Jon Pascua: «Nuestro juego hace más importante al portero»

Hizo tapacubos para coches y piezas de caucho para lavadoras; se especializó en una pieza concreta del Citröen C5 durante el tiempo que estuvo en su cadena de producción; fue operador de rampa en un aeropuerto; trabajó en un call center; como administrativo titulado que es, llevó la contabilidad de una empresa constructora; fue embalador, estibador, reponedor de Coca-Cola en ruta y hasta dependiente en un almacén de efectos navales. Pocas personas relacionadas con el fútbol profesional pueden presumir de un background como el de Jon Pascua Ibarrola. Quizás por eso nos parece diferente. Llamó nuestra atención. «Compaginaba todos esos trabajos con mi labor como entrenador de porteros en diferentes equipos de la comarca», nos explica él mismo antes de recordar que, en algunos de ellos, «tuve la oportunidad de trabajar a media jornada hasta que me llamó el Athletic».

La carrera de Pascua, al igual que la de muchos de sus compañeros de profesión, no ha sido un camino de rosas. A sus 45 años, ha logrado al fin su «sueño» de trabajar en la «élite profesional» del fútbol de la mano del Real Betis Balompié. Hasta llegar aquí, el preparador vasco ha vivido multitud de aventuras. Casi tantas como los tatuajes que cubren su cuerpo. Todo comenzó en Bermeo (Vizcaya), a los once años. «A mí lo que me gustaba era jugar de lateral derecho», asegura con una sonrisa divertida en su rostro, pero en el colegio «nadie era tan bueno» ni «coordinado» bajo palos como él, por lo que «me tocó quedarme ahí». Y aunque Luis Miguel Arconada se convirtió en uno de sus referentes -como para casi todos en Euskadi por aquel entonces-, Pascua asegura no tener «ídolos en lo futbolístico», sino más bien «en lo personal». «No soy fanático de nada ni de nadie», insiste.

Podríamos incluir a Jon Pascua Ibarrola en ese nutrido, aunque prácticamente desconocido, grupo de personas que se hicieron a sí mismas hasta recalar en un equipo de Primera División. Cuando uno indaga un poco en su trayectoria, es fácil descubrir que la cultura del esfuerzo es uno de los pilares que rigen su filosofía vital y profesional. «A mis padres, a mis hermanos y a mí mismo nunca nos han sido fáciles las cosas. Hemos tenido que trabajar mucho para conseguir lo que tenemos. Lo que me ha traído hasta aquí ha sido el esfuerzo y tener un poco de fe en que lo iba a conseguir», subraya el exportero, a quien Quique Setién -se conocieron hace dos años «por casualidad» durante unas vacaciones en Las Palmas- ha confiado la preparación de Antonio Adán, Dani Giménez y los porteros del Betis Deportivo.

Ésta, precisamente, es nuestra excusa para citarnos con él tras una sesión de entrenamiento descafeinada, carente de varios jugadores importantes -citados por sus países-, en la que Joaquín marcó un hat-trick ante el filial. Y aunque el Betis es el hilo conductor de la conversación que nos ocupa, no podemos evitar hablar de otras etapas de su dilatada, a la par que pintoresca, carrera futbolística, la cual terminó a los 29 años de edad por culpa de las lesiones. «Mientras jugaba en el Gernika, en Segunda División ‘B’, vino el Alavés a por mí. Estuve de tercer portero en el primer equipo y jugué en el filial. No fue una buena temporada: sólo disputé la mitad de los partidos, tuve una lesión de cadera… Pero decidí seguir intentándolo. Pedí una excedencia laboral y me fui al C.P. Cacereño. Allí tuve un par de lesiones que me obligaron a dejar el fútbol, pero también vi que el tiempo iba pasando y que, a los 28 años, no iba a llegar. Ya era tarde», señala sin atisbo alguno de lamento, sorprendentemente.

