Para nada pechofrío

Uno de los asteriscos que Rubén Pardo ha arrastrado durante toda su carrera ha sido el de ser un jugador algo özilesco. Un mediocampista talentoso pero falto de carácter. Desequilibrante pero desapasionado. Uno de esos a los que les cuesta meter la pierna, disputar un balón aéreo o agarrar una camiseta. Estetas sin malicia ni sacrificio. En Sudamérica utilizan el término pechofrío para referirse a futbolistas como Pardo. Sin embargo, desde que debutase con la camiseta del Real Betis hace un mes exacto, el riojano parece empeñado en desmentir esa fama de pincel que le acompaña.

Sorprendió Sánchez del Amo incluyéndole entre los once de partida ante el Barcelona, cuando apenas llevaba seis días en el equipo. Y sorprendió más si cabe su posición, la de mediocentro, la del hombre retrasado, y en tanto, la que implicaba mayor responsabilidad. Parecía la demarcación más alejada de las características Pardo, pero el desarrollo del encuentro le dio la razón a Víctor y a su estrafalario centro del campo. Con Petros a un lado y Ceballos al otro, Pardo cuajó una actuación soberbia en el día de su estreno con la casaca verdiblanca. Y sumando en todas las facetas del juego: una antesala a lo que iba a ser su primer mes en Heliópolis. Tras cinco partidos disputados, todos en la posición narrada, se puede decir sin recular que la cesión de Rubén Pardo ha sido un éxito.

El futbolista está demostrando por qué en Guipúzcoa hay una opinión unánime acerca de su talento. No es que sea el compañero que necesitaba Ceballos para rasear el balón, es que las intervenciones de Pardo están mejorando cada jugada. E interviene en multitud de situaciones. Se ocupa de recoger el primer pase, lanza al teñido de Utrera y activa a los dos laterales buscándolos tanto en vertical -con pases profundos a la línea de fondo- como en horizontal -con cambios de orientación que giran al rival-. Su precisión en los envíos largos, de hecho, es insólita en el Villamarín de los últimos años. Pero quizás lo que más está impresionando del futbolista formado en Zubieta es su trabajo sin la pelota.

Si bien Pardo ha sido a menudo acusado de indolente, desde que llegase al Betis ha exhibido unas aptitudes defensivas como mínimo notables. Por contagio de quienes le acompañan (Ceballos & Petros) y sobre todo por la insistencia de su entrenador, el Pardo que ha conocido Heliópolis es un jugador agresivo. Como su equipo. De alguna manera Víctor ha impregnado al individuo de la característica que define al grupo. De hecho, nunca en su carrera Pardo había metido el pie con tanta frecuencia como lo está haciendo de verdiblanco. Hace hasta 4 entradas por partido, una cifra altísima para un centrocampista de su fisiología. Además, cabe mencionar que está desarrollando cierta intuición para anticipar y robar: el flaquito promedia 10 recuperaciones exactas por actuación, habiendo acumulado 50 en sus primeros cinco encuentros como bético. Muchas de esas recuperaciones son en posiciones muy altas, coincidiendo con las fases más vehementes de este Betis tan vinculado a la presión.

En conclusión: Pardo no sólo ha resultado ser la pieza que el Betis necesitaba para mejorar su circulación. Víctor también ha encontrado en el riojano a un futbolista que entiende lo agresivo y lo fogoso de su sistema. Y, dicho sea de paso, para nada pechofrío. En Málaga lo volvió a demostrar. Su único naufragio, Granada, donde ningún bético jugó bien al fútbol.

Temporada

2011/12 2012/13 2013/14 2014/15 2015/16

2017 (Betis)

Entradas por partido

1 1’2 1’7 1’9 1’3

4

Escrito por

Analista de fútbol

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