica Gordillo. El extécnico de la U.D. Morón expone con el siguiente ejemplo por qué el modelo de juego puede determinar el éxito de un club: «Cuando el Barcelona elige a Guardiola es por algo; cuando se va Guardiola y no busca fuera, sino que elige a Tito Vilanova, es porque conoce el modelo. Pero cuando trae al ‘Tata’ Martino, se equivoca; no conoce lo que es el Barça, y es por eso que retoman la senda de la victoria con Luis Enrique. Por lo general, el equipo que tiene un modelo de juego desde el primer equipo hasta la base funciona».

Tanto el vizcaíno como el aruncintano coinciden en que sin tiempo es imposible llevar a buen puerto semejante tarea. Ninguno de ellos lo tuvo y el club desechó la opción de dar continuidad a la idea toda vez Pedro Buenaventura se hizo con el puesto de coordinador. Precisamente, Buenaventura entrenó al Betis ‘B’ siendo Miguel Valenzuela quien ostentaba dicho cargo. Ambos comparten la premisa de que la imposición de un modelo de juego en los escalafones inferiores puede ser perjudicial a largo plazo, especialmente para los propios futbolistas.

Foto: Cristina Quicler/AFP/GettyImages

Foto: Cristina Quicler/AFP/GettyImages

«Yo hablé con Serra Ferrer, que venía del Barcelona, de este tema. Le hice ver que era contraproducente. ¿Hay algún docente que le diga a sus alumnos que sólo hay que estudiar matemáticas? ¿Por qué no se puede jugar un 3-5-2, un 4-4-1-1, etc.? ¿No será más conveniente que todos los futbolistas de la cantera del Betis sepan cuáles son sus funciones jugando en cualquier esquema, ya sea presionando arriba o manteniendo posesiones largas de balón? ¿No es mejor conocer muchos conceptos futbolísticos que un solo concepto?», se pregunta Valenzuela, quien añade que «en los escalafones inferiores del Barcelona ha habido jugadores que han salido y no han triunfado porque sólo conocían un concepto».

Hoy en día, tal como confirmó el señor Buenaventura a este medio en una reciente entrevista, los técnicos de la cantera verdiblanca tienen cierta libertad de cátedra a la hora de escoger el sistema con el que quieren competir. Eso sí, con una única premisa: jugar bien al fútbol, evitando regalar la posesión al contrario o desplegar un fútbol meramente defensivo.

Resultados o promoción, ésa es la cuestión

La alargada sombra del Sevilla F.C. ha hecho mella en los escalafones inferiores del Real Betis Balompié. Por poner un ejemplo, la última victoria del División de Honor Juvenil en la categoría data de 2011, justo antes de que Miguel Valenzuela hiciese las maletas. En los enfrentamientos directos con el eterno rival, pocos son los derbis que se lleva el cuadro de la Palmera cada temporada. Especialmente dolorosa es la superioridad del Sevilla ‘C’ frente al Betis ‘B’ en Tercera División: tres victorias de tres hasta la fecha. Si hablamos de la enorme progresión del Sevilla Atlético, el tema escuece aún más.

Como en casi todo lo relativo a la entidad heliopolitana, son numerosas las corrientes de opinión en torno a la cantera; casi todas críticas. Una muy extendida es la de que a los chicos de los escalafones inferiores les falta sangre y mordiente, pues no se les inculca competitividad alguna durante su formación. Pero son también muchos los profesionales del sector los que defienden que, hasta cierta edad, no se debe empezar a fomentar una mentalidad ganadora en los chavales, siendo otros valores relacionados con la formación personal los que prevalezcan.

A la izquierda, José Antonio Gordillo | Foto cedida por DIARIO DE SEVILLA

A la izquierda, José Antonio Gordillo | Foto cedida por DIARIO DE SEVILLA

Luis Fradua, por ejemplo, señala que «la competitividad que existe hoy en día en categorías inferiores es una barbaridad» y, a su juicio, «no deberían importar tanto los títulos hasta el Cadete autonómico, edad en la que se debe aprender a competir». «Primero necesitan aprender los recursos técnicos y tácticos, que plasmaremos en competición más tarde, pero sin prisa», explica el vizcaíno, y añade que «la calidad real de los jugadores se observa más tarde, cuando vemos que los procesos de aprendizaje y maduración siguen su curso», pues «cada vez hay más estudios sobre jugadores que apuntaban muy alto y no han llegado» a la élite.

