Jesé lanzó un latigazo sobre la portería rival y el balón, que entró y no entró al mismo tiempo, salió repelido por un defensa

A lo ocurrido hoy sobre el césped del Villamarín bien podría haberle valido la introducción de «Match Point», una de las películas más célebres de Woody Allen: «Aquél que dijo “más vale tener suerte que talento” conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. Nos asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control».

Y el Betis, en el partido ante el Alavés, tuvo mucho, mucho más talento que suerte. De hecho, el Villamarín vivió más de noventa minutos con el corazón encogido, como en esa escena de «Match Point», cuando la bola golpea contra la red, pero ésta no cae ni para un lado ni para el otro, sino que al espectador se lo traga un fundido a negro.

Nada de esto se podía imaginar por cómo empezó el encuentro y por cuánto se esforzaron los verdiblancos. De hecho, daba la sensación de que, en realidad, hubieran empezado a jugar este partido con tres días de antelación. Más concretamente, en la segunda parte contra el Stade Rennes. Arrastrados, quizás, por la energía cinética de este último encuentro, el Real Betis demostró sobre el campo lo que tantas veces se ha discutido sobre el papel.

El VAR decidió no abrir la caja para comprobarlo, y el Betis se quedó al final con un gato que no sabe si está vivo o muerto

Eso sí, más allá de la actitud, el estilo o la intensidad, está comprobado que toda la suerte que le falta a este equipo a veces queda maquillada por el talento de sus jugadores: desde la galopada de William Carvalho, que partió por la mitad al Alavés con el 1-0 de Lo Celso, al omnipresente Canales, que no dudó en pelear cada balón, por fútil que fuera la jugada, y arrastrar al equipo a un asedio continuo contra los de Vitoria. Porque al Betis un gol le parecía poco: quería y merecía más.

No obstante, anulados por la mala suerte, le tocó al equipo verdiblanco sufrir una de esas paradojas de Schrödinger, que parecían estar ya extintas gracias al VAR. En una jugada personal, Jesé lanzó un latigazo sobre la portería rival y el balón, que entró y no entró al mismo tiempo, salió repelido por un defensa sobre la línea de gol. Sin embargo, el VAR decidió no abrir la caja para comprobarlo, y el Betis se quedó al final con un gato que no sabe si está vivo o muerto.

Tras ese gol de Jesé, que era y no era al mismo tiempo, el Alavés aprovechó la única ocasión que tuvo en todo el partido para sentenciar la suerte del Betis. Así las cosas, y con empate en el marcador, el equipo verdiblanco no dejó de intentarlo. El hecho de que Laínez estuviera más tiempo rodando por el suelo explica el peligro que estaban generando los de Heliópolis al final de la primera parte y lo difícil que estaba resultando pararles. Si no, que se lo digan a Brasanac, que todavía está intentando descifrar el truco de magia con el que Canales hizo desaparecer la pelota delante de sus narices.

Pero, al final, la suerte decide que la pelota choque contra la red y no caiga sobre un lado ni sobre el otro

Así, la segunda parte comenzó y terminó con dominio bético. Cuanto más dominio, menos suerte disfrutaban los verdiblancos de cara a la portería rival. Una vez más, apareció la figura de Jesé para ejemplificar la mala fortuna con la que el Betis no dejaba de tropezar una y otra vez. Casi llegando al minuto 60, el ariete canario roba la pelota a una defensa despistada, aprovechando el error entre los centrales y Pacheco. Por muy poco, Jesé casi logra zafarse del portero, pero justo tropieza con su propia sombra y se deja el balón atrás, ya cuando se quedaba a solas con la portería vacía. Ya es mala suerte.

Casi al final del partido, Setién decide sacar escalera de color y, con Joaquín, Sergio León y Loren, llegan las ocasiones más claras de los béticos. Entre el minuto 84 y el 94, los de Heliópolis dejan claro que los tres puntos no se pueden escapar. Pero, al final, la suerte decide que la pelota choque contra la red y no caiga sobre un lado ni sobre el otro, sino que el Villamarín se vaya al siguiente encuentro, una vez más, con un fundido a negro. Tras un partido así, lo normal sería asustarnos solo de pensar cuántas cosas se escapan a nuestro control. Pero no hemos llegado hasta aquí para tener miedo. Mucho menos a estas alturas.

Escrito por

Periodista y redactor de contenidos. Dice que «escribe, pero no le sale tan bien como el salmorejo» y, aún así, ha pasado por el Diario de Cádiz, El Confidencial y ABC de Sevilla. Como redactor, claro, no para hacer salmorejo. Gaditano nacido en Ronda y sevillano de adopción, como bético no dejan de preguntarle eso de: «¿Por qué eres del Betis, si no eres de Sevilla?». Pero le da coraje tener que responder una pregunta tan obvia.

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