Análisis táctico: el Madrid escapa vivo

Un Madrid rácano y sin la debida calidad ofensiva recibió un excesivo premio en el Villamarín tras un partido igualado en ocasiones, en el que el Betis lo tuvo contra las cuerdas en largos tramos.

Primeros 35 minutos de partido

Setién y Solari sorprendieron, al menos a quien esto escribe, con sus alineaciones. El Madrid presentaba un equipo corto de calidad de mitad de campo hacia arriba, algo que incluso empeoraría con los cambios, pero cuyo bloque defensivo (Keylor, Ramos, Varane, Carvajal, Nacho) es tricampeón de Europa. Solari quiso oponer una defensa de cinco a la habitual del mismo número del Betis, probablemente con intención de emparejar a Carvajal y Reguilón con los carrileros béticos, y plantó un 3-1-4-2 un tanto asimétrico; pero Setién, sin Sidnei ni Junior aún disponibles, decidió repetir exactamente el equipo y planteamiento de tres días antes contra la Real. Su 4-3-3 ofensivo lo sería esta vez también en defensa; Francis quedaba de nuevo como lateral a pie cambiado.

La hora larga entre alineaciones y salida al campo debió de ser frenética en el vestuario a nivel táctico. El Betis pudo aprovechar el feo 3-1-4-2 del rival para montar un rombo y cerrar la salida rival como en casa ante el Milan, dejando a Ramos como hombre libre enjaulado para ganar un defensor en la zona de Carvalho:

Sin embargo Setién y Sarabia eligieron ir a la presión alta mano a mano en todo el campo:

El Real por su parte hizo intentos iniciales de presión alta, pero el paciente y virtuoso toque bético la superó casi siempre sin excesivos problemas, de modo que con el paso de los minutos (más tras marcar) los visitantes dieron un primer paso atrás y el partido quedó planteado: balón en pies béticos, ataques largos, e intentos de contra del Madrid mediante el juego de espaldas de Benzema y la velocidad de Vinicius. En la salida de balón bética Vinicius quedó pronto emparejado con Carvalho, garantizando así un hombre de más a su sistema defensivo a cambio de una salida de balón fácil para los centrales béticos (dos contra el otro punta). Expuesto al uno contra uno defensivo, el Betis sí mostraba cierta fragilidad defensiva cada vez que el Madrid superaba la presión local, muchas veces gracias a las maniobras de Benzema.

El ataque bético, por contra, se encontraba con un problema grave, relacionado con la gestión de los espacios y ya sufrido cada vez que un equipo le concede el balón y se mete atrás. Para conseguir abrir a un rival hay que tratar de estirar el campo en todas las direcciones posibles: por un lado, atraer a la primera línea de rivales a la presión y al tiempo amenazar la espalda de la defensa, obligando así a los enemigos a separar sus líneas; por otro, abrir mucho a los hombres de banda y (esto es fundamental) amenazar ahí con desequilibrio en el uno contra uno, para obligar a los oponentes a atender las bandas y así abrirse por dentro. Pues bien: a partir del gol el Madrid (1) casi nunca picó en las invitaciones a que presionara; (2) nunca vio amenazada la espalda de su defensa por intentos de desmarque; y (3) si tuvo alguna preocupación fue por la banda de Barragán, pues Francis, pese a jugar bien según sus condiciones, tendió por naturaleza a meterse por dentro. Como consecuencia de todo ello el Madrid montó un bloque defensivo estrechísimo y extremadamente compacto lejos de su área, ante el que el Betis trataba de combinar siempre por dentro y al pie:


Sin amenazas por las bandas ni a la espalda de su defensa, el Madrid defendía juntísimo.

Poner a un compañero de gol en semejantes condiciones es tarea imposible incluso para Lo Celso. Apenas algún centro de Barragán daba alguna esperanza, pero ante tres centrales del nivel de los madridistas y sin rematadores más allá de Sanabria colgar balones era absurdo.

