A falta de siete jornadas, y gracias a la victoria ante el Villareal, el Real Betis todavía tiene margen para hacer cálculos realistas si quiere estar en Europa la próxima temporada

Hay momentos en esta vida en los que toca ajustar las cuentas. A muchos nos pasa, sobre todo, cuando se acerca el final del mes. También le corresponde hacerlas a quien está de deudas hasta las orejas: llega un momento en que,irremediablemente, alguien llama a tu puerta para hablar de números.  A otros, sin embargo, les llega cuando saben que les queda poco para que se haga de noche. Es un momento íntimo donde purgas tus pecados, sueltas lastre y esperas tener un vuelo tranquilo. Sacas la calculadora, coges papel y boli y empiezas a ajustar números para saber hasta dónde puedes volar.

A falta de siete jornadas y, gracias a la victoria ante el Villareal de este domingo, el Real Betis todavía tiene margen para hacer cálculos realistas si quiere estar en Europa la próxima temporada. Si quiere seguir volando y evitar un accidente aéreo tras meses soñando y no pudiendo. Una derrota o un empate hubieran sido fatales, pues los números cada vez bailan más deprisa. Por delante quedan partidos como el del Valencia o el Real Madrid, sin olvidarnos del Gran Derbi del próximo sábado. Es imprudente, además, dar por sentado que el resto de puntos van a ser coser y cantar. O pasar, pasar, pasar, pasar, pasar y cantar (una forma de tejer muy respetable, pero que últimamente está en tela de juicio, nunca mejor dicho).

Este domingo sacó la calculadora el Real Betis pronto, muy pronto. Con intensidad y con prisas por cuadrar números, los de Setién empezaron aproximándose en los primeros minutos a la portería rival. Algo que ya empezaba a echarse de menos, pues el Betis es de los equipos de la Liga que menos goles ha marcado en la primera mitad. Esta faceta de los verdiblancos, más vertical y menos elaborada, tuvo su recompensa en el minuto 10, cuando Guardado rompe la defensa del Villareal con un pase que deja solo a Lo Celso ante Asenjo. Así, el argentino remata a puerta con un balón bombeado por encima del portero para anotar el primer gol de los béticos.

Desde el saque de esquina, una vez más, el Betis perdió la poca credibilidad que había generado en los primeros vaivenes

Con el marcador a su favor las cuentas empezaban a cuadrarle a Setién, que es el primero al que se llevaría por delante un desajuste en los números. No obstante, con el fútbol pasa como con la economía: si tienes dos, no puedes gastar tres. Y al Betis últimamente la defensa, inocente y desconcentrada, le está costando bastantes puntos. Más de los que consiguen en ataque.

Tan solo un par de minutos más tarde y desde el saque de esquina, una vez más (y ya van demasiadas para no sonrojarse), el Betis perdió la poca credibilidad que había generado en los primeros vaivenes. Y tardaría en recuperarla. A partir de aquí, el partido se rompió. Con el gol del Villareal y el empate en el marcador, algunos aficionados empezaron a pitar (con papel y calculadora en mano) exigiendo el irremediable ajuste de cuentas.

Ya en la segunda parte, y tras una jugada embarrullada, Lo Celso se puso una vez más el traje de gestor y marcó el segundo para los verdiblancos. Gozó el Betis de un par de ocasiones más, al igual que el Villareal, pero ninguna subió al marcador. Cuando el minuto 90 empezaba a asomar la cabeza, Bartra rechaza un centro con la mano, dentro del área, y el árbitro, tras consultar con el VAR, anuncia penalti a favor del Villareal.

Cazorla, muy seguro de sus opciones, se agarró al balón con la voluntad de llevar a cabo el temido ajuste de cuentas. Sin embargo, apareció Pau López que, como todo buen portero, tiene la costumbre de hacer acto de presencia en esos momentos en los que al equipo le hace falta sumar de tres en tres, mientras el resto parece haberse olvidado de cómo contar. Así, la segunda mitad bien se merece un balance, pues a los tres puntos conseguidos sobre la bocina hay que restar la lesión de Canales, bastión principal del equipo, tanto en juego y en gol, como en intensidad.

Con esta victoria todavía hay margen. Los números salen. No sabemos de dónde, pero salen. No obstante, hay que ser realistas. El equipo debe desquitarse de ese sentimiento de inferioridad que ha cicatrizado y que ha convertido un proyecto serio y estable en un castillo de naipes a punto de volar por los aires. Un sentimiento que Leiva define muy bien en una de sus canciones: «Amamos lo que perdimos, queremos lo que envenena y así nunca nos salen las cuentas». El Betis debe empezar a enamorarse de las victorias. Más allá de lo que fueron, sino por lo que serán. Volver a creer en que se puede ganar tras una victoria y no solo tras las derrotas. No hay otra forma de que salgan las cuentas.

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Periodista y redactor de contenidos. Dice que «escribe, pero no le sale tan bien como el salmorejo» y, aún así, ha pasado por el Diario de Cádiz, El Confidencial y ABC de Sevilla. Como redactor, claro, no para hacer salmorejo. Gaditano nacido en Ronda y sevillano de adopción, como bético no dejan de preguntarle eso de: «¿Por qué eres del Betis, si no eres de Sevilla?». Pero le da coraje tener que responder una pregunta tan obvia.

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