Análisis global del Real Betis 2016/17 (III): Cuerpo técnico

Llegamos al tercero de los cuatro artículos que componen el análisis global del Real Betis Balompié, en la ya finalizada temporada 2016/17. Toca hablar de los entrenadores, esos profesionales del fútbol que tan mal sino tienen en Heliópolis. Desde aquel ‘Eurobetis’ de Pepe Mel, una excepción dentro de la trituradora de técnicos que es el club verdiblanco, los entrenadores que han aterrizado en La Palmera han salido sin pena ni gloria. Tres fueron los hombres que dirigieron, unos más y otros menos, a las trece barras en la ya extinta campaña. El resultado, salvando al último por lo breve que fue su etapa, no pudo ser más decepcionante. Ellos fueron una de las máximas expresiones de las palabras sin hechos.

GUSTAVO POYET: DE ILUSIONANTE A ‘NON GRATO’

Antes incluso de empezar la temporada 2016/17 Gustavo Poyet, aquel uruguayo que jugó en España en la época de los 90, ya sabía que esa sería la campaña de su debut en la elite del futbol español como entrenador. No sería en el Zaragoza, equipo en el que jugó como futbolista, sino en el Real Betis Balompié, una plaza exigente y ansiosa de un éxito que se viene resistiendo desde hace tiempo. Lo cierto es que, a su llegada, le esperaba un clima bastante favorable, en comparación con otros entrenadores que aterrizaron en el pasado. Los recibimientos hostiles que se encontraron los Velázquez, Garrido y compañía nada tenían que ver con la ilusión que desprendía el nuevo Betis que se prometía desde la planta noble, tras haber conquistado la décima plaza en su regreso a Primera.

Gustavo Poyet y Miguel Torrecilla eran las novedades en el plano deportivo, encaminadas a liderar un proyecto que mejorase lo ya conseguido, pero que han acabado siendo tan desastrosas como efímeras en el tiempo. De hecho, ninguno de los dos forma parte del club, aunque en el caso del técnico charrúa su etapa fue aún más corta que la del salmantino. En su presentación como nuevo entrenador del Real Betis, Poyet era claro en la transmisión de su hoja de ruta, algo que gustó a medios y aficionados, pero que a la postre acabó siendo mucha palabra y poco hecho, ninguna novedad viendo el resto de elementos del club:

“Cuando Miguel Torrecilla me llamó y se dio la oportunidad de trabajar con él y entrenar a este increíble Club, la decisión fue muy sencilla”

 

“A todos nos gusta pedir, pero lo que tenemos que hacer es darle mucho a la gente y demostrar con hechos”

 

“Quiero un equipo que respete mucho el balón y dé control a los partidos pero que tenga un carácter especial en el campo. Ese carácter viene de la mano del entrenador”

 

“Ha quedado claro en anteriores comparecencias lo del tirón de orejas si no terminamos entre los 10 primeros. Tenemos que empezar a pensar en mirar hacia arriba y llegar lo más alto posible, tener una identidad y un equipo al que se le puedan ir añadiendo cosas para ir mejorando”

 

“La afición del Betis es una de las partes más bonitas e importantes por la que quería aceptar este puesto de trabajo. Siempre estuve del otro lado, ahora me da mucho placer estar de éste”

 

“Si empezamos a hablar jugador por jugador no acabamos. Son circunstancias que por alguna razón se dan en el fútbol. Afortunadamente, Rubén estuvo fantástico este año y nos dio la posibilidad de estar un año más en Primera División”

Ambición, pasión, trabajo y responsabilidad podrían ser los elementos que rebosaban en el discurso inicial de Gustavo Poyet, algo que enganchó al Beticismo. En verano, con los correspondientes fichajes y salidas, el equipo afrontó una pretemporada que fue, sin duda, de más a menos, derivando en un mar de dudas tras la actuación del equipo en el Trofeo Colombino. De los doce encuentros que disputó en verano tan solo perdió en dos -Montpellier y Córdoba-, empatando tres -Leipzig, Recreativo y Everton- y ganando los restantes -El Palo, ‘Balona’, Middlesbrough, Werder Bremen, Sporting Lisboa y Qatar-. Del periodo estival se presumía un Betis intenso, con presión al contrario y buscando los extremos, siendo Joaquín y Ceballos los jugadores de mejor rendimiento. Otros, como Jonas Martin y Álex Alegría, también destacaban, al igual que Charly Musonda. En el caso del delantero extremeño su buen hacer en pretemporada convenció al propio Poyet, que paralizó su marcha al Zaragoza.

