Un lugar para el recuerdo

Hoy me dejé caer por el Benito Villamarín. Me acerqué sin ningún pretexto. Lo rodeé pacientemente. Varias veces. Llegué olvidar que tocaba volver a la rutina apenas unas horas después. Lo que empezó como una visita aleatoria, sin un fin concreto, con el amor por el fútbol como única excusa, derivó en un paseo por la memoria colectiva de un club con más de cien años de historia. Porque, con el paso de las décadas, el corazón del barrio de Heliópolis y templo del Real Betis Balompié se ha convertido en una suerte de máquina del tiempo.

En cualquiera de sus esquinas, de sus rincones, se esconde un homenaje a alguien importante para el club. Sin títulos de los que presumir en su fachada, prefiere ‘gritar’ a tres de los cuatro puntos cardinales de la Tierra el nombre de su presidente más incónico, el empresario gallego que lo salvó de desaparecer organizando rifas de ganado. Junto a él, pequeñas placas piramidales recuerdan a los hombres que ostentaron el mismo cargo, con mayor o menor fortuna. Y aunque no están todos los que fueron -aún quedan ‘vacantes’ en Gol Sur-, y algunos, como Hugo Galera, estuvieron ‘exiliados’ durante un tiempo, sí fueron todos los que están.

Foto: Carlos G. Urbano

Honrando la morfología de su escudo, la entidad verdiblanca ha hecho del triángulo su figura geométrica predilecta para grabar a fuego en la memoria de sus fieles los nombres de quienes se dejaron la piel por ella; también en su interior, como demuestra el Muro de las Leyendas. El sitio ideal para dar su sitio a figuras tan dispares y distantes en el tiempo como Juanito, Pepe Mel o José Ramón Esnaola. A la generación de este último, la de los pioneros de la Copa del 77, le arrebataron con las últimas reformas, no obstante, el honor de dar nombre a la mítica ‘puerta de cristales tras la muerte de un paisano de mi familia materna, el maleno Sebastián Alabanda.

Pensándolo bien, resulta difícil hacerle sitio a tanto mito en tan poco espacio. Al malogrado Miki Roqué le reservaron la base del mástil de Gol Norte por no haber puertas suficientes. El busto del irlandés Patrick O’Connell, que hizo al Betis campeón de Liga poco más de un año antes de estallar la Guerra Civil, permanece a buen recaudo en las oficinas del club. Los nombres de sus pupilos –Pedro Areso, Serafín Aedo, Victorio Unamuno, etc.- y el suyo propio quedaron inmortalizados hace tiempo en un bienintencionado monumento. Eso sí, a tres kilómetros y medio de distancia, en el barrio de Viapol.

Pero la palma se la lleva, sin duda, su afición. La legendaria infantería verdiblanca, el mayor patrimonio del Real Betis, cuenta con el honor de ser la única hinchada del balompié nacional a la que se le ha dedicado una estatua por el momento. ¡Y qué estatua! Enorme, imponente e inspirada en las innumerables ‘marchas verdes’ que acompañaron al club por los campos de Tercera, en sus horas más bajas, pronto rendirá tributo también a los socios fallecidos desde 2007. Nada ni nadie, presidente, entrenador o futbolista, ha tenido el peso y la importancia de la grada en la centenaria historia de este equipo, algo que refleja perfectamente esta pieza de ocho toneladas de peso, obra de Juan Antonio Navarro Arteaga.

Foto: Carlos G. Urbano

Sin embargo, cuando uno encara la tercera vuelta consecutiva al Villamarín, no puede evitar preguntarse qué pasará cuando personajes como Luis del Sol ya no estén en este mundo. ¿Estaría la puerta número 3 a la altura de la leyenda de Rafael Gordillo? ¿Qué homenaje merece un hombre tan importante en etapas tan distintas -y distantes- como Lorenzo Serra Ferrer? ¿Merecen Joaquín Sánchez o Rubén Castro, iconos contemporáneos, su propio reconocimiento cuando se retiren? ¿Sería una estatua conjunta, como la que el Manchester United erigió en honor a su ‘Santa Trinidad’, la solución a este dilema?

Entretanto, y hasta que llegue el momento de plantearse estas cuestiones, quienes no sólo dieron títulos al Real Betis Balompié, sino también tardes de buen fútbol, goles, aliento y sustento, seguirán disfrutando al final de La Palmera de un lugar para el recuerdo. Al menos, en su gran mayoría.

Escrito por

Periodista. Redactor en Medina Media Andalucía. Social Media Manager en Beticismo. Colaboró con MARCA, la BBC u Onda Cero, entre otros.

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  • Gracias, Carlos g. Urbano, por dejar escrita, sin haberlo hecho, la grandeza de ser parte de la familia bética. Me gusta leerte y reafirmar mi afición en la ajena. ¡Qué bonito es ser bético!

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