Tenemos que hablar

A cada partido que pasa, los de Heliópolis se parecen un poco más al Reino Unido: se alejan de Europa a paso rápido y se aproximan con peligro a la salida, hasta que un día se queden sin camino de retorno

Europa empieza a parecerse al Trono de Hierro: cada día que pasa hay más candidatos que luchan por ocupar ese lugar y cada vez las hostias son más sonadas. El Betis, de hecho, empezó la temporada siendo claro aspirante al trono. Pero ya sabemos la cara que se le pone en Juego de Tronos a los que empiezan a tener demasiada importancia en la trama: no llegan a terminar la temporada.

Hay un gag muy gracioso que Joaquín Reyes utilizaba en uno de sus mónologos más famosos. En él, Reyes parodiaba esas largas tardes de estudio, cuando éramos niños y teníamos un examen («¿Examen o control, maestra?»), pero no teníamos más ganas de seguir estudiando. Entonces, aburridos y desesperados, cogíamos una bola de papel y, mirando a la papelera, decíamos: «Si la encesto, apruebo». En el monólogo, Joaquín cogía una bola imaginaria, la lanzaba y fallaba. «Esa no vale, otra». Fin del gag. Risas.

Como broma es bastante buena. Lo que no tiene gracia es cuando sucede de verdad, que es lo que le ha pasado, una vez más, a Quique Setién. «Afrontamos cada partido como una final», afirmaba esta semana, refiriéndose al encuentro contra la Real Sociedad. No es la primera vez que dice esta frase. De hecho, siempre la esgrime un par de días antes de perder un partido importante. Lo que nos lleva a vivir en un día de la marmota continuo desde hace ya demasiadas jornadas. Porque, ¿cuántas finales necesita el Betis para volver a ganar? El «si la encesto, apruebo» solo tiene gracia en el gag.

De hecho, la «final» de Anoeta era muy importante para acortar distancias y poder respirar

A cada partido que pasa, los de Heliópolis se parecen un poco más al Reino Unido: se alejan Europa a paso rápido y se aproximan con peligro a la salida, hasta que un día se queden sin camino de retorno y sin finales que ganar. Precisamente, con las «finales» le pasa igual que al Parlamento británico con las votaciones y que a Joaquín Reyes con las bolitas de papel: «Esta no vale, otra». De hecho, la «final» de Anoeta era muy importante para acortar distancias y poder respirar. Pero terminó siendo otra bola que cae fuera de la papelera.

Tras una semana de rumores, de runrún y de ruidosos silencios, Setién decidió tocar su esquema y salir con un 4-4-2, priorizando el centro del campo sobre su discutible idea de jugar con tres centrales todos los partidos. Contra todo pronóstico, tampoco funcionó. Todo el peligro que no creaba arriba lo generaba en su propio área. Tanto es así que el primer gol de la Real llegó tras un saque de esquina –otro más– y un disparo de los que más daño le hace al Betis. Esos que no llevan peligro ninguno, pero se enredan, se enmarañan y emponzoñan hasta terminar dentro de la portería.  

Una vez más, Tello y Canales tuvieron que sacarle punta al ataque del Betis. Cuando el equipo más lo necesitaba y, curiosamente, cuando peor estaba jugando, Tello le pone una asistencia al cántabro, consiguiendo el empate verdiblanco. Los próximos veinte minutos serían de dominio bético. El equipo empezaba a animarse y a encontrar portería. Joaquín, que salió en la segunda mitad, llegó incluso a quedarse solo contra el portero, pero tampoco consiguió meter la bolita de papel en la papelera. Sin embargo, como se temía, en el minuto 82 el malagueño Juanmi le regala medio gol a Oyarzabal que, antes de que el balón toque césped, lo remata de un golpe certero para vencer a Pau López en lo que terminaría siendo el 2-1 definitivo.

Con esta son ya demasiadas las ocasiones perdidas. Son muchas las veces en las que se ha intentado cambiar algo pero el Betis sigue igual. Al principio, enamoraba. Después, convencía. Ahora, nadie se lo cree. Sigue empecinado en los mismos errores, en la misma falta de intensidad. Quiere estar en Europa, pero no lo demuestra. El runrún y el abismo empiezan a asomar un año más. Hay una nada, un desapego, que empieza a transformarse en rumores incómodos. Sobrevuelan las sombras de los cuchillos, pero nadie quiere portar el mango. Se empieza a afilar un «tenemos que hablar» cuando en el césped más falta hace ganar una final. La próxima vez será la única que valga, porque ya no hay tiempo para seguir lanzando bolas de papel imaginarias.

Escrito por

Periodista y redactor de contenidos. Dice que «escribe, pero no le sale tan bien como el salmorejo» y, aún así, ha pasado por el Diario de Cádiz, El Confidencial y ABC de Sevilla. Como redactor, claro, no para hacer salmorejo. Gaditano nacido en Ronda y sevillano de adopción, como bético no dejan de preguntarle eso de: «¿Por qué eres del Betis, si no eres de Sevilla?». Pero le da coraje tener que responder una pregunta tan obvia.

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