La nueva vida de Eder Vilarchao

Hay momentos en la vida de toda persona que suponen, de una forma u otra, un punto de inflexión. Eder Vilarchao vivió dos en apenas once días, y con sólo 22 primaveras a sus espaldas. El primero, su debut en Primera División con el Real Betis Balompié, el 13 de enero de 2013; el segundo, el día 24 del mismo mes, la fractura de tibia que, a la postre, provocaría su retirada dos años y medio después, a la temprana edad de 25 años.

«Crack» y aquella prometedora zurda no volvería a chutar un balón. «Crack» y se acabó, aunque ni él, ni David Gómez, ni José María Montiel, quienes lo sacaron en volandas del césped del Estadio de La Cartuja tras una lesión que daría paso a su inenarrable calvario, lo sabían. Había dicho adiós a la élite apenas 96 minutos después de su debut; los que jugó ante Levante y Atlético de Madrid. Ni siquiera pudo despedirse frente a ‘su’ Athletic, pues Pepe Mel, al que sólo tardó cuatro meses en convencer de su talento, decidió dejarle en el banquillo aquel día.

Pero la vida sigue y, tras tomar la decisión más dura de la suya, Vilarchao se puso manos a la obra para volver cuanto antes al fútbol. No como jugador, obviamente, aunque tampoco tenía muy claro el camino a tomar. Por ello decidió emprender ambos: el de los despachos, obteniendo el Máster en Dirección Deportiva y haciendo labores de scouting para el Betis en su tierra; y el de los banquillos, superando los dos primeros niveles y llevando al Juvenil ‘A’ del Danok Bat a la quinta plaza en la División de Honor Juvenil en 2018.

Ahora, a sus 28 años, vuelve a Sevilla para retomar el camino que dejó a medias en esta misma ciudad. Aunque tenga que empezar de cero, como preparador del colista de la Segunda División Andaluza.

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Eder Vilarchao, durante la entrevista | Foto: Carlos G. Urbano

Pregunta. ¿Qué ha sido de Eder Vilarchao? Le habíamos perdido la pista…

Respuesta. Estuve como ojeador en Euskadi algo más de una temporada, me saqué los dos primeros cursos de entrenador y hablé con el Athletic de Bilbao, que tiene muchos contactos allí. Después de ellos, el club más fuerte de la ciudad a nivel de cantera es el Danok Bat, donde empecé la temporada como segundo entrenador y la terminé como primero. Me encantó la experiencia.

P. Tras retirarse, se sacó el título de director deportivo. ¿Por qué se ha pasado a los banquillos tan rápido?

R. Quería probar ambas cosas. A mí el fútbol me encanta, pero al no poder seguir jugando quiero averiguar qué me gusta más. En octubre del año pasado volví a Sevilla, pero estaban todos los equipos cerrados. Hablé con el Betis incluso, pero era tarde. Hace cosa de un mes, a través de un amigo, surgió la posibilidad de entrenar al equipo sénior del Atlético Libertad. Y como para hacer el tercer nivel de técnico necesito estar seis meses en un equipo como primer entrenador, me venía de maravilla.

P. ¿Y cómo les va?

R. Somos colistas. El primer partido lo ganamos 6-1. Poco a poco.

P. Debe haber sido un gran cambio para usted, que ha sido profesional.

R. Es muy distinto. Todos tienen sus trabajos y eso me complica la preparación de los partidos. Cuento con veinte jugadores, pero a lo mejor sólo se presentan doce. Un día no puede venir uno, al día siguiente otro…

P. ¿Cuenta al menos con cuerpo técnico?

R. Sí, bueno; el entrenador de los juveniles a veces entrena con nosotros. Pero lo hago yo todo. Es imposible tener segundo entrenador, preparador físico o fisioterapeuta. Es muy diferente a lo que he estado acostumbrado a vivir.

P. Pero es muy joven. Aún puede alcanzar a Julian Nagelsmann, Domenico Tedesco y compañía.

R. Sí, sí (ríe). Por algo hay que empezar.

P. Porque jugar, jugar… ni a nivel amateur, supongo.

R. Imposible. Tengo tres operaciones en el tobillo, un montón de infiltraciones… No tengo cartílago. Roza hueso con hueso. Imagínate lo que es eso.

P. ¿Qué limitaciones le provoca esto en su día a día?

R. Dentro de lo que cabe, puedo hacer una vida ‘normal’, pero no estoy para hacer deporte. A veces juego algún partidillo -durante los entrenamientos-, pero al día siguiente no puedo ni andar.

P. Si escogiera el camino de los banquillos, ¿se ve capaz de llegar al fútbol profesional a medio plazo?

R. Mi objetivo cuando jugaba era llegar a Primera División. Como entrenador quiero llegar también lo más alto posible. Me gustaría entrar en alguna cantera de nivel, como la del Danok Bat, la del Athletic o la del Betis, donde formar chavales, trasladándoles mi conocimiento, y donde formarme yo.