«Necesito tener un sentimiento de pertenencia; tengo que implicarme en el proyecto y sentir que formo parte de él. Debes sentir que trabajas para algo más que para ganar»

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La de Pascua podría calificarse, perfectamente, como una historia de superación en toda regla. Y, por lo que habrán podido comprobar, no sólo en el ámbito futbolístico, en el que jamás saboreó las mieles del éxito, aunque lo vivió de cerca. Jugó en el filial del Zaragoza cuando los maños -con Gustavo Poyet, por cierto, en su plantel- conquistaron la Recopa de Europa, y su paso por Mendizorroza coincidió con el subcampeonato del Alavés en la Copa de la UEFA que terminaría levantando el Liverpool tras una dramática final. «Uno siempre tiene la esperanza de que puede llegar esa oportunidad», indica. Y aunque como jugador no la tuvo, decidió seguir buscándola, pero ya como entrenador de porteros. Tras colgar las botas en el Cacereño, «volví a casa y retomé mi vida laboral, pero quise seguir ligado al fútbol; pensé que podía ayudar a alguien a que no le pasase lo que a mí», asegura Pascua. Un pensamiento en la línea de una de las frases favoritas y más citadas por el bermeotarra: «El fútbol no es el fin; el fútbol es el medio». «¿El medio para qué?», le preguntamos.

«Para desarrollarme como persona, por ejemplo. Para mí, ser entrenador es provocar cambios en la vida profesional del jugador, y eso es algo que me gusta hacer. Creo que uno puede tener impacto en las vidas de los demás, por lo que aprovecho ese conocimiento que tengo a nivel futbolístico, y más concretamente en la posición de portero, para ayudar a los futbolistas a conseguir esos sueños y esos cambios que necesitan para consolidarse, para rendir bien o para llegar a la élite», responde el miembro del staff técnico verdiblanco. Lejos de ver su paso por el Mamelodi Sundowns -con el que conquistó una liga y una copa en cinco temporadas- o la selección de Filipinas como experiencias que muchos llamarían ‘exóticas’, Pascua habla de cada etapa como un paso imprescindible en lo que ha sido -y está siendo- su carrera en el fútbol. En Sudáfrica, por ejemplo, trabajó durante año y medio a las órdenes de Johan Neeskens, quien fuese compañero de Johann Cruyff en el Ajax y el F.C. Barcelona, además de asistente de Frank Rijkaard. Un ‘hijo’ del fútbol total y el juego de posición.

«En los Sundowns jugábamos a lo mismo (que en el Betis): a un juego de posesión. Y aunque en el fútbol africano no existe ese rigor táctico, estaba en la cultura del equipo», explica el vasco, quien dice compartir «la misma visión del fútbol, incluso desde la portería», que Quique Setién o Eder Sarabia. «En Filipinas, por ejemplo, llegó un momento en el que podía parecer que no me aportaba nada, como si hubiera dado un paso atrás. ¡Pero me ayudó a crecer muchísimo! Me obligó a volver un poco a la esencia y, sobre todo, a estructurar en mi cabeza por qué estaba haciendo algunas cosas de forma casi innata. Todo lo que adquirí en Filipinas, por ejemplo, me está ayudando aquí. Y las herramientas que estoy utilizando con Dani, Antonio y los porteros del filial me van a enriquecer en el siguiente proyecto. No me preocupo de aprender, porque el camino es el que me lleva a aprender. Me preocupa preparar tareas que a ellos les puedan ayudar. Con ello, por supuesto, yo también voy creciendo», añade.

