En una plazoleta de albero, por Haze

Tras un tiempo muerto, hemos decidido retomar la sección de Miradas Verdiblancas manteniendo la misma esencia con la que nació en 2011, cuando nació este proyecto. En ella, invitamos a personas que no forman parte de este este proyecto a expresarse escribir un artículo con una única directiva a seguir, la temática debe ser el Real Betis Balompié.

Por ello, además de buscar nuevas colaboraciones, hemos decidido recuperar algunas de las que se publicaron, que son atemporales.

El autor: Sergio López (Haze)

Sergio López, más conocido como Haze, es conocido por la fusión de rap con flamenco. Su primer trabajo, en 2004, fue premiado como el mejor disco de hip hop de España, mas tarde pondría la música en distintas bandas sonoras originales como en la película 7 vírgenes de Alberto Rodríguez o Yo soy la Juani de Bigas Luna.

Otra faceta quizás más conocida del cantante, es que lleva varios años compartiendo sus experiencias en conferencias sobre valores y motivación, en universidades e institutos, y en prisiones, “contar mi vida como testimonio y como ejemplo me ha aportado mayor seguridad. Espero que mi experiencia les sirva de algo a esos jóvenes que tienen toda la vida por delante, sobre todo para que se den cuenta de que para conseguir los sueños hay que luchar muchísimo y que nada te lo van a regalar“.

Haze | Fotografía: @Paula_Casado_
Haze | Fotografía: @Paula_Casado_

Puedes seguirlo en su Twitter en @elhaze.

Fue en una plazoleta de albero. Fue el resultado de una semilla plantada por mi abuelo Anselmo, cuando aún yo, no sabía articular palabra alguna. Fue un sentimiento que se hacía fuerte, entre el griterío de unos jóvenes que pateaban un balón vacío, con el fin de introducirlo a través de dos árboles de barrio. Lo que fue, ahora es, y seguirá siendo inexplicable.

Eran pocos los que calzaban la camiseta Hummel del Real Betis Balompié. Otros, yo incluido, con una camiseta verde era suficiente. Las miradas, como balas, atravesaban la retina de algún jugador del equipo contrario. Iba a comenzar un Sevilla-Betis de extrarradio. Los más afortunados, además de la indumentaria oficial de su equipo, iban ataviados de rodilleras y espinilleras. Nos esperaba un duro encuentro. Cuando el balón, de la marca Meyba, bastante deteriorado de surfear por el rubio albero comenzaba a rodar, los corazones gritaban y la victoria era lo único que importaba. Ganar al eterno rival.

Más tarde, con trozos de escayola, dibujábamos escudos en el suelo. Un derbi en la ciudad hispalense paralizaba la urbe. Por el Sevilla, jugaban clásicos como: Rafa Paz, Polster, Martagón, Jiménez, Dassaev o Francisco; en el Real Betis: Pumpido, Chano, Zafra, Calderé, Ureña y Puma Rodríguez. Salíamos a la calle con bufandas, cantábamos coplas de los Supporters Grada Sur, incluso a veces, llegábamos a las manos con nuestros amigos sevillistas, “adversarios” en particulares partidos de máxima rivalidad amateur. Recuerdo perfectamente aquel cántico subversivo: […con los dedos de la mano, con los dedos de los pies, con la…] ¡Qué momentos!

Ahora el albero descansa bajo un techo de hormigón. Atrás quedaron las murallas de ladrillo visto, los bancos conglomerados de cemento, la estructura metálica donde jugábamos a “Paloma”, el campo de petanca, el bordillito que delimitaba hasta donde podía salir el portero cuando nos divertíamos jugando una “Alemana”… Ahora cada recuerdo de antaño, se encuentra ligado con aquel albero de aventuras, hoy tristemente sepultado por los que no saben como darle un “lavado de cara” a los suburbios de Sevilla.

Con el paso de los años, todo se ve diferente. Después de degustar otra vez el amargo menú de segunda, la legión verde y blanca, volverá a vestir de gala un estadio a medio vestir. Volverán las tardes de ensueño en las que la afición empuja con su corazón cada envite de nuestro equipo. Volverá a disfrutar de la visita de las estrellas mundiales del balompié, que cuando pisan el Benito Villamarín, saben que no hay escapatoria, que están sometidos al fervor de Roma, que si no luchan, serán devorados por los leones. Y volverá el ansiado y esperado derbi. Pero esta vez, no nos pelearemos. Esta vez, disfrutaremos del fútbol. Esta vez como tantas otras, algo muy grande nos envolverá, nos emocionará, nos hará gritar… Algo que fue, es y seguirá siendo inexplicable, como las plazoletas sin albero.

Haze, 2011
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