Ante el Leganés, el Betis demostró que profesa una especie de fe o de religión en un estilo, esperando a que se obre el milagro anunciado por el profeta

Los domingos también tienen su receta y sus ingredientes. Un domingo de verdad tiene su pizca de resaca, su arroz con la familia, un poco de película mala durante la siesta y, para darle ese sabor tan amargo, una derrota del Betis.

Ya de por sí un domingo es malo porque es la antesala del lunes. Porque es el acantilado, el vértigo que precede a la semana. El prefijo de la pereza extrema. Un día en que se supone que el fútbol está ahí para salvarnos. Pero solo si no eres del Betis. Cierto es que hay domingos que aún huelen a sábado. Otros que caen en puente y tiro porque me toca. La excepción hace la regla. Por eso, el domingo de verdad, el día menos edulcorado, es ese en que el Betis lo hace todo mal.

En Butarque, los de Heliopolis volvieron a demostrar que hay una cosa que saben hacer mejor que nadie: perder en domingo. Por supuesto, defendiendo a capa y espada el estilo que tanto les ha costado encontrar: poseer el esférico con contrato de permanencia, pero olvidar cómo se tiene que utilizar.Ya se encargó En-Nesyri de demostrarlo hasta en tres ocasiones (aunque pudo ser alguna más). La primera ocurrió en uno de los córners peor defendidos por un equipo de fútbol profesional. Y el conjunto pepinero no dudó en aprovechar que el domingo se les ponía de cara.

Solo le sirve para ganar a contraestilo y a balón parado, o para perder estrepitosamente sin ni siquiera visitar con peligro la portería rival

El Leganés no es el primero y tampoco será el último en demostrar que este equipo ya no practica el fútbol, sino que profesa una especie de fe o de religión, y ya solo espera pacientemente a que se obre el milagro anunciado y repetido en tantas ocasiones por su profeta.

Es preocupante, cuanto menos, que el Betis tenga una de las plantillas mas ofensivas, mas talentosas y con mas opciones de la última década y solo le sirva para ganar a contraestilo y a balón parado, o para perder estrepitosamente sin ni siquiera visitar con peligro la portería rival.

La víctima, al fin y al cabo, no es otra que la credibilidad de un equipo. Los efectos colaterales: los puntos y la sensación de haber perdido otra oportunidad. Sin embargo, el partido se puso de tal manera que ya no había manera de dar marcha atrás. El día estaba encarrilado y tenía todos los ingredientes para ser un domingo de verdad. Así que el Betis cumplió con su parte.

Una jornada mas, se nos queda el sabor amargo de no saber qué pasaría si se les concede a estos futbolistas un plan B, una vía de escape cuando el domingo se tuerce. Un arroz con la familia o un paracetamol para el dolor de cabeza. Una película acompañada de una siesta que rebaje el drama que precede al lunes. Una alternativa para evitar que el Betis pierda, una vez mas, por hacerlo todo mal. Para que el domingo sea menos domingo, y no ocurra lo mismo semana tras semana. Temporada tras temporada. Y ya estamos a lunes otra vez, esperando que llegue el domingo de nuevo.

Escrito por

Periodista y redactor de contenidos. Dice que «escribe, pero no le sale tan bien como el salmorejo» y, aún así, ha pasado por el Diario de Cádiz, El Confidencial y ABC de Sevilla. Como redactor, claro, no para hacer salmorejo. Gaditano nacido en Ronda y sevillano de adopción, como bético no dejan de preguntarle eso de: «¿Por qué eres del Betis, si no eres de Sevilla?». Pero le da coraje tener que responder una pregunta tan obvia.

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  • Bien escrito, chaval. vas bien.

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