Minutos 35 al 80

Naturalmente ese problema tiene soluciones tácticas: en primer lugar, amenazar la espalda de la defensa con movimientos alternos verticales hacia dentro y hacia fuera (incluso permutando posiciones entre delanteros e interiores, si es necesario), como casi nunca hace Joaquín, intenta sin el menor acierto Sanabria y logra a veces Canales, caso del gol. En segundo, colocar en los carriles jugadores que amenacen de verdad con desbordar en el uno contra uno. Fue lo que buscó Setién con la entrada de Tello en el minuto 66, pero hay otra solución inventada hace años por Guardiola y que se puede perfectamente usar en el 4-3-3: dejar al extremo (Joaquín) pegado a la cal como una chincheta y que el lateral suba por dentro, empujando hacia arriba al interior:

Anoche no pareció preparase nada en especial para esa banda, y fue Guardado (que tampoco es el hombre más adecuado) quien se abrió varias veces al notar la tendencia de Francis a desaprovechar su espacio. Resultó esto:

Pese a estos problemas el paciente toque bético fue desgastando el físico madridista, y los blancos fueron perdiendo metros progresivamente hasta instalarse durante treinta minutos (!) en el balcón de su área, como un Levante o un Valladolid cualquiera. Más grave para los blancos fue la desaparición de Benzema: sin salida ya a la contra, tras el empate el Madrid quedó a merced del Betis y sostenido tan solo por la calidad y acumulación de sus centrales, que sacaron sin apuros todos los centros laterales y cerraron casi siempre las líneas de pase por dentro.

Minuto 80 al final

Sin mucho ya que perder, Solari retira a un carrilero y monta un amorfo 4-4-2. El cambio de esquema despista un poco al Betis, que pierde un tanto el control del juego, y en su única ocasión de la segunda parte el Madrid marca.

Línea por línea

Pau debe ser señalado esta vez como culpable directo de la derrota por fallar gravemente en el 1-2, con la inestimable colaboración de Boudebouz en su barrera.

La línea trasera cumplió en defensa pese a pese a estar más expuesta de lo habitual. Los centrales jugaron además el balón con solvencia, y Barragán cumplió sin brillantez en ataque. Francis como lateral a pie cambiado puede ser un recurso, pero deben entrenarse mecanismos para que la banda no quede tapiada en ataque, como lamentablemente fue el caso durante una hora.

Carvalho y Guardado dieron fluidez al balón, pero sin duda la estrella ofensiva del partido fue Lo Celso, que dio un verdadero recital de juego. Una vez más mostró esa combinación de técnica, facilidad para encontrar la salidad de la jugada y (esto es importantísimo) cambio de ritmo en corto que lo hacen incontrolable para los rivales.

Joaquín también cumplió, pero su error en el origen del 1-2 debe recordar a Setién que no tiene ya edad para aguantar noventa minutos. Canales no jugó un buen partido, pese al gol, y abusó, como sus compañeros de línea, de las recepciones al pie de espaldas a la portería rival, resueltas con inocuos pases hacia atrás sin ventaja; en espacios cortos sufre. Sanabria, como siempre, tuvo más voluntad que acierto; ya no es que no marque, sino que siquiera se pone jamás de gol, y apenas aporta más que arrastres de centrales y toques irrelevantes. Hay un grave problema ahí. Los suplentes aportaron muy poco.

El bético no parece apreciar en su medida el brillante juego desplegado por el Betis de Setién durante largos minutos anoche, pero Setién tampoco debe olvidar que las victorias se consiguen por goles y se merecen por ocasiones de gol, no por hacer un juego vistoso: tras diecinueve partidos el Betis tiene los puntos que merece, y apenas tiró a puerta más ni mejor que el Madrid, pese a tenerlo arrinconado muchísimo tiempo. Es algo recurrente y que no se solucionará solo.

El detalle

El VAR impidió el anual error decisivo a favor del Real de Madrid. Bienvenido sea.

Escrito por

Músico de profesión y físico de formación, o viceversa, sus análisis tácticos le permiten combinar su pasión por el Betis con su interés por el análisis espacial del fútbol, al que contribuye desde plataformas como The Tactical Room. Confiesa debilidad por el fútbol de posición. Colabora también habitualmente con medios como Diario de Sevilla, Scherzo o Radiópolis, entre otros.

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