Roberto Ríos: «Ojalá Quique Setién siga muchos años»

Conforme se acerca a mí, me siento afortunado de que nos veamos obligados a refugiarnos del frío en un bar. De haber hecho esta entrevista de pie, mis cervicales no me lo habrían perdonado. Pese a haber estado cerca de él en varias ocasiones, no logro asumir lo grande que es Roberto Ríos. Literalmente. Me siento diminuto a su lado; prácticamente insignificante. Pero él, atento, repara en mí, me saluda y con una enorme sonrisa me pregunta qué quiero tomar. Otro que no me deja pagar.

Sin conocimiento previo, tomamos asiento en un rincón del local muy futbolero, con camisetas de numerosos equipos diferentes colgando del techo y un proyector que permite a los clientes disfrutar del deporte rey varios días a la semana. Sin darnos cuenta, decidimos sentarnos bajo las elásticas enmarcadas de Miki RoquéAntonio Puerta. Preparando la entrevista ni se me pasó por la cabeza recordar la desgraciada muerte del central catalán; tampoco durante la misma.

Siempre he creído que, cuando uno entrevista a alguien que fue importante en la historia de un club, el trabajo de documentación debe ser meticuloso. Especialmente cuando no tuviste la ocasión de verle jugar porque coincidió con tu etapa en el parvulario, por ejemplo. Por suerte para mí, mi suegro es una hemeroteca andante, especialmente en lo que al Real Betis Balompié se refiere. Y me habló muy bien del señor Ríos. «Seguro que te habló mejor de mi padre», apunta entre risas nuestro protagonista. Yo, aún sin pronunciar palabra, lo admito con rubor.

Pese a ser originario del norte de España, el apellido Ríos caló hondo en este sur que tanto disfrutó con las hazañas de un tal Eusebio al que su hijo Roberto recuerda con cariño y a cuyo entierro el club verdiblanco no mandó representación alguna. El mismo club que, tras un inicio de temporada increíble, vuelve a navegar un mar de dudas que ya amenazó con hundirlo varias veces durante la última década. La misma entidad a la que, junto a Pepe Mel, ayudó a salvar de la hecatombe deportiva en 2011.

Su imponente físico contrasta enormemente con su tono de voz y con su -no sabría describir este concepto con otro nombre- nobleza. Ésa que descubrí en las gentes de Euskadi de la mano de una amiga aquella Aste Nagusia (Semana Grande de Bilbao), durante un verano tonto de mi adolescencia del que preferiría no hablar.

Nuestra conversación comienza, cómo no, mencionando su reciente despido del Deportivo de La Coruña. Entretanto, intento que no se dé cuenta de que mis extraños gestos faciales se deben a que intento descifrar mi propia letra en la libreta. ¡Me había olvidado las gafas en casa! De nada serviría entonces la ‘chuleta’ que, aún así, mantuve por delante en un intento de no parecer ‘sobrado’. Decido improvisar una entrevista que resultó ser, más bien, una profunda charla.

Foto: realbetisbalompie.es

Pregunta. ¿A qué dedica su tiempo ahora Roberto Ríos? Esperando ofertas, supongo.

Respuesta. Yo estoy tranquilo ahora. Esperando, claro, pero sigo viendo equipos, formándome… Tenemos programado ir a ver entrenamientos de otros compañeros a los que conocemos y de los que entendemos que podemos absorber cosas. Lo habitual.

P. ¿Qué sensación se le queda tras no haber ‘cuajado’ el proyecto del Deportivo?

R. Al final estas cosas dependen de muchos factores. Estábamos a tres puntos del décimo. Son decisiones que toman los que mandan y, bueno, hay que aceptarlas.

P. ¿Cree que las expectativas de la directiva gallega respecto a ustedes eran mayores?

R. Sí, pero las expectativas en la jornada nueve, a esa distancia… Es la segunda vez que nos pasa. La última vez que salimos del Betis estábamos a cinco puntos del descenso tras una mala racha en enero. El fútbol es así; hay poca paciencia y muchos nervios. Los que dirigen toman las decisiones pensando en lo mejor para el equipo. Los que estamos dentro poco podemos hacer.

