Lo que parecía ser una etapa continuista, pero menos encorsetada, es ya, hoy por hoy, el fin de un estilo

Como un adolescente de instituto tras su último examen, el Betis solo ha necesitado un verano para olvidar lo aprendido durante el curso. Si acabó la pasada temporada siendo el equipo más fiable dando un pase, en estas cinco jornadas el equipo verdiblanco ha perdido totalmente la confianza con el balón. La inseguridad en cada toque del esférico llega hasta el punto en que no se puede respirar. Este funambulismo sin arnés no solo conlleva perder puntos de forma preocupante, con partidos así uno acaba perdiendo años de vida.

Ante Osasuna los de Heliópolis terminaron dando gracias a Joel Robles, al larguero y a la mala puntería rival por el 0-0 final. «Nos hace falta chispa arriba», diagnosticó Mandi erróneamente al finalizar el encuentro. Porque tanto Fekir como Juanmi tuvieron ocasiones de sobra para adelantar al Betis, a pesar de que Borja Iglesias estuviera más de noventa minutos sin rematar a puerta. Pero las carencias son tantas y los síntomas tan variados, que el diagnóstico no es que falte chispa arriba, sino todo lo contrario: el equipo es tan débil en defensa que no se sabe si está pasando por una pérdida de consciencia pasajera o sufre de amnesia total.

Y es que la propuesta de Osasuna, a pesar de todo el peligro que generó -y de llevar casi una treintena de partidos sin perder en casa- era bastante austera. De hecho, el ariete de los locales, Chimy Ávila, se pasó más tiempo haciendo de doble de una película de acción de bajo presupuesto, que de delantero centro. A cada pase que recibía con dificultades para continuar la jugada, fingía una muerte súbita, como si hubiera un francotirador desde la grada. El árbitro, Del Cerro Grande, debe de ser fan de este tipo de películas porque le compró todas las entradas al argentino. Y a cada falta concedida, con muy poca pólvora, Osasuna incendiaba la inseguridad de los verdiblancos.

«Si el de Setién era un equipo con estilo, pero presumiblemente aburrido, el Betis de Rubi ahora mismo es un emocionante y frenético guirigay»

Mucho más centrado que en otros partidos estuvo Bartra, que aunque se pasara todo el encuentro cabreado con la sobreactuación de Chimy, fue clave para evitar la catástrofe de un equipo con más quejío que quiebro. Ni en corto, ni a balonazos, ni por calidad individual. El atasco es general. Y eso que Fekir, Canales y Juanmi no dejaban de arrimar el hombro, pero el Betis, ante cualquier presión, por leve que fuera, se venía abajo.

Tras un empate así, como sucede en la política, cada uno tiene un relato propio. Por supuesto, habrá quien valore que el equipo lleve tres partidos sin perder. Uno, al fin, con la portería a cero. Pero también, como en la política, los problemas siguen estando de fondo. Y a Europa no se llega soñando, sino con intensidad, con cabeza y con un buen plan. Si el de Setién era un equipo con estilo, pero presumiblemente aburrido, el Betis de Rubi ahora mismo es un emocionante y frenético guirigay.

Lo que parecía ser una etapa continuista, pero menos encorsetada, es ya, hoy por hoy, el fin de un estilo. Aprender conlleva mucho tiempo, enseñar es muy difícil y rectificar es de sabios. Pero desaprender es de insensatos. Porque no es solo olvidar algo que se sabía y se puede rescatar: desaprender conlleva implícito algo mucho más duradero. Aunque nada más sempiterno que ese sufrimiento paciente, tristemente tan verdiblanco, de no convencer ni para rascar un empate a cero.

Fotografía: @RealBetis

Escrito por

Periodista y redactor de contenidos. Dice que «escribe, pero no le sale tan bien como el salmorejo» y, aún así, ha pasado por el Diario de Cádiz, El Confidencial y ABC de Sevilla. Como redactor, claro, no para hacer salmorejo. Gaditano nacido en Ronda y sevillano de adopción, como bético no dejan de preguntarle eso de: «¿Por qué eres del Betis, si no eres de Sevilla?». Pero le da coraje tener que responder una pregunta tan obvia.

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