Análisis táctico del Getafe-Betis

El muy mal partido del Betis en Getafe significó su tercera derrota consecutiva en liga. Al contrario que ante el Valladolid, esta vez el equipo no tuvo el control del partido pese a poseer el balón, y no solo no creó apenas peligro sino que toleró media docena de ocasiones claras a su rival. La actuación, inexcusable por más que haber jugado en Milán tres días antes la explique en parte, obliga a Setién a tomar medidas.

Rotó jugadores en muy pocos puestos el entrenador, y ahí debe residir parte de esa explicación del horrible partido bético. Apenas la portería, un interior (Boudebouz) y uno de los delanteros (Loren) se renovaron. El Betis presentó pues de nuevo el 3-1-4-2 de aquel partido, esta vez más rígido, con el argelino a la derecha y en paralelo a Lo Celso, más Carvalho por detrás. El planteamiento y modo de juego del Getafe a nadie debió de sorprender: con la baja de Portillo, presentó su cerrado y bien trabajado 4-4-2 habitual, y, como era esperable en un equipo que gusta de las jugadas de pocos toques y los balones largos, alternó fases de presión alta con repliegues cerca de su área.

Primera hora de juego

También era previsible, y así sucedió, que la presión alta de un equipo que tiene bajas cuotas de posesión como el madrileño fuese intensa durante los primeros treinta minutos del primer tiempo y los quince primeros del segundo, y amainara en el tramo final de cada tiempo. Los getafenses, sin demasiado fútbol interior, fían sus posibilidades de gol al contragolpe, el balón parado y los balones cruzados desde las bandas a sus dos delanteros.

La posición de los jugadores de uno y otro equipo, tan previsible que fue idéntica a la de la temporada pasada, haría clave el desempeño por banda de unos y otros: el 3-1-4-2 bético no encajaba parejas claras en esa zona ni en defensa ni en ataque, de modo que Barragán y Junior quedaban en una posición difícil de controlar para la estrechísima doble línea de cuatro del Getafe, pero al tiempo los laterales getafenses (el antideportivo Damián y Antunes), fijados los carrileros béticos por Foulquier y Amath, no tendrían marca en ataque posicional si el Getafe –como efectivamente hizo, con toda la intención– era capaz de mover a los tres centrocampistas béticos con ataques veloces y cambios de juego ágiles. El propio gráfico del año pasado (cambien unos pocos nombres) nos valdrá perfectamente para visualizar esa situación.

Durante la primera hora la dinámica fue la prevista por Bordalás: el Betis tenía la pelota pero, desaparecido Lo Celso, inoperante como siempre Boudebouz y completamente invisibles sus delanteros (pese a estar en igualdad numérica ante los centrales locales), jamás se ponía de gol. Las pocas llegadas béticas sucedían, efectivamente, por los carriles, pero esta vez ni Barragán fue profundo ni Junior, que sí llegó muchas veces, fue preciso en sus centros. El Getafe no hacía un fútbol brillante pero entre algún robo alto, balones cruzados y contragolpes bien gobernados por Molina se ponía de gol varias veces.

Cuando parecía que el Betis iba a salir con bien de su típica primera hora de desgaste del rival llegan los dos goles locales, consecutivos y por el procedimiento previsto: en jugadas desde las bandas, una de ellas a la contra tras robo.

Última media hora

Sin tocar el esquema Setién mete a Canales por Boudebouz, nulo como interior derecho y como izquierdo (permutó con Lo Celso al descanso). Más tarde sí lo toca: pasa a un 4-3-3 con Loren y Tello como extremos. Con Joaquín en la grada el Betis demuestra una preocupante falta de fe y capacidad de reacción, y los minutos pasan con balón siempre en pies del Betis pero sin siquiera ocasiones claras de gol, salvo alguna esporádica del Getafe.

Línea por línea

Joel Robles tuvo un mal día: dejó un peligrosísimo balón muerto en el primer tiempo, no supo adelantarse en el 1-0 y jugó mal con el pie en el 2-0. Abusó del balón largo, aunque para esa suerte tenga buen toque.

El trío de centrales sostuvo una vez más al equipo, aunque finalmente Bartra, con demasiados minutos en sus pies (y su cabeza) a estas alturas, falló en el primer gol. Sidnei dio un día más buena salida de balón.

William Carvalho hizo un muy buen partido, con diferencia su mejor encuentro desde que llegó al Betis. Si bien su posición apantalló un día más la salida natural de Bartra, asunto este importante, el portugués dio fluidez y cierta verticalidad al juego bético, y peleó bien en defensa. Muy por debajo de él estuvo Lo Celso, escondido; si quiere ser el jugador de primer nivel que pareció en Milán debe entender que la liga española requiere concentración en todos los partidos y no en cuatro al año como la francesa. Sí está al nivel (bajísimo) de la liga gala Boudebouz, que ya recuerda al López Ufarte del Betis de los ochenta: lo mejor que puede esperarse de sus intervenciones es que no pierda la pelota; y hoy estaba muy cerca de su posición óptima en el campo, con jugadores a los que lanzar por delante. Barragán, torpe con balón, y Junior, muy poco acertado en el centro final, desaprovecharon sus carriles en ataque y tuvieron dudas en defensa ante la doble llegada de los getafenses.

El partido de Loren, desacertado pero al menos voluntarioso y con presencia para algún remate y para bajar balones, puso en evidencia el lamentable partido de Sanabria, que directamente no compareció. La pareja de delanteros bética desaprovechó su igualdad numérica con los centrales madrileños (por más que estos tuviesen ayudas de los laterales): ni les provocaron dudas posicionales a los cuatro defensas, ni ofrecieron desmarques a sus espaldas, ni cazaron los balones cruzados.

Canales y Tello no cambiaron la dinámica del partido, aunque con ellos el Betis al menos tuvo más control del juego y alguna profundidad.

Ni la falta de calidad de la delantera, ni el cansancio (más mental que físico), ni la falta de entrenamientos que provocan los partidos entresemana puden excusar el rendimiento de una plantilla del nivel de la bética: Setién debe de tomar medidas, especialmente para mejorar el pésimo rendimiento ofensivo de un equipo que no solo no mete goles, sino que en los últimos partidos de liga tampoco crea ocasiones ni demuestra rebelión ante marcadores adversos.

El detalle

Hace muy pocos días en el entorno bético se llegó a hablar de “controlar la euforia”; aunque la afición futbolera sea de natural ciclotímica estaría bien controlar los excesos sentimentales, positivos y negativos.

Escrito por

Músico de profesión y físico de formación, o viceversa, sus análisis tácticos le permiten combinar su pasión por el Betis con su interés por el análisis espacial del fútbol, al que contribuye desde plataformas como The Tactical Room. Confiesa debilidad por el fútbol de posición. Colabora también habitualmente con medios como Diario de Sevilla, Scherzo o Radiópolis, entre otros.

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