El as como solución

Está siendo un inicio de temporada memorable en Heliópolis. Y no tiene que ver con la casualidad. Entre otros porqués están la buena salud del filial verdiblanco, el trabajo de Quique Setién, y también están los euros, pues el Real Betis ha realizado este verano algunos de los mayores desembolsos de su historia moderna. Uno de éstos significó la llegada de Ryad Boudebouz (Colmar, Francia, 1990), por el que el club sevillano pagó alrededor de siete millones de euros fijos, según las informaciones del diario ABC. El francoargelino es un futbolista especial, técnicamente exquisito, y los aficionados se dieron cuenta en cuanto lo teclearon en Youtube. Una vez la prensa local propagó las cifras de su última campaña en Francia -11 goles & 9 asistencias-, la ilusión se desató.

A veinticuatro de octubre, sin embargo, el ex del Montepellier ha disputado únicamente 49 minutos con la casaca verdiblanca, repartidos además en tres ratos. Sus persistentes molestias en la rodilla enfriaron la expectación, y sus atributos continúan siendo aún desconocidos para la mayoría del beticismo. Aunque en un primer momento sí fue su sustituto en el plano mediático, Boudebouz es un jugador muy distinto a Ceballos. Mientras que el utrerano se está dirigiendo a ser un centrocampista con todas las letras, el magrebí ha sido siempre un jugador netamente ligado al ataque. El Ryad de Montpellier era un ’10’, por así decirlo, de perfil sudamericano. Actuaba por detrás del punta, sin responsabilidades defensivas, y rara vez corría hacia atrás. Sí trotaba en esa dirección si el propósito era la pelota, pues pese a ejercer de mediapunta, él iba a recibir a todo tipo de sectores. Gozaba de plena libertad para irse moviendo por todo el ancho del campo haciendo “socios”. En eso es muy bueno, claro: el curso pasado registró un promedio 44’3 pases buenos por cada 90′. Es ese rasgo el que hace dudar de su encaje en el fútbol posicional de Quique Setién, pues parece difícil encorsetar a un jugador tan móvil.

Infografía: Salva Carmona [El Jurásico]

No está claro aún si Boudebouz será extremo o interior en el ortodoxo 4-3-3 que utiliza este Betis. La segunda opción es sin duda la más suculenta, pues por dentro sumaría mucho más, pero requiere un cambio de chip por parte del jugador. Setién le va a pedir a Ryad lo que a todos sus interiores: la contrapresión; es decir, defender hacia adelante inmediatamente después de cada pérdida de balón. Y de momento surgen dudas de si el francoargelino va a ser diligente en ello. Si Quique consigue que automatice esa tarea, los ataques heliopolitanos darán un notable salto de calidad, pues Boudebouz tiene condiciones ideales para crear diferencias en un equipo con tanta cuota de balón. Sabe acompañar la jugada, acelerarla, y si es oportuno finalizarla. Y una acotación importante: tiene compañeros con los que retroalimentarse. Su último toque puede engordar más si cabe las cifras de Sanabria, por ejemplo. El año pasado generó 3’6 ocasiones creadas por cada 90′, la cifra más alta de toda la Ligue 1.

Pero de además de todo ello, Boudebouz puede significar la solución a un problema que viene siendo habitual en los partidos del Benito Villamarín, donde el Betis se está encontrando a rivales más replegados y no está podiendo agrietarlos del todo. Aunque el cuadro verdiblanco cuenta ya cuatro victorias en su feudo esta temporada, su ofensiva está sufriendo fases de atasco. Estamos asistiendo a períodos en los que el Betis no gira a su rival porque sus interiores no afinan en los espacios cortos. Guardado, quizás por una cuestión de edad; Camarasa o Fabián, por una cuestión de tamaño; Narváez, por una cuestión de timidez. Al equipo de Setién le está faltando una maniobra por dentro, así que está concentrando el juego por fuera. Probablemente demasiado. Y en especial en el flanco derecha, donde, todo hay que decirlo, Antonio Barragán está soberbio. El caso es que el Betis sólo está sabiendo profundizar por banda. Pero con Boudebouz puede abrirse un nuevo escenario. Porque Ryad sí puede ser ese hombre que se infiltre detrás de la segunda línea enemiga, reciba y, en metro y medio, gire sobre sí mismo para encarar a la zaga. Es un movimiento que se echó de menos, por ejemplo, en la primera parte del partido ante el Levante.

El ’10’ magrebí tiene además la capacidad de eliminar adversarios a través del regate, un arma valiosísima en este tipo de contextos. El tiempo dirá. Si el escurridizo Ryad se enciende, Setién habrá sumado un recurso para rajar a contrincantes herméticos, y sobre todo, a un talento capaz de ser decisivo en el último tercio del campo.

Escrito por

Analista de fútbol

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