Taquicardia. Mareos. Confusión. Los síntomas de quienes sufren el síndrome de Stendhal son diversos, pero suelen tener estos tres elementos en común. No sabemos hacia dónde nos llevarán nuestras emociones cuando presenciamos una obra de arte, aunque Stendhal hizo una definición aproximada de lo que sintió al salir de la basílica de Santa Cruz, en Florencia: «Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme». Seguro que muchos sintieron algo parecido anoche, pues para lo que hizo Messi en el Villamarín solo hay una palabra: arte.

Para hacer el primer tanto Messi solo necesitó una falta. En ella, el argentino pintó un cuadro en el que se le veía lanzando un disparo perfecto, un balón que entraba limpio por la escuadra. Para el segundo tampoco necesitó mucho: aprovechó una asistencia de Suárez y, entre tres defensas, tocó levemente el esférico, lo justo, para dar una pincelada, preciosa y certera, y vencer a Pau López de nuevo. El tercero, sin embargo, fue un monumento al gol. Una Capilla Sixtina en la que se inmortalizó a sí mismo entrando en el área -donde, sorprendentemente, nadie le esperaba- rozando el balón con la punta de la bota para marcar con un trazo perfecto el último gol del partido, el cuarto para los azulgranas.

«Se llama Betis, tranquilos, no hace nada»

Hasta Pau López miró a sus compañeros incrédulo, resoplando y moviendo la cabeza con los ojos muy abiertos, como diciendo: «Lo habéis visto igual que yo, ¿no?». Sí, lo habían visto. De hecho, los problemas del Betis empezaron cuando vieron el primero de ellos, muchos minutos atrás. Y eso que el equipo entró bien en el partido. Como siempre. Dominando. Haciendo «lo suyo». Pero se ve que los verdiblancos, tras el primer gol, sufrieron un «stendhalazo» y se quedaron muy tocados ante lo que proponía Messi.

Ansiedad. Conmoción. Taquicardia. Si lo del Barça anoche fue para incluirlo en un manual de Bellas Artes, lo del Betis fue para hacer un recopilatorio de fallos, ponerle una música graciosa y subirlo a YouTube. Desde el despeje hacia atrás de Mandi con la cabeza en el centro del campo, dejando a Luis Suárez solo, mano a mano con Pau López, al despiste de Canales cuando se le olvidó si era zurdo o diestro y no atinó a disparar, ya cuando estaba encarando en solitario a Ter Stegen. Ahí hay material aprovechable para un vídeo. O, al menos, para ese meme de la pareja con su perro que está ahora muy de moda en las redes: «Se llama Betis, tranquilos, no hace nada».

Suárez se permitió el lujo de no rentabilizar ni uno de los traspiés de los verdiblancos

El de anoche fue un partido en el que ni siquiera se puede decir que el equipo azulgrana se aprovechara de los errores de los de Setién. Todo lo contrario: los despilfarraron. Todos y cada uno de ellos. Fue el propio Suárez el que se permitió el lujo de no rentabilizar ni uno de los traspiés de los verdiblancos. Porque podía y no lo necesitaba. El tercer gol azulgrana le avala: él solito se mete en el área, mientras los defensas verdiblancos van tropezando y cayendo, uno a uno, dejando tras de sí material aprovechable para el recopilatorio. Al ariete uruguayo, por supuesto, no le quedó otra que hacer gol.

Anoche el Barça puso la barra libre en el Villamarín y abrió una cuenta a su nombre. Pero antes de que quisieran pagarla, se interpuso el Betis: no os preocupéis que invita la casa. Y no solo a fallos. Los de Heliópolis también convidaron a balón, pues casi no lo tocaron durante gran parte del partido. Es más, en la previa del encuentro, Guardado reconoció que tenía veinte fotos con Messi y en ninguna de ellas salía él con el esférico. Esta vez, sin embargo, no hay que preocuparse por las fotos. Ya se ha encargado Messi de pintarles un cuadro bien bonito. Aunque en este tampoco salgan con la pelota.

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Periodista y redactor de contenidos. Dice que «escribe, pero no le sale tan bien como el salmorejo» y, aún así, ha pasado por el Diario de Cádiz, El Confidencial y ABC de Sevilla. Como redactor, claro, no para hacer salmorejo. Gaditano nacido en Ronda y sevillano de adopción, como bético no dejan de preguntarle eso de: «¿Por qué eres del Betis, si no eres de Sevilla?». Pero le da coraje tener que responder una pregunta tan obvia.

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