Esta mirada atrás nos anima a cuestionarle sobre la aplicación de la metodología del técnico cántabro a su área, la de los porteros. Unos porteros, los del Real Betis, a los que no se les ha exigido un gran dominio del ‘juego de pies’ especialmente en los últimos tiempos. «Me parece muy interesante la responsabilidad que recae en el portero en nuestro juego. Lo hace, incluso, más importante dentro de lo que es la estructura del equipo. Mi sintonía con el cuerpo técnico me ayuda a que (aplicar la metodología) no sea nada complicado. Además, las ideas son siempre muy claras, por lo que es mucho más fácil desarrollar el modelo», desgrana Pascua, al tiempo que aclara que este proceso se sustenta en el «trabajo colectivo», y no en la mera capacidad del individuo. «Primero, el portero debe tener las herramientas: un buen control, un buen pase, una buena capacidad de maniobra… Después, hay que darle a todo eso un sentido táctico dentro del juego colectivo del equipo. De nada te vale tener un portero con todas estas habilidades si el equipo no tiene mecanizados los movimientos que tiene que hacer. Si el portero no colabora, la salida de balón resulta un poco más compleja. Es un trabajo específico, sí, pero debe existir siempre una sintonía total con el cuerpo técnico para que todos vayamos en la misma dirección», asegura.

«No me preocupo de aprender, porque el camino es el que me lleva a aprender. Me preocupa preparar tareas que a ellos les puedan ayudar».

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De momento, parece que esa máxima se cumple. «Personalmente», admite el preparador, «creo que ha sido una sorpresa» la rápida asimilación de estos conceptos por parte de los jugadores. No obstante, «todavía no hemos hecho nada; esto es muy largo; hay que ir partido a partido para seguir ilusionando a los aficionados, pero sin echarnos encima una cierta presión por estar en una u otra posición». «Debemos seguir jugando como hasta ahora, día a día, para seguir construyendo», advierte Pascua, autor -como si le faltase algo a su currículum- de un libro y de numerosas conferencias. Pero el buen ambiente que emana del vestuario -fácilmente comprobable- preocupa a los béticos más desconfiados, que temen una posible relajación por parte de los futbolistas. El entrenador de porteros, sin embargo, tranquiliza al aficionado: «La tensión está ahí, en cada sesión de entrenamiento. Otra cosa es que el trato sea un trato normal, alejado de lo autoritario. Al final, normalizar las relaciones personales nos da mucho. Como entrenador debes ser cercano, pero también apretar y apretar. Yo lo llamo generar un ambiente de confianza».

Dada su experiencia tanto en el terreno de juego como en el banquillo, decidimos sacar el tema de los errores derivados del estilo de juego que ha importado Quique Setién a la Avenida de Italia. Concretamente, focalizamos nuestras dudas en Antonio Adán, harto criticado en pretemporada por sus errores con los pies, así como ante el Villarreal, donde el Betis cayó derrotado. ¿Cómo se convence a un portero de que debe seguir intentándolo, aunque le cueste goles al equipo? La respuesta de Pascua no dista mucho de las que ya ha ofrecido el entrenador en ocasiones anteriores: «En el caso de Antonio es bastante sencillo; no hay que convencerle, está por la labor de hacerlo. Asumió el error en rueda de prensa, incluso, pero nosotros lo tratamos con normalidad. Esa semana todo el mundo estaba pendiente de si cambiábamos de metodología, de ejercicios, etcétera, pero seguimos en nuestra línea. Porque, además, el partido de Villarreal fue uno de los mejores que Antonio hizo con los pies. Cometió ese error en el control y en la toma de decisiones, pero nuestro gol partió de una salida doble de balón que empezó él por dentro. Nosotros le dimos mucha menos importancia de la que le dieron los medios».

No obstante, Pascua asume que «tenemos que aceptar las críticas». «Uno cobra un salario porque la gente paga un dinero por ver el fútbol, pero también debe existir el respeto hacia nosotros por trabajar así. Cuando el club decide traer a Quique Setién, estaba bastante claro su perfil y cuál sería su dinámica de juego. Entendemos que haya gente que, por el pasado reciente del club, sea un poco impaciente, pero nosotros siempre hemos sido fieles a lo que queríamos hacer. De momento, está saliendo bien», se congratula el técnico, no sin dejar de señalar que «jugar bien es lo que nos va a llevar a ganar». Pero, ¿qué importancia tiene realmente la victoria? En el fútbol moderno, obviamente, ganar marca la pauta, pero en el caso de Jon Pascua Ibarrola nos encontramos con un hombre que considera que, victorias o derrotas aparte, «sobre el campo, uno es el fiel reflejo de lo que es en su vida privada».

