El talento no espera a nadie

Es duro imaginarse un Real Betis Balompié sin Dani Ceballos. Al menos, para un bético. Sería demasiado triste; más de lo que ya es. El utrerano ha alcanzado a base de esfuerzo y una buena dosis de talento el estatus del que disfrutan pilares clave del vestuario como JoaquínRubén CastroAntonio Adán. Hay, incluso, quien lo sitúa por encima. El internacional sub-21 es el epicentro del -pírrico- juego verdiblanco, es su alegría, pero el Benito Villamarín no podrá disfrutar de ella para siempre. Puede que no mucho más.

El talento no espera a nadie, y Ceballos no es la excepción. Él mismo así lo deslizaba en una entrevista concedida a El Transistor de Onda Cero tras el partido. Sabe de su potencial, de la proyección que puede tener en el siempre atractivo mundo del fútbol profesional. «Soy un jugador joven, tengo bastantes aspiraciones y lucho por escuchar algún día el himno de la Champions, bien sea aquí o en otro lado», señaló el centrocampista andaluz, para quien «toda la vida» en el Betis -este Betis- suena a mucho, mucho tiempo.

Desde la marcha de Gustavo Poyet, Ceballos ha ‘explotado’, se ha liberado de las cadenas de la inmadurez juvenil y ha mostrado su verdadera cara; la que muchos intuían viéndole jugar en Segunda División, tanto a las órdenes de Julio Velázquez como de Juan MerinoPepe Mel. Es un futbolista ambicioso, y no puede permitirse el lujo de esperar a que el Betis esté a la altura de sus expectativas y ambiciones. «Veremos qué equipo hace el Betis», indicó sincero, plenamente consciente de la mediocridad que le rodea. ¿Quién puede culparle de ello?

Preocupa al beticismo que Ángel HaroMiguel Torrecilla no se hayan puesto, «a día de hoy», en contacto con el primer jugador de la historia del club en alcanzar los cien partidos profesionales con sólo 20 años. El más joven en hacerlo. ¿Quién sabe? Cabe la posibilidad de que la planificación de la próxima temporada –condicionada por los finiquitos, según señala el diario As– precise de ingresos extra, y el utrerano es de los pocos futbolistas de la plantilla cuya venta puede inyectar el suficiente cash –quince millones es su cláusula de rescisión– en las arcas para hacer borrón y cuenta nueva. Una verdadera ganga.

«El mercado se abre en mes y medio y estoy bastante tranquilo», aseguró Ceballos, a quien, si nada se tuerce, le espera un brillante futuro. Todos los expertos coinciden en ello, pero también en que difícilmente podrá brotar todo el fútbol que lleva dentro cuando a su alrededor sólo hay pasto quemado. Sería egoísta pedirle a un jugador de su categoría que permanezca allí donde su talento sólo serviría para achicar agua temporada tras temporada. Haría falta mucho más que sus pases y su ‘magia’ para que el Betis aspire a algo más que a salvar los muebles año sí y año también.

«Los jugadores con talento y proyección se ponen metas que, a la larga, se van consiguiendo», declaró sin medias tintas, sin evasiva alguna, el chico al que Julen Lopetegui no pierde de vista. No es para menos. En los últimos tiempos Ceballos ha ejercido de líder sin brazalete, cambiando el sino de los partidos con sus pies, diciendo a cámara lo que el bético quiere escuchar y lo que las altas esferas del club, probablemente, no tanto. Se ha convertido en la extensión del beticismo, tanto dentro como fuera del verde.

Su marcha es inevitable y, cuando llegue el momento, no habrá rencor. No debe haberlo. No hacia él. Porque de existir rencor alguno, seguramente vaya dirigido a quienes dejaron escapar demasiado pronto -y demasiado barato- al chico que, de la noche a la mañana, adelantó a todo un club por la derecha. Los mismos que no supieron cumplir sus expectativas y, por supuesto, las de la grada.

Escrito por

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Responsable de la dirección periodística y las redes sociales de Beticismo.net. Redactor en Medina Media Andalucía. Autor del libro 'La década perdida'.