Bailando hasta el apagón

Los verdiblancos llegan a marzo con el único objetivo de conseguir plaza europea para la siguiente temporada, que no es poco

Se apagó la música. Es cierto que el último compás aún está por escribir, pero hay una melodía que, al menos este año, no va a sonar en una final. Ese «quejío» verdiblanco, escrito por Rafael Serna para el centenario, que suena cada jornada a capella en la garganta de miles béticos, no se escuchará en la final de Copa del Rey. Al menos, no en la de este año.

Lo avisó Marcelino en la rueda de prensa previa al partido: pasará el equipo que juegue con cabeza. También el que juegue con corazón, «pero, sobre todo, con cabeza», sentenciaba el técnico del Valencia. Y el Betis jugó con intención, con voluntad y con coraje. Con corazón, con mucho corazón. Pero no con cabeza. No supo mantener el 2-0 de la ida, que se le escapó en los minutos finales, y tampoco supo impregnar a su juego esa intensidad para materializar algún gol en el partido de vuelta.

Oportunidades tuvo. Bailar, bailó. El Betis, de hecho, se encargó de ponerle música al encuentro. Por su parte, el Valencia fue quien se encargó de marcar los silencios. Tanto es así que, en Mestalla, en su campo, al equipo ché le bastó con una única ocasión para escribir un silencio más en la historia del equipo verdiblanco. Uno que dura ya más de catorce años.

Canales, Jesé y hasta Mandi consiguieron las mejores ocasiones para los béticos

No empezó mal el encuentro para el Betis, que saltó al césped con un adagio en la posesión. Tranquilo. Progresando poco a poco. Llevaba algunos partidos desafinado, no terminaba de sonar bien, de encontrarse cómodo en su estilo. Pero en Mestalla parecía que sonaban todas las notas. Por el otro lado estaba el Valencia, que en ningún momento quiso pelear por el esférico. Ni siquiera fue a buscarlo. Simplemente, esperaba a que el Betis se lo diera. El plan ché se basaba en vivir de los errores del rival.

Eso sí, durante buena parte del partido el Betis sonó muy bien. Era una melodía que crecía en un allegro constante de cara a la portería rival. Canales, Jesé y hasta Mandi consiguieron las mejores ocasiones para los béticos. En alguna, incluso, tuvo que intervenir Domènech para salvar a los valencianistas. Era el Betis quien disponía del peligro y del ritmo.

A balón parado, los de Heliópolis también buscaban la apoyatura con la que llegar a anotar. El camino directo para cantar gol. La música seguía sonando y el Betis bailaba. El Valencia, simplemente, esperaba. Así, hasta el minuto 42, cuando el equipo ché dio un paso adelante para poner punto y final al compás verdiblanco. Fue Rodrigo quien aprovechó el único despiste que tuvo la defensa bética, para marcar el 1-0 definitivo.

Sin duda, al equipo verdiblanco le faltó mucha inteligencia y cabeza para gestionar la eliminatoria

La segunda parte avanzó deprisa, a pesar de la paciencia con la que los béticos tocaban el balón. La música se iba apagando, pero el Betis se empeñaba en seguir bailando. En el segundo tiempo, el conjunto verdiblanco intentó acercarse a puerta y tirar, pero cada vez lo hacía con menos eficacia. Marcelino apareció entonces para poner un poco más de cabeza al encuentro y, en la recta final, metió una defensa de cinco.

El Betis, sin embargo, seguía tirando de coraje y corazón. Pero el camino de baldosas amarillas llegaba a su fin y no había manera de volver a casa con la final en el bolsillo. Sin duda, al equipo verdiblanco le faltó mucha inteligencia y cabeza para gestionar la eliminatoria. Para que la música siguiera sonando un partido más. Como dice la famosa canción de Vetusta Morla, el Betis, osado, se atrevió a seguir «bailando hasta el apagón», pero ya no había partitura para escribir más notas.

Y eso que el Betis comenzó febrero con posibilidades de avanzar en las tres competiciones. Sin embargo, los verdiblancos llegan a marzo con el único objetivo de hacerse con una plaza europea para la siguiente temporada. Que no es poco. De hecho, aún quedan muchas jornadas para soñar con conseguirlo. Restan muchos partidos para que siga sonando la música, «para cantarte tu canción». Para levantarnos y volver a dar la nota. Esperemos, eso sí, que con la lección aprendida: para llegar al final del camino de baldosas amarillas hace falta coraje, cabeza y corazón. Hasta entonces, habrá que seguir bailando. Disculpad mi osadía.

Escrito por

Periodista y redactor de contenidos. Dice que «escribe, pero no le sale tan bien como el salmorejo» y, aún así, ha pasado por el Diario de Cádiz, El Confidencial y ABC de Sevilla. Como redactor, claro, no para hacer salmorejo. Gaditano nacido en Ronda y sevillano de adopción, como bético no dejan de preguntarle eso de: «¿Por qué eres del Betis, si no eres de Sevilla?». Pero le da coraje tener que responder una pregunta tan obvia.

No comments

LEAVE A COMMENT