«Si el portero no colabora, la salida de balón resulta un poco más compleja. Es un trabajo específico, sí, pero debe existir siempre una sintonía total con el cuerpo técnico para que todos vayamos en la misma dirección»

«En África adquirí mucha empatía», comenta el preparador, para quien «el jugador africano es un jugador muy humilde, al que debes entrenar mucho desde el corazón». «Si vas con una mentalidad europea de hacer las cosas de forma estricta en lo táctico, aquello no funciona, te tienes que adaptar al jugador y a su cultura. Cada club tiene su idiosincrasia. Lo mejor que puede tener un entrenador es la capacidad de adaptación, ser buen técnico con diferentes porteros en diferentes partes del mundo y en diferentes categorías. Eso enriquece muchísimo», esgrime. Y no sólo se ha visto enriquecido en lo profesional, sino también en lo personal. Puede que por eso parte del dinero que percibe de las suscripciones a su web lo destina a obras sociales, especialmente en el continente africano. Una implicación personal cuyos motivos, deducimos, tienen mucho que ver con su paso por los Sundowns. Ahora, en Sevilla, Jon Pascua sigue buscando formar parte de un espíritu colectivo, de una causa, aunque bastante diferente.

«Sé que estoy en el sitio adecuado porque, ante todo, necesito tener un sentimiento de pertenencia; tengo que implicarme en el proyecto y sentir que formo parte de él. Me pasó en el Athletic, me pasó en los Sundowns y, ahora, me pasa lo mismo. Debes sentir que trabajas para algo más que para ganar: para una masa social, para un equipo, para unos porteros, para un cuerpo técnico… Es mucho más fácil mirar a alguien a los ojos y decirle “trabajo para ti” que ir simplemente a trabajar.», asegura el excancerbero, a quien la naturaleza del beticismo -como a muchos otros- le ha pillado por sorpresa: «Al Betis lo seguía, indudablemente, pero desconocía la magnitud social que posee. No sabía que el estadio estaría así, que la gente veía el fútbol de esta manera…» Un impacto que le anima a darle al club algo más que resultados inmediatos. De ahí que le preguntemos si se ve capaz de influir de alguna manera en los futuros guardametas verdiblanco, bien de la mano de Quique Setién, bien con la ayuda de José Juan Romero y los demás técnicos de la cantera.

«He estado centrado en los tres porteros del filial que hemos tenido en diferentes momentos», recuerda el vasco. «De hecho, seguimos rotando con dos de ellos porque Álvaro Vallés se fue cedido (Gerena), pero seguimos trabajando a diario. También hablo a diario con Pedro Muñoz -entrenador de porteros del Betis Deportivo- porque, al final, estamos entrenando a esos porteros a medias. Un día me reuní con los porteros del fútbol base y les dije que podían contar conmigo. Cuando uno viene aquí, pienso, tiene que aportar al club y dejar un legado». Pero Jon Pascua, consciente de que «nuestra fecha de caducidad» es cada vez más limitada, apunta que «antes que yo han pasado multitud de entrenadores y todos habrán dejado algo», por lo que aconseja a los jóvenes de los escalafones inferiores que cojan «lo que les interese de los que vayamos pasando, porque rotamos mucho». «Por eso», apostilla, «es interesante que los que están alrededor absorban lo que podamos aportarles».

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Escrito por

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Responsable de la dirección periodística y las redes sociales de Beticismo.net. Redactor en Medina Media Andalucía. Autor del libro 'La década perdida'.