Pero la exigencia del aficionado verdiblanco no entiende ya de paciencia ni de formación progresiva tras tantas temporadas a rebufo no sólo del máximo rival, sino también del Málaga C.F., en estas categorías. «Nunca nos planteamos superar al Sevilla porque, realmente, es imposible», admite José Antonio Gordillo. «Nos llevan mucha ventaja, muchos años de diferencia, han trabajado en la misma línea durante mucho tiempo y han obtenido resultados», señala el otrora director de la cantera, cuyas prioridades eran otras cuando tomó posesión del cargo. «Contratamos nuevos entrenadores, segundos entrenadores -que no los había-, etcétera. Además, debíamos ir cambiando a los técnicos de categorías para concluir cuáles eran válidos y cuáles no en determinadas etapas, por no hablar de construir una residencia, obtener recursos para los desplazamientos, crear una base de datos con informes de los jugadores, firmar convenios con clubes de la provincia… Todo eso lleva tiempo», asegura.

Antes que él, Miguel Valenzuela sí dio cierta importancia a esa mentalidad derrotista -llamémosla así- que imperaba en la cantera verdiblanca, e intentó darle la vuelta a la tortilla cuando formaba parte del organigrama de la misma a finales de los años 90. «Hubo un tiempo en el que nuestros equipos, pese a tener jugadores de muchísimo talento, perdían porque faltaba competitividad. Estuve dos años trabajando en ello y fuimos dos años seguidos campeones de España. Eso no es una casualidad», esgrime. Pero Valenzuela vuelve a hacer hincapié en la falta de recursos que, por entonces, había en la Avenida de Italia. «Por lógica, si cuando no había medios sacábamos grandes futbolistas, ahora tendrían que salir muchos más», concluye.

image

Pero, ¿son los títulos o el mayor número de victorias sobre el eterno rival lo que debe primar en categorías inferiores? «Que el División de Honor quede tercero, por ejemplo, me da igual; me importa que, de ese equipo, suban seis o siete al Betis ‘B’ la temporada siguiente», dice José Antonio Gordillo. «Eso es el éxito para mí. De nada sirve que quede primero, juegue la Copa del Rey o la Copa de Campeones si al final sólo promociona uno. Lo mismo con el Cadete, el Alevín o el Infantil. Evidentemente, tienes que crear jugadores competitivos, pero yo lo entiendo así», señala.

Por supuesto, hay quienes comparten esta visión sobre qué debe primar en una cantera. En este caso, la promoción sistemática de futbolistas es vista como el fin último del trabajo que se lleva a cabo en la Ciudad Deportiva Luis del Sol. Casi siempre, las mayores ‘oleadas’ de canteranos en el primer equipo se han dado cuando el Real Betis deambulaba por Segunda División. Hablábamos al principio de este reportaje de cómo la generación de campeones de 2005 empezó a asomar la cabeza en la 2000/2001, pero cabe recordar que, hasta la llegada de Pepe Mel, estos fueron abandonando el club sin tener apenas oportunidades.

Del madrileño siempre se alabó su plena confianza en los chicos de la cantera, muchos de los cuales participaron activamente en la clasificación para la Europa League antes de dejar el club por la puerta de atrás. El actual director de la cantera, Pedro Buenaventura, comentaba en la entrevista que le realizamos que, en los últimos años, ha habido «muchos debuts ficticios», cuando el verdadero objetivo debe ser que los chicos se incrusten o formen parte de la primera plantilla como Fabián, Dani Ceballos o Rafa Navarro en la actualidad.

