Dónde mueren las pesadillas

Los de Setién empezaron el partido clasificados y, quizás por eso, el Stade Rennais decidió que al menos uno de los dos equipos tenía que jugar la eliminatoria

Dice Joan Didion en «El año del pensamiento mágico» que la vida cambia deprisa. «Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba». Rápido y sin darte cuenta. De una forma precipitada. Así le cambió la vida al Betis. Primero en Rennes. Después en Sevilla. Se sentó a cenar y, cuando se levantó, ya no estaba en Europa. La vida era distinta.

De un tiempo a esta parte, el Betis ha sido un equipo que vive en duermevela. Ni termina de soñar, ni de estar despierto. Vive intranquilo en una eterna pesadilla. Tanto es así que, durante los noventa minutos de partido, nadie del equipo verdiblanco consiguió resolver el dilema que se les presentaba si querían pasar a la siguiente fase: ¿Dónde muere una pesadilla?

A priori, el Betis no tenía que hacer nada. De hecho, sólo tenía que ser él mismo: disponer de la posesión hasta límites insospechados y no generar peligro en ninguna de las dos porterías. Y se supone que, ser tú mismo, en principio, debería de ser fácil. Pero ya se sabe que, con el Betis, nada es fácil.

Por su parte, los de Setién empezaron el partido clasificados. Quizás, por eso, el Stade Rennais decidió que al menos uno de los dos equipos tenía que jugar la eliminatoria. Desde el inicio, los franceses tomaron la decisión de hacerse con el balón, la iniciativa y el peligro, ya que el Betis no lo quería. Así las cosas, y pasados los 20 minutos de partido, llega el primer gol del equipo francés. En un saque de esquina, Bartra se agacha como quien se encuentra dinero en el suelo y Bensebaini remata a placer. Cuando se levanta, el central bético pone cara de que, efectivamente, no había nada allí abajo. Tampoco la clasificación a la siguiente ronda.

Los de Heliópolis siguen sin hallar ni respuesta ni balón y, en consecuencia, sin saber cómo deben matar a la pesadilla

Poco a poco, el Betis empieza a darse cuenta de que hace tiempo que ha dejado de soñar. Durante la primera media hora solo intentaron, inútilmente, salir de la inquietud. Pasaban los minutos y los de Heliópolis seguían sin hallar ni respuesta ni balón y, en consecuencia, sin saber cómo debían matar a la pesadilla. Solo Jesé, en el minuto 26, se colaba en el área contraria y disparaba a puerta a la desesperada, demostrando que estaba preparado para hacernos soñar. Pero tampoco fue suficiente.

No obstante, poco duró la embestida verdiblanca: tres minutos más tarde, el Stade Rennais hacía el segundo gol. Fácil, muy fácil. Otra vez, con el beneplácito de la defensa verdiblanca. A la contra, el conjunto francés dejaba una y otra vez al Betis sentado en el diván. Roto. Reflexionando sobre sus defectos y sus carencias. Buscando el significado a un mal sueño que no termina.

Así llegan los verdiblancos hasta el minuto 40, cuando Canales traza un desmarque donde solo había espacio para meter un fuera de juego y se planta en la frontera francesa. Desde ahí, coloca una asistencia a los pies de Lo Celso que, una vez más, tira del remolque del Betis, acortando distancias en el marcador.

Con el 1-2, los verdiblancos parecen acercarse a la respuesta y, hasta el final de la primera parte, no dejarán de intentarlo. Una vez más, el peligro emana de los pies de Jesé. Antes del descanso, el canario caracolea en el área francesa y remata una de esas «balas de cañón» que insuflan esperanza en la remontada. Aunque, desgraciadamente, el balón termina rechazado por la defensa.

Más que para empatar el partido, da la sensación de que el técnico verdiblanco da salida a Emerson pensando en los encuentros que vendrán

Ya en la segunda parte, el Betis sigue igual de enchufado y se suceden las acometidas contra la portería rival. A Canales, intratable, hay que ponerlo a cámara lenta para poder llegar a verle. Una vez más, cuando ya no se esperaba a nadie, aparece Jesé. En el minuto 55, el ariete verdiblanco dibuja en la imaginación doce toques en tan solo medio metro, ya en territorio francés, para lanzar de nuevo un disparo que, como todos los que vendrán después, se queda en nada.

El Betis entra en esa dinámica que ya es parte de su idiosincrasia: toca, llega, tira, lo intenta y parece que empieza a cocinar un gol. Sin embargo, das dos sorbos a la cerveza, respondes un par de mensajes, vas al baño un segundo y el partido ya está casi en el minuto 70. El empate sigue sin llegar. El partido se empieza a diluir. El Stade Rennais decide jugar en el Villamarín a ser más Betis que el propio Betis: duermen el partido, tienen la posesión, defienden cada balón y su afición empieza a gritar «olé» tras varias jugadas eternas de su equipo.

Llegando casi al final del encuentro, Setién se acuerda de que aún dispone de un cambio mas, tras sacar a Laínez y a Sergio León, y mete a Emerson. Más que para empatar el partido, da la sensación de que el técnico verdiblanco da salida al chaval pensando en los encuentros que vendrán. Para que el brasileño empiece a familiarizarse con lo que significa ser bético. Esto es un «manquepierda», Emerson. Interiorízalo, porque vamos a necesitarlo para los dos siguientes partidos: hay que darlo todo, siempre, aunque se pierda. Y también cuando se gane. Sobre todo, cuando se gane.

Llega el final y el árbitro decide añadir cuatro minutos más. En el último de ellos, el Betis parece que, por fin, encuentra la respuesta a esa fatídica incógnita que lleva persiguiéndole toda la eliminatoria. Justo en el momento en que el Stade Rennais marca el tercero y deja el partido totalmente cerrado, ahí es cuando al Betis se le ilumina la bombilla: una pesadilla solo muere cuando empiezas a despertar.

Pero el Betis despertó estando ya fuera de Europa. Eso sí: quizás no sea tan tarde. Todavía quedan algunos partidos importantes con los que soñar. Aunque, por supuesto, esta vez hay que soñar despiertos. Ya se sabe, cualquier cosa puede pasar: te sientas a cenar y te cambia la vida.

Escrito por

Periodista y redactor de contenidos. Dice que «escribe, pero no le sale tan bien como el salmorejo» y, aún así, ha pasado por el Diario de Cádiz, El Confidencial y ABC de Sevilla. Como redactor, claro, no para hacer salmorejo. Gaditano nacido en Ronda y sevillano de adopción, como bético no dejan de preguntarle eso de: «¿Por qué eres del Betis, si no eres de Sevilla?». Pero le da coraje tener que responder una pregunta tan obvia.

No comments

LEAVE A COMMENT