Fue en Liga, lo que al fin y al cabo importa, donde el nuevo Betis naufragó estrepitosamente. Desde su inicio, Gustavo Poyet demostró que, salvo chispazos intermitentes, su equipo estaba lejos de ser competitivo, ni siquiera Top 10 de la categoría. El hasta cierto punto comprensible 2-6 en el Camp Nou de la primera jornada dio paso a diez encuentros más para olvidar, salvo las buenas actuaciones del equipo en Mestalla y Sánchez Pizjuán. Este último, ante el Sevilla, sería uno de los mayores méritos del uruguayo, que estuvo tan cerca como su relevo en el banquillo de lograr por fin una victoria en el derbi sevillano. En la jornada 11, tras perder 2-0 ante el Villarreal, el Real Betis decidió destituirle por sus malos resultados. Decimocuarto, con once puntos de 33 posibles: tres victorias, dos empates y seis derrotas.

DANI CEBALLOS Y RUBÉN CASTRO, LOS DESCARTES DE ORO

Rubén Castro y, especialmente, Dani Ceballos, no tuvieron ‘chance’

Gustavo Poyet tendrá el dudoso honor de ser el único entrenador que decidió, ‘motu proprio’, no contar con Dani Ceballos en su equipo. Tras una gran pretemporada y el presumible aumento de galones de cara al campeonato, el utrerano acabó relegado al ostracismo ya desde el primer encuentro. El “físicamente descompensado” entrenaba resignado mientras el equipo viajaba, jugaba y, casi siempre, perdía, en un Betis en continua e inevitable descomposición. Una decisión sangrante, que privó a los verdiblancos de contar con brújula en el campo, y que hacía que el equipo rozase la vergüenza en la mayoría de ocasiones. El tiempo acabó dándole la razón a Ceballos, de quien se descubrió que contaba con un entrenador personal para sumar entreno extra al que hacía con el equipo. El ’10’, tras la marcha de Gustavo Poyet, acabó retratando a un técnico que solo supo restar en Heliópolis.

Menos flagrante, pero también perjudicial, ya que la decisión no fue en beneficio del equipo, fue la progresiva falta de minutos e importancia de Rubén Castro, el hombre que, con sus trece goles, dio más de media permanencia a un equipo que ha acabado más cerca del infierno que de la calma. El canario acabó siendo suplente fuera de casa, en los últimos encuentros con el uruguayo de técnico, pero seguía siendo titular en casa. Además de ser un movimiento negativo para el equipo, que seguía jugando igual de mal, destilaba una cobardía que el aficionado no perdonaba. Sería una falta de respeto más en el historial de desprecios al equipo verdiblanco y su hinchada.

EL BETICISMO, DE MARAVILLA A INCOMODIDAD

POYET DESPRECIÓ LO MEJOR DEL REAL BETIS

“Mi idea antes de arrancar esta etapa era que disfrutáramos jugando acá, pero se está tornando complicado. Se está poniendo complicado jugar de local. Hay que apechugar…” Esas fueron las palabras de Gustavo Poyet durante la rueda de prensa posterior al Real Betis-Espanyol, el que sería su último partido como entrenador verdiblanco en el Benito Villamarín. Un estadio que acabó pidiéndole que se fuese, cosa que ocurrió una jornada después. El uruguayo, amante de la hinchada verdiblanca a su llegada, acabó cargando contra ella cuando su dudoso trabajo trajo malos resultados. “Yo soy como soy, cuando quieran un entrenador falso, pues de puta madre, pero el día que marche me voy como hombre, siendo honesto y educado y no como un falso”. Otra de las perlas que soltaría en aquella intervención, la cual acabaría convirtiéndose en mentira.