Por supuesto, no es lo mismo eso que, en un momento dado, un chaval tenga minutos en un encuentro, como fue el caso de Pepelu en Gerland, ante el Olympique de Lyon. Su aportación fue testimonial, como la de muchos otros en los últimos quince o dieciséis años. Ir caso por caso sería, lógicamente, harto tedioso. Al final, que los jugadores de la cantera lleguen o no al primer equipo depende de las circunstancias -Rafa Navarro, sin ir más lejos, fue inscrito tras no encontrar la secretaría técnica un lateral derecho en el mercado estival-, de la suerte -una lesión o una expulsión que abra las puertas al canterano, como en los casos de Toni Doblas y Adrián San Miguel-, de la confianza que tenga el técnico del primer equipo en los que vienen por detrás y, por supuesto, de la filosofía del club.

Luis Fradua, a la derecha, el día de su presentación | Foto cedida por DIARIO DE SEVILLA

Luis Fradua, a la derecha, el día de su presentación | Foto cedida por DIARIO DE SEVILLA

Éxito en cantera

Con un presupuesto cada vez mayor dedicado a la cantera –cercano a los cuatro millones de euros-, parece inexplicable que el Real Betis Balompié se haya estancado no sólo en cuanto a resultados, sino en lo que a promoción de futbolistas al primer equipo se refiere. No obstante, son muchas las variables que hay que tener en cuenta a la hora de valorar el porqué de semejante fracaso.

En primer lugar, no existe una continuidad en el proceso. Al contrario que otros clubes como Athletic, Espanyol, Barcelona, Villarreal o Sevilla, el Betis modifica sus planes y su filosofía constantemente. La administración judicial de la entidad dejó poco margen de maniobra a sus dirigentes en ciertas materias, pero sí pudieron haber consensuado un modus operandi que se perpetuase en el tiempo. Por poner un ejemplo, si el nuevo presidente del Athletic de Bilbao apuesta por terminar con la filosofía centenaria del equipo, puede ser destituido a la fuerza. Con cada nuevo presidente, el Real Betis adopta una nueva idiosincrasia… y a empezar de cero.

Por otra parte, sin tiempo -o paciencia, como la que tuvo el Sevilla, sin ir más lejos- es imposible que exista dicha continuidad. Los descensos del Betis ‘B’ a Tercera División han marcado la agenda de la cantera en los últimos tiempos, como si otros clubes de Primera División -el Deportivo de La Coruña, el Sporting de Gijón, el Málaga o el mismísimo Atlético de Madrid- no tuviesen el mismo ‘problema’. Podría ser que la categoría en la que compiten los chicos no sea siempre el mayor escollo. Ejemplos como el de Dani Ceballos, que ni pasó por el filial, o el reciente debut de José Carlos dan buena cuenta de ello.

Y, por supuesto, sin consenso y sin fe en una idea, por mucho tiempo que tarde en llevarse a cabo, los cambios de criterio seguirán siendo una constante en la Avenida de Italia. «El éxito llega cuando presidente, entrenador del primer equipo, entrenador del segundo equipo, director deportivo y director de cantera van de la mano. Si hay problemas o rencillas entre ellos, si no existe la comunicación… es mucho más complicado», asegura José Antonio Gordillo. Una idea similar a la de Luis Fradua, que resume estos aspectos en que haya «una conciencia de club» respecto a la importancia de la cantera.

«Canteras exitosas son las que consiguen que sus jugadores jueguen en su primer equipo a un alto nivel o que obtengan rendimiento por la venta de jugadores. El balance no siempre es positivo», advierte el vasco, quien admite que «el Athletic es un buen ejemplo pero no es un referente para el Betis», un club que «puede aprovechar una fórmula mixta, que puede ser más efectiva» en el actual contexto futbolístico español.

Entretanto, el beticismo sigue esperando que la cantera, su salvavidas por antonomasia, alcance la regularidad y el rendimiento acordes al enorme potencial del que todos hablan pero que, de un tiempo a esta parte, nadie ha sabido -o no ha tenido tiempo de- explotar. Mientras no haya nuevos movimientos en la planta noble del Benito Villamarín, de Ángel Haro, Miguel Torrecilla y Pedro Buenaventura depende que se ponga fin a esa eterna búsqueda.

Escrito por

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Responsable de la dirección periodística y las redes sociales de Beticismo.net. Redactor en Medina Media Andalucía. Autor del libro 'La década perdida'.

  • cavalleto

    Magnífico reportaje que deja a la vista las vergüenzas de una cantera que tiene más fama que resultados.