P. ¿Continuará su relación laboral con Pepe Mel después de esto?

R. Sí. Ya llevamos unos cuantos años, aunque yo no fuese a Inglaterra. Estamos bien juntos. Todos contentos.

P. ¿Cómo se gestó esta dupla técnica?

R. Fuimos compañeros durante mi primer año en el primer equipo (del Betis), que fue el último suyo. Años después, cuando se hizo entrenador y yo jugaba en el Athletic, me quiso fichar para el Tenerife, pero no surgió. Cuando me retiré, él firmó por el Alavés y me comentó la posibilidad de unirme a él, creyendo que seguiría viviendo en Bilbao. Pero yo estaba en Sevilla y, además, no tenía el título. Algunos de mis compañeros del Curso de Dirección Deportiva en Las Rozas me animaron a sacármelo. Casualidades de la vida, Pepe, que entonces dirigía al Rayo Vallecano, era profesor del curso en la Federación. Terminé los dos primeros niveles y, entonces, el Betis firmó a Pepe. Sabiendo que estaba en Sevilla, me ofreció la posibilidad de entrar con él.

P. Curioso, ¿verdad? Si no recuerdo mal, usted aseguró en una entrevista que no se planteaba ser entrenador.

R. ¡Es verdad! Mi intención era ‘tirar’ por la dirección deportiva, pero surgió la posibilidad de trabajar aquí, donde me he encontrado a gusto. Me siento cómodo como segundo entrenador. Pero tampoco imaginé que fuese a ser futbolista.

P. ¿De verdad que jamás se planteó seguir los pasos de su padre?

R. No, no, qué va. Jugaba, como cualquier crío, para divertirme. Pero el esfuerzo y el trabajo de uno a veces confluyen con las necesidades del equipo, su contexto, su situación. Yo no me planteaba la posibilidad de llegar a Primera, aunque lo veía más cerca según iba quemando etapas.

P. Su padre fue un trotamundos del fútbol, al menos en los banquillos, pero su nombre siempre quedará ligado al del Betis.

R. Nunca le vi jugar, pero el Betis siempre estaba presente en casa. Le hacían reportajes, íbamos al Villamarín cuando él no trabajaba… Antonio Picchi y Pedro Buenaventura nunca perdieron el contacto con él. De hecho, él les llamaba muchas veces para darles información de jugadores que había visto o conocía.

P. ¿¡Hacía ‘scouting’ para el Betis!?

R. Sí, bueno (ríe). Siempre ha existido una vinculación y yo la he vivido. De hecho, cuando vine, creo que mi padre se echó las manos a la cabeza pensando que yo iba a fastidiar el nombre de la familia (ríe). Gracias a Dios, aunque no llegué a ser lo que él fue, poco se me pudo reprochar.

P. ¿Dónde se sentía más cómodo: en el centro de la defensa o en el centro del campo?

R. Como centrocampista. Por la forma de jugar que teníamos, ocupaba casi siempre esa posición. Dependiendo de cómo jugase el rival, yo estaba más adelantado o más retrasado.

P. Cuando actuaba de central, ¿con qué compañero se compenetraba mejor?

R. La verdad es que he tenido suerte, porque todos mis compañeros siempre estaban a un nivel altísimo. Al final, para que uno destaque, independientemente de sus cualidades, tiene que estar bien rodeado. Tenía a Risto (Vidakovic), que era buenísimo, pero (Tomás) Olías o (Juan) Ureña también.

P. ¿Le pesó la leyenda de su padre cuando llegó a la cantera verdiblanca?

R. Cuando entré en la cantera del Betis las comparaciones fueron inevitables. Sabía que tenía todas las de perder. Como ya he dicho, nunca vi a mi padre jugar, ya era entrenador cuando nací, pero los comentarios de la gente me han acompañado toda la vida. Superar a mi padre era difícil. ¡Además, era el entrenador del primer equipo! Pero mis compañeros me aceptaron, vieron cómo era y jamás tuvieron ningún problema o suspicacia conmigo. Fui subiendo el nivel, encontrándome bien y tuve la oportunidad. El primer sorprendido no era yo, sino mi padre.

Roberto Ríos saluda con alegría a Pedro Buenaventura padre en 2012 | Foto: Juanma Mendoza

P. ¿Qué recuerdo guarda con especial cariño de su etapa como futbolista en el Betis?

R. Uno siempre tiene anécdotas que contar, pero el recibimiento que nos dieron en la explanada del estadio cuando ascendimos a Primera División, aquellos gritos de «Betis, Betis, Betis», es una de las cosas que más han impactado. Es un recuerdo imborrable.