P. ¿A quién se acerca más su estilo de juego como técnico: a Gaizka Garitano o a Quique Setién?

R. Ni a uno ni a otro. En el fútbol no hay que jugar siempre al pelotazo o a tener siempre el balón. A mí me gusta tener el balón, pero para hacer peligro, para ser ofensivo. Tenerlo con un fin. Hay diferentes estilos de posesión. Decía Garitano el otro día que el Betis tuvo la posesión, pero sin peligro. No critico a Setién; el cambio que ha pegado el equipo con él es una pasada. Cuando yo estaba en el club se jugaba diferente. Me imagino que este estilo se irá puliendo y será cada vez más ofensivo, más vertical. El fútbol que tiene no lo transforma en ocasiones, que es lo que le falta.

P. Estuvo en la cantera del Athletic y, aunque sólo cuatro meses, también en la del Betis. ¿Qué diferencias encontró entre Lezama y Heliópolis?

R. Sinceramente, noté el cambio una barbaridad. Allí había muchos más medios que aquí. Sé de buena tinta que ahora se está haciendo un mayor esfuerzo económico a nivel de instalaciones, pero cuando yo llegué en verano del 2012 sólo había dos campos en la ciudad deportiva. En Lezama había muchos más entrenadores, más fisios, más campos de entrenamiento… Pero al Athletic no le queda otro remedio que tener una de las mejores canteras de España porque vive prácticamente de eso. La inversión siempre ha sido mayor, pero en el Betis se está poniendo remedio y están saliendo buenos jugadores.

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Eder Vilarchao, dirigiendo al Atlético Libertad | Foto: Carlos G. Urbano

P. ¿Cree que podría haber llegado a jugar en ‘su’ Athletic?

R. Sí, lo creo. Me veía capacitado para haber hecho una carrera bonita en Primera División. Pero nunca se sabe. Podría haber terminado en Segunda ‘B’, en Tercera… o haber estado quince años en Primera. Eso nunca lo sabré.

P. ¿Mantiene buenos contactos por allí pese a no haberlo logrado?

R. Sí, claro. Llegué en alevines y fui subiendo. Aunque haya cambiado la directiva, mantengo el contacto con algunos coordinadores, médicos, entrenadores… El año pasado hasta les recomendaba jugadores.

P. Hablando de médicos, deduzco que los aborrece un poco ya.

R. De momento voy lo normal. No quiero volver a saber nada de médicos durante un tiempo, aunque sé que lo necesito. Me han cuidado y me han tratado todos muy bien, pero lo he pasado tan mal que no quiero ni pisar una clínica.

P. Sobre su lesión siempre planeó la sospecha de algún tipo de negligencia, al menos desde fuera. 

R. No creo que ningún médico hubiese querido lo peor para mí.

P. Pero un error lo puede tener cualquiera…

R. Puede que tanto los médicos como yo hiciésemos cosas que no tendríamos que haber hecho. Creo que empecé a entrenar demasiado pronto.

P. De hecho, realizó la pretemporada con el primer equipo. ¿Un tanto precipitado, quizás?

R. El caso es que tuve una fractura de tibia a la altura del tobillo. Era una lesión complicada; ya me lo dijeron en su momento. El hueso no se rompió limpiamente, sino por la mitad. Al poner los dos tornillos y empezar a entrenar con ellos aún puestos, el cartílago se dañó. A partir de ahí fue imposible. Un médico, otro médico… Pero el cartílago no se regenera.

P. Su última convocatoria fue, curiosamente, ante el Athletic Club, pero no llegó a jugar. Y esa misma semana…

R. Tres o cuatro días después, en La Cartuja, durante un entrenamiento, sí. Durante los últimos cinco minutos, además. Me pilló todo el cuerpo apoyado sobre el tobillo izquierdo en una jugada con Salva Sevilla y se me rompió. Cosas del fútbol; cosas que pasan.

P. ¿Cómo ha afrontado a nivel psicológico y mental este calvario?

R. Lo he pasado muy mal. He llorado un montón de días. Pero es lo que me ha tocado; me ha tocado sufrir. Pude disfrutar de dos semanas en Primera División, pero he sufrido bastante. Imagínate, además, la situación con mi familia en Bilbao y yo aquí, solo. Es un palo duro. Siempre pensé que me podía haber recuperado. Siempre, durante dos años y medio, pero llegó un momento en el que vi que era imposible. Me operaba, me infiltraba… Al menos tengo la conciencia tranquila de que hice todo lo que estuvo en mi mano.

P. ¿Qué lugar ocupó en la plantilla, en el vestuario, según pasaban los meses y no se recuperaba? ¿Se sintió aislado del resto de sus compañeros?

