Con el empate, le toca al Betis realizar la gesta con la que lleva años soñando la grada

Los buenos actores son los que a veces hacen como que olvidan el guion para dejar una frase memorable para la historia. Le pasó a Harrison Ford, en «El imperio contraataca», con ese «I know» improvisado al «I love you» de Carrie Fisher y que aún resuena por toda la galaxia. Y le va a pasar al Real Betis –si quiere estar en la final de la Copa del Rey–, pues hay un «I love you» que anoche palpitaba entre miles de gargantas. No obstante, habrá que esperar al partido de vuelta para ver si el Betis le corresponde con un «I know» improvisado.

El tifo que ondeaba en las gradas, y las 57.100 gargantas que invocaban el «quejío» y el quiebro verdiblanco, invitaban al Real Betis a realizar una gesta. Al final, la invitación se convirtió en premonición y los verdiblancos estarán obligados a salirse del guion, como ocurre en las grandes historias, para conseguirla. Para ello, el Betis va a tener que dejar de suspirar y tirar de ingenio para encontrar las palabras adecuadas de lo que quiere decir en esta eliminatoria.

Lo que pasa es que, a veces, un suspiro es la mejor forma de expresión cuando las emociones encarcelan a las palabras. Hay suspiros de alivio, pero también de frustración, nerviosismo o cabreo. Y todos ellos han tenido cabida en el partido de ida de las semifinales de la Copa del Rey, disputado entre el Betis y el Valencia.

El primer suspiro fue de alivio tras esquivar al Madrid y al Barcelona en las semifinales. Este rumor optimista ha envenenado la eliminatoria, pues tanto alivio daba a entender que, de esta forma, tanto Betis como Valencia tendrían plaza en la final. Igual esperaban jugar un triangular. Pero no, resulta que al final solo puede pasar uno y este partido tampoco ha dejado claro quién de los dos será. De ahí, el segundo suspiro. En este caso, de frustración, por un empate cuando el partido parecía que ya estaba decantado.

«Con el partido en empate, el estadio se queda completamente frío»

Entre medias, un suspiro más, de alivio, otro de nerviosismo y un gol olímpico. Aunque todo esto, sin embargo, deja más cerca de la final al Valencia que al Real Betis. No obstante, como ocurre en todas las gestas, el primer acto estuvo protagonizado por la victoria de lo que parecía una batalla fácil. El equipo salió arropado por el calor de los suyos. Daba la sensación de tener el control en todo momento. Incluso cuando no lo tenían. El peligro se veía apagado por una fe ciega en el «ahora o nunca». Tanto es así, que el Villamarín, tras el gol olímpico de Joaquín, vivió el momento más dulce de los últimos catorce años de su historia.  Sin embargo, este sentimiento se vería ahogado por el segundo acto de esta historia que, tal y como marca el guion en estos casos, siempre conlleva un susto.

Con el 2-0 en el marcador, el Valencia juega como lo hacen los equipos agnósticos, es decir, con nerviosismo e impaciencia. De hecho, en la banda, Marcelino se convierte en un gif cabreado y revolucionado. Tan cabreado y tan revolucionado que termina por contagiárselo a alguno de sus jugadores, como Soler, que con los nervios rompe de una patada por detrás a Guardado. En la repetición de la falta se ve como Parejo le reprocha con los brazos a su compañero: «¿Dónde vas, alma de cántaro?». Así las cosas, Parejo se cose el balón al pie y señala un nuevo camino al equipo ché. Con un centro al área, Cheryshev marca el primero y le recuerda al Valencia que ellos también suspiraron de alivio al ver que les había tocado el Betis en semifinales.

Ya entrando en la recta final, Setién decide que, como el partido ya no es de nadie, lo mejor en estos casos es sembrar el caos y la incertidumbre y da salida a Jesé, un jugador que en un año ha jugado solo dos minutos. El partido no tarda en romperse. Entre vaivenes de ataques apasionados y defensas que se mueven al límite, al final, como siempre, salen perdiendo los verdiblancos. Mientras el Betis buscaba el tercero en la portería rival, se encuentran soltando un suspiro de decepción tras el gol del Valencia en el descuento, cerrando así el final del segundo acto de la ida.

Con el partido en empate, el estadio se queda completamente frío. El último suspiro, esta vez de alivio, lo da el equipo visitante, con aire de victoria. Ambos equipos jugaron su partido y siguieron sus respectivos papeles. No obstante, le toca al Betis realizar la gesta con la que lleva años soñando la grada. Ser el actor que hace que la película sea buena y que no depende solo de tener un buen guion. Tendrá que hacerlo como lo ha venido haciendo hasta ahora: a contraestilo, saliéndose del papel. Le toca improvisar y replicar, con ingenio y firmeza. Y en estos casos, solo una cosa se puede responder a un «te quiero», tan honesto y sincero, como el que la grada le canta a la Copa del Rey: «Lo sé».

Escrito por

Periodista y redactor de contenidos. Dice que «escribe, pero no le sale tan bien como el salmorejo» y, aún así, ha pasado por el Diario de Cádiz, El Confidencial y ABC de Sevilla. Como redactor, claro, no para hacer salmorejo. Gaditano nacido en Ronda y sevillano de adopción, como bético no dejan de preguntarle eso de: «¿Por qué eres del Betis, si no eres de Sevilla?». Pero le da coraje tener que responder una pregunta tan obvia.

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