P. ¿Le pudo la presión de convertirse en el fichaje español más caro de la historia cuando firmó por el Athletic?

R. No, la verdad es que no. Igual era un inconsciente, pero no sentía la presión tampoco cuando mi padre era el entrenador. Sólo intentaba hacerlo lo mejor posible. Esa presión es más externa que interna. Son situaciones que se van dando, pero a mí no me influía. La conciencia la tenía tranquila.

P. ¿Por qué se marchó? ¿Creía que su etapa aquí había concluido, quizás?

R. Lo cierto este que tenía firmado hasta un partido homenaje en el Betis (ríe).

P. ¿Perdón?

R. Me quedaban ocho años más de contrato. Pero, cuando te das cuenta de que no te aprecian lo suficiente…

P. ¿De qué tipo de afecto estamos hablando?

R. Creían que otros jugadores eran más importantes.

P. Hablamos de dinero entonces.

R. Esto es lo de siempre. En el club he pasado distintas épocas, pero da la casualidad de que los canteranos eran los que salían siempre peor parados. Me ha pasado a mí, pero también le ha pasado a Juanito, por ejemplo. La gente piensa que me fui por la cláusula de rescisión, pero no es así. El club llegó a un acuerdo de traspaso por dicha cantidad, pero no tuve que ir a ingresar ni hacer nada a la Federación. «Hemos llegado a un acuerdo con el Athletic», me dijeron desde el despacho de Lopera, y me instaron a ponerme de acuerdo con el Athletic. No me quedaba más remedio que hacerlo. No era algo que yo desease. De hecho, tenía un tanto por ciento del traspaso, pero se lo perdoné al Betis. Siempre les he estado agradecido.

P. Se retiró muy joven, a los 31 años. ¿Por qué?

R. Durante mi infancia, hasta que llegué aquí, había vivido -y te lo diré por orden- en Jaén, Bilbao, Huelva, Valladolid, Bilbao, Murcia, Bilbao, A Coruña… En Sevilla estuve nueve años y, después, pasé cinco en el Athletic. Hasta que llegó el momento en el que tanto el entrenador como el club esperaban que saliese. Pero yo no quería, así que pasé un año prácticamente en blanco, casi apartado. Cuando vas a entrenar sabiendo que no vas a competir, no es lo mismo.

P. Pero de ahí a retirarse… ¡Pudo haber ido a otro club!

R. Tuve ofertas, sí. Cosas de la vida, me llamó el West Bromwich para fichar en enero, pero, hasta entonces, tuve mucho tiempo para pensar y entendí que la vida del futbolista -que es muy corta- tenía que acabar algún día. Y como no encontraba el suficiente ‘espíritu’ para ser lo que había sido, decidí dejarlo antes que engañar a nadie.

«Mi padre creía que fastidiaría el nombre de la familia»

P. ¿Cómo ha vivido esta convulsa década del Real Betis Balompié?

R. Cuando lo vives desde fuera, nunca sabes lo que ocurre realmente. Las informaciones que te puedan llegar están sesgadas. Te puedo hablar del tiempo que estuve dentro, desde 2010, justo cuando se va Lopera. Las situaciones que vivimos no fueron nada fáciles, especialmente por la presión añadida que teníamos en el día a día. El club estaba en una situación muy difícil. Probablemente, aquel fuese uno de los años más importantes de la historia del Betis al respecto. Un año sin ascender, una deuda tremenda, una plantilla carísima, una reestructuración en todos los sentidos, a la puerta de un concurso de acreedores, una necesidad galopante de ingresos… Había que subir sí o sí a Primera. Gracias a Dios, se consiguió, pero se fueron sucediendo muchos cambios: Gordillo, Guillén… Y eso para la dinámica del club, no sólo del equipo, es muy difícil. La verdad es que todos los que han entrado en el Betis han puesto su granito de arena para que la cosa saliese adelante.

P. Dentro de aquella inestabilidad, Pepe Mel y usted proporcionaron -y consiguieron para sí mismos- una constancia: ascenso, permanencia, Europa… ¿Cómo se torció todo?

