De tanto pensar si verlo o no, al final, llegué tarde para el inicio del partido. Fue encender el televisor y ya se esfumaba el encuentro en el minuto 8 de la primera parte. Justo entonces, Campaña marcaba el primero para el Levante. Tal y como pasa con todas las malas decisiones que uno toma en esta vida, siempre se tarda mucho más tiempo en encontrar razones para hacer algo que para arrepentirse. Por eso, quizás, tardé más en encender el televisor que en apagarlo tras ese gol. En fin, mi conciencia estaba tranquila: ya se encargó la defensa de que no tuviera remordimientos.

En estos últimos días –la mayor parte de los últimos diez años, el tiempo es relativo– cuesta mucho intentar divertirse viendo el Betis; gane, empate o pierda, solo o acompañado, en casa o en el bar. Cualquiera estaría de acuerdo en que lo mejor en estos casos es intentar ver algo mucho más ameno; algo que consiga desterrar ese sentimiento de decepción y ese mal sabor de boca. Entonces, caí en la cuenta de que justo al día siguiente del partido se estrenaría «Avengers: Endgame», la esperada película de los Vengadores que cierra el universo cinematográfico Marvel (MCU).

He de reconocer que, respecto al MCU, aún tengo los deberes por hacer. Disculpas de antemano (porque no sabía lo que estaba haciendo). Es por ello que, antes de llegar a «Endgame», me habían comentado («recomendado») que debía ver las películas de Marvel más relevantes para la trama, es decir, aquellas que presentan a los personajes que tienen que ver con esta última entrega. De la lista, salvo Capitana Marvel y Black Panther, me quedaba por ver la segunda de Ant-Man (donde aparece la Avispa, heroína interpretada por Evangeline Lilly y que no terminaba de ubicar en los carteles y teasers de «Endgame»). Sea como fuere, dejé el partido y me lancé sobre Ant-Man para que aliviara este sopor.

Uno termina por arrojarse, pensando en el partido, a esa mentira repetida tantas veces a lo largo de la historia: «Ojos que no ven, corazón que no siente»

Todo sea dicho, a priori y juzgando por la tapa, jamás pensé que «el hombre hormiga» podría ser un superhéroe que pudiera llegar a gustarme. «Mira, igual que me pasó con Setién», recapacité. Pero, al contrario que ocurre con el técnico verdiblanco, tras su segunda parte, probablemente Ant-Man sea a partir de ahora uno de mis personajes favoritos. Sobre todo, porque no decepciona. Para los que no lo sepan, «El hombre hormiga» dispone de unos súper poderes basados en una supuesta «ciencia» llevada a la hipérbole, rozando casi el realismo mágico. Esto no quiere decir que no sea un personaje divertido, con mucha personalidad y un superhéroe muy interesante. Por supuesto, la segunda parte de su historia, al igual que la primera, es altamente recomendable.

En ella vemos a un Ant-Man con problemas en su traje para aumentar y reducir su tamaño –recurso que utilizan, quizás, demasiadas veces a lo largo de la película– pero que cuenta con la ayuda de un nuevo personaje, al que ya pudimos ver en las escenas post crédito de la primera parte: la Avispa. Una heroína que no es más que una versión mejorada del «hombre hormiga» pues, como su nombre indica, además, puede volar. El film, desde luego, no defrauda: bis cómica, acción, persecuciones, una antiheroína que da mucho juego, «ciencia cuántica» al estilo Marvel… Ingredientes suficientes para no aburrirse a pesar de que uno termina por arrojarse, pensando en el partido, a esa mentira repetida tantas veces a lo largo de la historia: «Ojos que no ven, corazón que no siente».

Tras un final sorprendente –teniendo en cuenta como «final» la habitual escena post créditos de Marvel–, termina la película. Una sonrisa boba se dibuja en la cara. Ya solo queda intentar dormir tranquilo. Sin pensar en el partido. Ni en la ruinosa temporada que está cincelando partido a partido el Betis. Eso sí, antes de caer sobre los brazos de Morfeo, hay que poner el móvil a cargar. De pronto, se ilumina la pantalla con una nueva notificación: «Finalizado: Levante 4 – Betis 0», que surge en la noche como una de esas escenas entre los créditos que marcan el final de una película. «Mira», pienso, «a pesar de que les han llovido los goles y los palos, quizás, al menos, algunos tendrán mañana un lugar donde refugiarse del chaparrón». ¿Habrá tiempo y posibilidades de enmendarlo? Quién sabe. «Endgame».

Escrito por

Periodista y redactor de contenidos. Dice que «escribe, pero no le sale tan bien como el salmorejo» y, aún así, ha pasado por el Diario de Cádiz, El Confidencial y ABC de Sevilla. Como redactor, claro, no para hacer salmorejo. Gaditano nacido en Ronda y sevillano de adopción, como bético no dejan de preguntarle eso de: «¿Por qué eres del Betis, si no eres de Sevilla?». Pero le da coraje tener que responder una pregunta tan obvia.

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