Y es que Gustavo Poyet pudo ser cualquier cosa con el beticismo, pero educado, lo que se dice educado, no. Decir que estaba poniéndose complicado jugar en el Benito Villamarín como local fue lo más suave que salió de la boca de un Poyet que, aun después de ser despedido, siguió cargando contra el club y su afición. Lo más curioso es que en ninguna ocasión encontró la respuesta del presidente del club ni ningún elemento importante, algo que sí ocurrió para temas mucho más banales. El tiempo acabó poniendo todo en su lugar: el equipo no era bueno, pero Poyet era peor. Sus decisiones fueron nefastas, y eso es algo que se ve “aquí y en la China”, como vulgarmente se dice. En este caso es tal cual, ya que allí, en el Shangai Shenhua, está fracasando estrepitosamente. El equipo de Carlos Tevez es duodécimo, a solo cuatro puntos del descenso. Será que allí también es difícil jugar de local..

VÍCTOR SÁNCHEZ DEL AMO: UN CABALLERO SIN SUERTE NI ARGUMENTOS

Y de Poyet se pasó a Sánchez del Amo, en un ‘deja vu’ que mezcló ilusión inicial con estrepitosa decepción final. Aquel Betis de lobos con el madrileño como líder de la manada duró lo mismo que una pompa de jabón en el aire. Con 27 encuentros, el ex entrenador verdiblanco se convirtió en el peor técnico del club en el Siglo XX, un dudoso honor que refleja lo poco que tardó en venirse abajo su castillo de naipes. Y eso que llegó con ilusión y un discurso sólido, que al principio acompaño con buenos partidos y un estreno más que decente, especialmente como local. Miguel Torrecilla volvía a fracasar en su segunda apuesta para el banquillo, a pesar de su intento por retener al madrileño en el banquillo a toda costa, como ya demostró en una intervención antes del cese de Sánchez del Amo, asegurando su continuidad la próxima temporada. La difícil de tarea de caer de pie en Heliópolis no fue acompañada de regularidad en el tiempo, con un equipo al que, eso sí, le faltó la suerte y el sello que le habría dado si hubiese estado desde pretemporada.

Con un equipo hecho para Gustavo Poyet, a pesar de los parches incorporados en invierno, Víctor mantuvo hasta el final un esquema de cinco defensas, poco fútbol y planteamientos más que rácanos. Los cambios eran uno de los momentos críticos en sus partidos, así como temibles para el aficionado bético. El resultadismo era un hecho, pero a veces pecar de ‘amarrategui’ de hace perder todo el botín. Dos jornadas antes del final de campaña el Real Betis se vio obligado a dar su segundo finiquito de la temporada a un entrenador, destituyendo a un técnico que vuelve a salir por la puerta de atrás, como ya lo hiciese de Olympiakos o Deportivo de la Coruña. Lo único bueno que se le puede reconocer es haber rescatado del ostracismo a Dani Ceballos, aunque con Rubén Castro siguiese una línea ‘poyetista’ al final de su etapa. Al menos en su despedida fue caballeroso con el club y su afición, lo mínimo que se despacha.

ALEXIS TRUJILLO: MULTIUSOS AL RESCATE

Secretario Técnico del Club, Director Deportivo, jugador, segundo entrenador y, por último, entrenador del Real Betis. Alexis Trujillo añade un nuevo cargo a su rol de multiusos del club, aunque en este caso ha sido de forma circunstancial. Un empate, con buena imagen, ante el Atlético de Madrid, y otro en El Molinón ante el Sporting son el bagaje del canario en sus dos partidos como técnico de las trece barras. Su papel se limitaba a calmar el ambiente en los últimos coletazos de la temporada, algo que consiguió “liberando” al equipo desde su esquema. Cuatro defensas y el retorno de los extremos fueron los ingredientes para el cambio inmediato, que tuvo efecto en su estreno pero que no alcanzó para vencer ante el Sporting por fallos defensivos. Lo que gastaron en el finiquito de Sánchez del Amo lo ahorraron con su sustituto, al estar ya en “casa”.

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<p>Periodismo. Redactor en Beticismo.net y en ‘Estilo Betis Viernes’ de NeoFM [90.4 FM L/V 20:30-22h]. Mucho escrito, cada vez más hablado, pero siempre con el mismo respeto por lo que amo.</p>