R. Esto no deja de ser un juego. Aquel año se hizo un esfuerzo por Joan (Verdú) como fichaje estrella, pero durante los primeros meses apenas coincide con Rubén Castro, que se lesionó. Ambos se compenetraban muy bien. Éstas son las cosas que, a la larga, te marcan. Como los futbolistas que, ante las bajas, tienen que asumir un rol para el que no están capacitados. Además, no todos están preparados para jugar en el Betis. Un cúmulo de desgracias que te llevan a hacer una temporada desastrosa. Curiosamente, nuestra situación en Liga era contrapuesta a la de la Europa League…

P. ¿Qué incidencia tuvo la planificación deportiva en su primer cese?

R. Cambiar muchos jugadores todos los años no es algo que ayude a crear una base sólida sobre la que crecer…

P. ¿Cómo recibió la noticia de su despido? Ya sabemos cómo se la tomó el señor Mel

R. Con muchísima pena, porque te das cuenta de que toda tu ilusión y tu esfuerzo… Al final, en el fútbol se vive el momento; lo que has hecho antes se borra, salvo cuando pasan muchos años. Acertada o no, la primera medida que se toma siempre para intentar arreglar las cosas es la de echar al entrenador. Es la dinámica de este deporte y no te queda más remedio que aceptarlo, aunque con un dolor muy grande.

Pepe Mel, junto a Roberto Ríos y David Gómez en 2013 | Foto: Juanma Mendoza

P. A Vlada Stosic se le achacó, entre muchas otras cosas, no haber hecho lo suficiente para evitar la ‘fuga’ de canteranos (Adrián, Cañas, Beñat, Pozuelo) tras alcanzar la Europa League, más aún cuando ustedes confiaban mucho en los de abajo. ¿Cuál fue su sentir al respecto como cuerpo técnico?

R. ¿Y lo que pensaban ellos?

P. Sólo conozco la opinión de Alejandro Pozuelo

R. Cada uno eligió lo que era mejor para su futuro, y resultó ser marcharse. A algunos no les convencería el proyecto del Betis; otros creerían que su etapa en el club se había terminado. Cuando las cosas van bien es cosa de todos, igual que cuando van mal. No se le puede echar la culpa a una sola persona, tenga el cargo que tenga. El trabajo siempre es en equipo. Ese año no estuvimos acertados ninguno y las desgracias se fueron dando una tras otra.

P. ¿Hasta qué punto se deterioró su relación, la del cuerpo técnico, con Vlada Stosic durante aquellas semanas?

R. Hay mucha leyenda al respecto. Se deterioró hasta tal punto que seguimos quedando, comiendo juntos y jugando al pádel… ¡Pero también Pepe! No existe una enemistad. Otra cosa es tener criterios diferentes. Crecer es complicado si todos piensan lo mismo. El trato de toda la gente que ha trabajado en el club ha sido bueno, les estoy agradecido a todos. Al final, la pelota es la que manda.

P. ¿Por qué no acompañó a Pepe Mel a la Premier League?

R. Por una serie de circunstancias personales.

P. ¿Nada que ver con las supuestas exigencias del West Brom de dejarle a usted al margen?

R. Me dijo que fuese con él, pero no lo hice por temas personales, nada más.

P. Tras dos fichajes frustrados por los ‘Baggies’, ¿siente tener alguna cuenta pendiente en Inglaterra?

R. No fui porque no quise. Yo tenía el contrato hecho con el West Brom, pero no me encontré a gusto. Estuve allí unos días, volví y me llamó el presidente, que hablaba español. El equipo iba último, pero yo no sentía que pudiera ayudarles. ¡Llevaba año y medio sin competir! Pero no me pareció lógico ir allí. Me ofrecieron incluso más dinero, pero ésa no era la cuestión. Mucho antes, cuando estaba en el Betis, pude ir al Manchester United.

P. ¿¡Quién dice ‘no’ al United!?

R. Me llamaron, pero yo siempre les remitía al Betis. ¡Tenía contrato con el Betis! Yo estaba muy contento aquí. ¡Teníamos un equipazo! Pensaba que podíamos ir a más… hasta que me llamaron del despacho de Lopera.

P. Cambiando de tercio, ¿qué le parece el actual proyecto del Real Betis?

R. A mí el Betis me ilusiona siempre. Nos pasa a todos. Igual terminas enfadado la temporada, pero en pretemporada ya tienes los ojos como platos (ríe).

P. En las últimas semanas han crecido las dudas respecto a la idoneidad del estilo de Setién…

R. Me parece bien que se apueste por un estilo; es lo correcto y lo ideal. Otro asunto es que dicha forma de jugar sea la adecuada.

