Algo está fallando desde el propio sistema, donde se acucia el «síndrome del miembro fantasma»: jugamos como si tuviéramos tres centrales, pero olvidamos que nos hemos amputado uno

Hay muchas maneras de ganar, pero solo hay dos formas de perder. Y el Betis ha sufrido en sus carnes ambas de forma consecutiva en sus dos primeros partidos de la temporada. Si ante el Valladolid los de Heliópolis firmaron un partido digno, a pesar de la mala suerte (y las decisiones arbitrales), en el Camp Nou el equipo verdiblanco jugó a ser su propia antítesis.

En Barcelona vimos un dark Betis, amigo del contraestilo, que acucia los mismos problemas que un villano de segunda (sin dobles sentidos): al principio parece peligroso, pero al final termina llevándose palos hasta detrás de las orejas. Con la defensa descosida y el mediocampo sin cobertura o fuera de servicio, la única nota positiva que sacaron los verdiblancos fue, por un lado, el debut goleador de Fekir y, por otro, la confirmación de Loren para la delantera, que parece estar dispuesto a ponerle las cosas difíciles a Borja Iglesias, «El Deseado». Al final, 5-2 para los azulgranas frente a un Betis a medio cocinar.

(Photo by Quality Sport Images/Getty Images)

Aunque empezó ganando con un gran contragolpe orquestado por Canales, el equipo andaluz volvió a dejarse los puntos ante un Barcelona soberbio que, con Messi, Suárez y Dembelé viendo el partido desde la grada, tiró de una presión alta al mando de un inteligentísimo Busquets y un sorprendente ataque liderado por Griezmann, junto a Rafinha y Carlos Pérez.

«Contra Setién vivíamos mejor», que diría nuestro compañero Juan Ramón Lara. Y es que la nostalgia, esa hija de puta, acudió a la llamada, motivada por una falta total de interés –e intención– del Betis por el balón, por el pase y casi que por el partido. Quizás sea síntoma de que algo está fallando desde el propio sistema, donde se acucia el «síndrome del miembro fantasma»: jugamos como si tuviéramos tres centrales, pero olvidamos que nos hemos amputado uno. Y, por lo que sea, todavía duele.

Con un Betis jugando a sobrevivir se han visto algunas cosas interesantes: Tello es más rápido de lo que éramos capaces de recordar, Canales necesita estar en contacto con el balón (y esto deberíamos incluirlo en la Constitución para que sea una obligación y no un deber). Sin olvidar que hemos recuperado a Loren, no solo para marcar, sino también para dar asistencias. Por el contrario, aún queda por saber qué van a aportar Carvalho y Guardado en este nuevo sistema: ¿Van a atacar? ¿Van a defender? ¿Ambas? ¿Ninguna? Quién sabe, hay preguntas en esta vida para las que uno nunca encuentra respuesta.

A pesar de que había grandes nombres en ambos equipos que pesaban por su ausencia, hay que destacar algunos otros por la novedad de su presencia. Un tal Carlos Pérez se colaba en el once inicial de los azulgranas y, no solo eso sino que, además, certificaba un excelente partido con un golazo desde la frontal del área. Menos fortuna tuvo Dani Martín a quien, por desgracia (e injustamente), le crecerán los memes tras su primer partido como titular. Sobre todo, por culpa del primer gol de Griezmann, con el que algún ingenioso trol seguramente se inspire para escribir un chascarrillo en las redes sociales acordándose del tocayo del guardameta, el tonadillero de El Canto del Loco.

Si tras el primer tanto hay quien piensa que Dani Martin «pudo hacer más», en la segunda parte el Betis encajaría cuatro goles en los que el portero nada tenía que hacer salvo mirar. De esta forma se sumaron al festival azulgrana Vidal –que en todo el partido tocó más piernas que balones con tres faltas y un gol–, Jordi Alba (con Junior debutando en los últimos minutos en su posición y él como extremo) y el anteriormente citado Carlos Pérez. Otro nombre a destacar fue el de Anso Fati, un chaval de dieciséis años que tuvo un cuarto de hora –para demostrar dos o tres bonitos detalles– y una oportunidad de sacarle los colores al Betis con un disparo que se fue rozando el poste.

(Photo by Quality Sport Images/Getty Images)

Aunque si hubo algo que debió sacarle los colores al Betis fue la celebración del segundo gol de Griezmann quien, en un acto de extrema generosidad, nos regaló, para bien o para mal, uno de los momentos de la temporada –aunque esta acabe de empezar–. Tras anotar, el ariete azulgrana se acercó al córner contrario en busca de un colega que le esperaba con un bote de confeti en la mano, para que el francés estrenase celebración ante su afición. La performance estuvo un poco lenta y mal sincronizada, pero sin duda dejó clara una cosa: el Barça tiene confeti para dar y regalar, pero al Betis le falta pasar de los fuegos artificiales y centrarse en sacar el conejo de la chistera. O, por lo menos, el panda.

Escrito por

Periodista y redactor de contenidos. Dice que «escribe, pero no le sale tan bien como el salmorejo» y, aún así, ha pasado por el Diario de Cádiz, El Confidencial y ABC de Sevilla. Como redactor, claro, no para hacer salmorejo. Gaditano nacido en Ronda y sevillano de adopción, como bético no dejan de preguntarle eso de: «¿Por qué eres del Betis, si no eres de Sevilla?». Pero le da coraje tener que responder una pregunta tan obvia.

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