R. El que me aislaba era yo. Todos intentaban estar bien conmigo, me daban ánimos, pero el que iba a la ciudad deportiva y no entrenaba era yo, metido en el gimnasio todo el día. Al final, te distancias tú solo. Había días que no quería ni aparecer por allí. Era muy duro.

P. En todo ese tiempo tuvo cinco entrenadores diferentes: Pepe Mel, Juan Carlos Garrido, Gabriel Calderón, Julio Velázquez y Juan Merino. ¿Cómo intentaron -si lo hicieron- que se sintiese parte del equipo? ¿Se rindieron, quizás?

R. Lo intentaban, claro, pero cada vez era más complicado. No poder contar con un jugador que tiene contrato con el primer equipo es… No sólo te aíslas tú, sino que te van aislando también. Es complicado evitarlo, no se lo achaco a ningún entrenador.

P. ¿Cómo valora el ‘gesto’ del Betis al renovarle tras la lesión?

R. La verdad es que es un detalle muy bonito que tuvieron conmigo, a mí me agradó, pero también creo que lo hicieron porque confiaban en mis capacidades. Dudo que hubiesen renovado tres años a alguien en quien no hubiesen confiado o sólo por hacerme un favor.

P. ¿Cómo le comunicaron que pasaba a formar parte del primer equipo?

R. Cara a cara. Lo recuerdo con ilusión, fue muy bonito. Era diciembre y ya entrenaba asiduamente con ellos, uno o dos días por semana. Llegó el momento de irme de vacaciones a Bilbao. Tenía tres o cuatro días de descanso con el filial, pero, antes de irme, Pepe Mel se reunió conmigo para decirme que tenía que adelantar las vacaciones, que iba a estar con el primer equipo. Si no iba convocado con ellos, tampoco lo iba a hacer con el Betis ‘B’. Me dijo que me veía preparado, que confiaba en mí y que adelantase las vacaciones. Mi primera convocatoria fue contra Las Palmas, en Copa del Rey, pero no jugué. Al domingo siguiente, debuté contra el Levante. Fue entonces cuando Mel dijo en rueda de prensa que yo era «un fichaje de invierno».

P. Y además de comunicarle su ‘ascenso’, ¿qué le dijo Mel que esperaba de usted? ¿Qué rol le asignó dentro del equipo?

R. A él le gustaba mi descaro, que fuese un jugador atrevido. No me quemaba el balón ante 40.000 personas en el Villamarín. Estaba nervioso, sí, pero no se me notaba. Yo sólo tenía ganas de salir al campo y demostrar. A él le gustaba eso, que no tuviera miedo. Me puso por detrás del delantero (Rubén Castro) justo cuando íbamos ganando 1-0 y el Levante apretaba. El partido me salió bien, tuvimos la posesión y ganamos 2-0. Él quería que tuviésemos el balón, y lo tuvimos.

P. Durante sus primeros y únicos días en Primera División, ¿quién fue su principal apoyo en el vestuario?

R. Ya conocía a canteranos como (Álvaro) Vadillo o Nono, pero, de los ‘mayores’, me llevaba muy bien con Paulao. Me sentaba con él, con (Antonio) Amaya… Ellos me ‘abrieron’ las puertas del vestuario, me recibieron muy bien.

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Eder Vilarchao, durante la entrevista | Foto: Carlos G. Urbano

P. A nivel de club, del Betis como institución, ¿empezó a notar desinterés hacia usted al ver que no avanzaba en su recuperación? ¿Se sentía una ‘carga’? ¿Se tensó la relación?

R. Hombre, está claro. No era lo mismo al principio, cuando debuté, que tenían muchas esperanzas puestas en mí y me acababa de lesionar, que cuando habían pasado dos años y seguía lesionado. Me sentía incómodo con el club y el club conmigo. Al principio me enfadaba, pero han pasado los años y veo hasta lógico no que mostrasen desinterés, sino que se les hiciese duro que tuviesen un jugador en nómina y aguantar que fuese de médico en médico. En lo deportivo no podía aportar. Otras veces me decía a mí mismo «¿qué culpa tengo yo, que he puesto todo de mi parte?» No había hecho nada malo; nadie tenía la culpa. Sucedió y ya está.

P. Al final, rescindieron el contrato de mutuo acuerdo en noviembre de 2015. ¿Por qué no apuró su contrato sabiendo que sería el último?

R. Tenía contrato hasta el 30 de junio de 2016, pero lo hice porque no sólo era lo mejor para el Betis, sino también para mí, que era el que estaba sufriendo de verdad. Lo hablé con mi familia y con mi representante; yo quería arreglarlo todo por mi bien y por el del club. Llegamos a un acuerdo y quedamos bien, dentro de lo que cabe.

