Cuántas vidas caben en un mes

Da la sensación de estar desangrándose por los costados y, sin embargo, sigue vivo

Juan Tallón describe muy bien en su último artículo lo que sucede durante el mes de febrero: «Nos las vemos con uno de esos períodos que necesariamente acaban mal para alguien. Son tan catastróficos y emocionantes que no te importa si te toca a ti ser el muerto».

Febrero es la boda roja del fútbol. No obstante, parece que el Betis está saliendo con pulso de los primeros catorce navajazos, porque últimamente no se escucha otra cosa: «Sigue vivo en las tres competiciones». Por el camino se deja una victoria, una derrota y dos empates. Las sensaciones en estos últimos cuatro partidos parecen mandar un mensaje claro: el equipo huele a cadáver. Y, sin embargo, sigue con vida.

La cuestión, ahora, es cuántas vidas más caben en el Betis para sobrevivir a febrero. Alguna de ellas las gastó frente al Stade Rennes en la ida de los dieciseisavos de la Europa League. Eso seguro. El descalabro que se dio en los diez primeros minutos en Rennes fue como ver a un gato saltar desde un tejado, con toda la confianza, y aterrizar mal.  Para haberse matado. Es cierto que el Betis salió al terreno de juego con ganas, pero cayó panza arriba y se dejó unas cuantas vidas en menos de veinte minutos.

La primera de esas ellas se la llevó la defensa por delante, a los dos minutos, y después Javi García, al meterse un gol en propia puerta; la segunda se la arrebataron a Junior, que tuvo que salir en camilla del campo en el minuto 24 y, con él, todo el peligro que estaban generando los verdiblancos. «Le principal danger de cette équipe», confirmaban los comentaristas franceses.

De una forma tan incomprensible como la que llevó al árbitro a pitar penalti, tras lo que pasó en el área verdiblanca

Pero ya se sabe: el Betis te da, pero también te quita. Y entró Laínez para darnos lo que el Betis nos había quitado en tan pocos minutos: un par de vidas más. Entre él y Lo Celso, que marcó el primero, con Canales enchufado y Sidnei firmando uno de los mejores partidos de la temporada, el Betis entendió que la vida son dos días. Y uno ha volado ya.

Pero, claro, a veces pasa que la vida también se tuerce inexplicablemente. De una forma tan incomprensible como la que llevó al árbitro a pitar penalti, tras lo que pasó en el área verdiblanca, ya cuando el partido estaba al borde del descanso, con el Betis creyendo en sus posibilidades. No se entienden las razones que pudo encontrar el árbitro para pitarlo, pero lo hizo. Así las cosas, con el 3-1 en el marcador todavía había alguno que pensaba que el Betis seguía con vida. «Pero, ¿qué clase de vida?», pregunta alguien al aire, sin esperar ningún tipo de respuesta.

A balón parado, una vez más, el Betis se tomaba el pulso y Sidnei, con un gol de cabeza, lo confirmaba: latimos. Por momentos parece que no, pero el corazón sigue bombeando fútbol. En una de esas jugadas de vértigo del equipo rival, ya en la segunda parte, el Betis tiene una oportunidad de salir a la contra, pero Joel agarra el balón y la cámara le enfoca tan de cerca que se le puede escuchar pensar: «¿Por qué tan rápido, pudiendo hacerlo lento? La vida está para saborearla».

Canales pone un balón en el área que nadie remata y Laínez dispara una volea que nos devuelve le pulso

Esa jugada, esa posesión del Betis, pasa por casi todos los jugadores. Hay una falta de por medio, un córner y, después, un gol. Para cortar la hemorragia acude una vez más Canales, que pone un balón en el área desde el córner, que nadie atina a rematar, y Laínez, que hasta el momento nadie sabía que era experto en RCP, dispara una volea que nos devuelve el pulso. Con el empate a tres en el marcador, el Betis pasa de la muerte a la vida. Una vez más.

Martínez Ares, al igual que Tallón, describe muy bien en una de sus letras esta sensación que se respira durante estos veintiocho días: «Febrero quiere sangre y se la vamos a dar». Y está claro que el Betis está dispuesto a hacerlo. Da la sensación de estar desangrándose por los costados y, sin embargo, no deja de dar señales de que sigue vivo. Late. Y al final va a ser verdad. Puede que sí, que aún le quepan algunas vidas más a este febrero. «El febrero de nuestra vida», que diría Tallón.

Escrito por

Periodista y redactor de contenidos. Dice que «escribe, pero no le sale tan bien como el salmorejo» y, aún así, ha pasado por el Diario de Cádiz, El Confidencial y ABC de Sevilla. Como redactor, claro, no para hacer salmorejo. Gaditano nacido en Ronda y sevillano de adopción, como bético no dejan de preguntarle eso de: «¿Por qué eres del Betis, si no eres de Sevilla?». Pero le da coraje tener que responder una pregunta tan obvia.

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