P. ¿Usted cree que lo es?

R. Cuando te decides por una idea, la tienes que llevar a cabo a lo largo del tiempo. Es difícil encontrar jugadores de un perfil concreto para jugar así, por lo que no se puede estar cambiando. Lo peor que se puede hacer en estos casos es tener dudas y tomar decisiones precipitadas. A mí me gusta el Betis, pero me gusta así y me gustaba cuando yo jugaba, bien armados atrás. Todo modelo necesita su tiempo de adaptación, así como ir dando con jugadores que vayan elevando el nivel.

P. Supongo -y usted lo sabrá mejor que yo- que no será fácil tener ‘enchufados’ a los futbolistas si se cambia de estilo de juego cuando las cosas se empiezan a torcer. O mantener un estilo que no funciona…

R. Los jugadores son muy distintos también, ¿eh? Respecto a los de mi época, me refiero. Ha ido acorde a nuestra sociedad. Lo queremos todo y lo queremos ya. Hay pequeños entrenadores en cada jugador, tienen muy fácil comparar entrenamientos… Todo ha ido evolucionando, aunque no sé si a mejor. Hay que amoldarse a cada situación y Quique confía plenamente en lo que hace. Ojalá le salga bien para que lo podamos disfrutar todos, pero todo ello debe ir acompañado no sólo de Quique, sino de Quique, los jugadores y el club.

P. Rubén Castro podrá volver a vestir de verdiblanco a partir de enero. ¿Cree, como muchos, que se acerca el fin de su etapa aquí?

R. Rubén Castro tiene para jugar este año, otro y los que quiera. El rol que ocupe lo marcará el entrenador. ¿Que si veo a Rubén en el Betis durante los próximos seis meses? ¡Y por más tiempo! Ha marcado siete goles en once partidos. Aunque haya sido en China, tiene un don y, personalmente, le estoy agradecido por todo lo que nos da. No por lo que nos ha dado, sino por lo que nos da. Yo he estado en el equipo contrario y es una pesadilla. El sentir del rival respecto a Rubén Castro no es el de un futbolista que está en las últimas, sino todo lo contrario. Quienes tienen ‘eso’ no lo pierden. Podrá perder otra cualidad, como la velocidad… Pero es un lujo.

P. ¿Cómo lograron Pepe Mel y usted cambiar el ‘chip’ de un Rubén Castro que, pese a sus cifras goleadoras, no había sido capaz de afianzarse en ningún equipo a sus 29 años?

R. Tenía las mismas condiciones en el Betis que en el Rayo, en el Huesca… Pero aquí tuvo confianza, se sintió importante, le salieron bien las cosas. Se encontró cómodo dentro de un grupo extraordinario, aunque no es demasiado extrovertido. Cayó de pie, al igual que Jorge Molina, con quien montó una de las sociedades más importantes de la historia del club. Le está muy agradecido a la afición, y él lo refleja cada vez que sale al campo. Goles meterá allá donde vaya, pero éste es su sitio.

Roberto Ríos, durante la entrevista | Foto: Carlos G. Urbano

P. Otro que ha regresado ha sido Lorenzo Serra Ferrer. ¿Qué importancia tuvo para usted en su carrera como futbolista?

R. De todos los entrenadores que he tenido he aprendido, pero con Serra encadenamos unas temporadas magníficas y yo crecí mucho como jugador.

P. ¿Es tan severo como dicen?

R. Los he tenido con más ‘puño de hierro’. En el Betis Se encontró un vestuario lleno de gente joven y de la cantera. No era un grupo nada difícil.

P. El balear vive su tercera etapa en el club. ¿Espera que llegue el tercer ‘capítulo’ de Mel y Ríos algún día?

R. No lo sé. Después de decir que no quería ser entrenador, y ahora lo soy, ya no me pillan más (ríe). Lo que deseo es que Quique Setién siga muchos años, porque será señal de que va todo bien.

P. Si no es en el Betis, ¿dónde le gustaría entrenar próximamente?

R. En la Premier, quizás. Tiene un ambiente diferente, al entrenador se le mira de otra manera… Pero lo cierto es que cualquier reto me ilusiona.

P. Pero siempre con Mel, ¿verdad?

R. No me he planteado nada (en solitario). Sólo quería volver aquí y estar con la familia después de ocho meses. La vida del entrenador es muy difícil y desagradable en muchos casos. Echaba en falta los entrenamientos y la dinámica del día a día en un club, pero hay que tener hechas las maletas siempre. Allá donde nos lleve el avión, allí estaremos.

Escrito por

<p>Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Responsable de la dirección periodística y las redes sociales de Beticismo.net. Redactor en Medina Media Andalucía. Autor del libro ‘La década perdida’.</p>