P. ¿Sintió desilusión en aquel momento? No por retirarse, sino por descubrir la frialdad que esconde el fútbol profesional.

R. Por supuesto. No voy a decir que fuese más feliz jugando en juveniles o en el filial, pero la diferencia con la Primera División es evidente. No hay maldad, pero todos tienen su familia, todos velan por sus propios intereses, hay mucho dinero de por medio… No es el fútbol sano que se ve en categorías inferiores. En Primera te juegas ‘sobrevivir’, tener un contrato el día de mañana, el sustento de tu familia. En ese sentido, creo que el vestuario del Athletic de Bilbao es más sano que ningún otro de Primera.

PDesde su posición, ¿cómo vivió aquellos convulsos años del Betis a nivel deportivo e institucional? Europa, el descenso, entrenadores y directores deportivos nuevos cada pocos meses, el ascenso…

R. Estaba loco. Formaba parte de una plantilla que pasó de estar en Europa a Segunda División… ¡y no podía ayudar al equipo en nada! Y es cierto que, en aquel momento, la cosa estaba complicada a nivel de vestuario. El club también cambió de presidente, de director deportivo… Pero ahora veo que el Betis es un equipo al que ha llegado la estabilidad, que está saldando sus deudas, que está fichando bien y que está mejorando a nivel de cantera. Espero que siga así.

P. ¿Sigue yendo al Benito Villamarín o a la ciudad deportiva?

R. Sí, cada vez que me lo permite el tiempo. Me encanta. Del Betis y del Athletic no me pierdo un solo partido, aunque no sea en directo. También me gusta ver al filial.

P. ¿Cuál es su análisis de la derrota del Betis en San Mamés?

R. Me la esperaba. El Betis tiene un equipazo, pero va a acusar -y, de hecho, lo está acusando- jugar tres competiciones. Y el fútbol del Athletic no le conviene. Presionan mucho, salen bien a la contra, tienen jugadores rápidos… Ya se vio en la primera vuelta hasta la expulsión de (Markel) Susaeta. En éste me esperaba lo mismo.

P. ¿Cómo valora, ya que tiene la titulación, la planificación deportiva del Betis? ¿Qué fichaje le ha sorprendido más desde que llegó Lorenzo Serra Ferrer?

R. Igual que otras veces me pareció deficiente, ahora creo que es una barbaridad lo que están haciendo, firmando bien, tanto nombres contrastados como jóvenes promesas, como Diego Lainez, al que yo ya había visto jugar. ¡Me parecía un talento que al que el Betis no podía aspirar, sinceramente! Giovani Lo Celso me parece también un gran fichaje, o Marc Bartra… pero Sergio Canales me parece un escándalo de jugador. El poder de convicción del director deportivo juega un papel muy importante. No todo es dinero. Han hecho un trabajo magnífico.

P. ¿Cómo es el  día a día de Eder Vilarchao, aparte de entrenar al Atlético Libertad? ¿Continúa haciendo labores de scouting para algún club, por ejemplo?

R. En su momento le ofrecí al Betis mi ayuda; les dije que podían contar conmigo. Pero de momento estoy con el Atlético Libertad y viendo mucho fútbol a todos los niveles. Suelo ir a las ciudades deportivas de Sevilla y Betis también. Me gusta y espero vivir de ello el día de mañana. A ser posible, a partir de la próxima temporada.

P. ¿Y a nivel económico? Perdone la indiscreción, pero, al retirarse tan joven y entrenar a  un club amateur, es difícil no preguntarse cómo ha gestionado los emolumentos de su corta trayectoria profesional.

R. Siempre he considerado que tengo la cabeza muy bien amueblada. Ahorré parte de lo que gané, me compré una casa aquí. La pagué prácticamente entera, al igual que el coche, y aún así me queda un poquito para vivir. No obstante, también cobro una pensión por mi lesión que está bastante bien. Pero no me quedo con eso; no quiero limitarme a cobrar una pensión. Hay que comer, y no me falta para comer, pero a mí el dinero me da igual. Lo que quiero es trabajar de lo que me gusta, por eso me saqué el título de dirección deportiva y estoy cursando para ser entrenador. Quiero sentirme realizado. Hay que tener la mente muy fría para no derrochar el dinero.

P. Pero la tentación siempre está ahí ¿no? Sobre todo con el primer ‘sueldazo’ en Primera.

R. Claro, pero depende de la personalidad de cada persona. He derrochado hasta yo. Vas a comer, haces lo que te da la gana… ¡y prácticamente no te enteras! Es una vida ficticia, como quien dice, reservada para unos cuantos elegidos. Pero ahora no tengo problemas, me adapto. No me ha supuesto un gran cambio.

Escrito por

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Responsable de la dirección periodística y las redes sociales de Beticismo.net. Redactor en Medina Media Andalucía. Autor del libro 'La década perdida'.

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