Análisis del Betis – Eibar: caos en el Villamarín

Tropezó el Betis otra vez en casa ante un equipo menor, esta vez sin inferioridad numérica de por medio, y el calendario se cierne ya amenazante sobre el futuro del equipo. Si no mejora inmediatamente fuera de casa el Betis se enfrentará al derbi de noviembre en una situación muy delicada. El partido se desarrolló por cauces conocidos ya en el Betis de Rubi: falta de control del juego, esfuerzo denodado de los fubolistas, fases de correcalles y merecimientos de victoria insatisfechos por los enormes riesgos corridos.

El análisis del equipo en este partido debe partir de un detalle significativo del modelo de juego que pretende imponer Rubi, definitivamente opuesto al de las dos últimas temporadas: la elección de jugadores en la alineación. Sustituido Carvalho por Guardado el Betis volvía a presentar un equipo eminentemente físico, en el que todos los jugadores de campo (excepto, justamente, el mexicano) tienen cualidades para ganar el uno contra uno al rival: Canales, Joaquín, Pedraza, Álex Moreno, Emerson… e incluso los tres relevos posteriores, Fekir, Lainez y Tello. Naturalmente esta elección va en detrimento de jugadores de mayor capacidad asociativa, y convierte el juego de ataque en una permanente búsqueda del avance individual en conducción y del regate como forma de eliminar adversarios y sacar el balón jugado, con el pelotazo largo como única alternativa y el contragolpe como escenario favorito. El juego a dos o tres toques, tendencia del fútbol actual por ser superior a esos modelos del siglo XX, queda prácticamente descartado. En cambio se producen disfunciones como ver a Canales de mediocentro posicional, elegir a un jugador incapacitado técnicamente como Emerson por delante de Barragán (iniciador de las tres jugadas de gol hace una semana ante el Levante), o a Álex Moreno y Pedraza pisarse los terrenos en la banda izquierda.

Primera parte

Rubi repitió el esquema de Villarreal (una goleada escandalosa recibida como éxito táctico), que al menos es coherente con esta forma de jugar: un 4-4-2 que sitúa compactamente al equipo para defender. El 4-3-3 (o 4-1-4-1) del Eibar encajaba bien para dejar las parejas claras desde el saque inicial, con la habitual excepción del hombre de más en zona defensiva: 3 contra 2 en la defensa del Eibar (Diop más los centrales contra Borja y Loren), y 2 contra 1, el solitario Kike García, en el área bética.

En los dos costados béticos se doblaban de nuevo hombres puros de banda, aunque una vez más Joaquín pisaba terrenos interiores, y en concreto un espacio intermedio muy aprovechable cuando el rival (como el Eibar) defiende en 4-1-4-1: la espalda del interior y el extremo.

Sin embargo los planes de Rubi no pasaban por filtrar balones a esa zona con juego asociativo. Más cerca Guardado y Canales de sus centrales que de ese espacio, y bien vigilados por Escalante y Expósito, el Betis manejaba el balón atrás con escasa intención de salir jugando, y con mucha de provocar el salto para presionar de los extremos Orellana o Inui sobre un central, y buscar entonces el pelotazo diagonal de 70 metros hacia el extremo del lado opuesto, o el balón directo hacia uno de los delanteros.

Un plan de juego clementista: balones diagonales de 70 m.

El Eibar, muy a su estilo, lograba jugar en campo rival, y el Betis parecía dejarse dominar para buscar esos balones largos o alguna contra, plan ya probado con éxito ante los de Mendilibar en tiempos recientes. Bien cerrados atrás los béticos, las escasas ocasiones eran verdiblancas, pero una vez más un accidente ponía a los béticos por debajo y desbarataba los planes.

Segunda parte

Sin nada ya que perder, el Betis se va arriba y el partido entra progresivamente en una dinámica de correcalles. Tras el descanso Rubi toca el esquema: de salida mete a Joaquín como mediapunta, para lo que desplaza a Loren a la banda derecha en defensa y en ataque (!); la cosa (4-2-3-1) funciona razonablemente porque Guardado y Joaquín se reparten bien los espacios de interior. Poco después da entrada a Fekir y monta un 4-4-2 en rombo con Joaquín y Guardado como interiores, Canales mediocentro y Fekir cerca de los delanteros, aunque al poco rato (¿autogestión?) el francés se pasa a la zona de interior derecho y Guardado se sitúa junto a Canales, algo mucho más razonable y un buen puesto para Fekir, de hecho: sitúa bien al francés para tomar responsabidad defensiva (seguir al lateral izquierdo rival) y no deja tan expuesto al equipo por el centro.

Fekir interior en un rombo: ¿un esquema válido para encajarlo tras dos puntas?

El Betis empata a balón parado y de inmediato Mendilibar mete un segundo delantero para formar un 4-4-2. Muy al final el Betis acumula hombres de banda sin demasiado sentido ni intentos de combinar por dentro, y el partido acaba a pelotazos: el equipo no logra aprovechar siquiera la superioridad numérica final para provocar ocasiones.

Línea por línea

Robles tuvo escaso trabajo más allá del penalti. Mandi y Bartra se manejaron muy bien en situaciones de alto riesgo. La velocidad y el voluntarioso trabajo de Pedraza y Emerson no justifica que se alinee a jugadores que tienen problemas para entender su posición defensiva y que tampoco aportan mucho en ataque. Pedraza solapa su posición con Moreno cuando el ataque se alarga un poco (ambos la piden fuera siempre); Emerson provoca terror entre el público por sus controles, no ya por los que no consigue sino por los que intenta.

La voluntad tampoco salva a Guardado de su pésimo estado de forma, aunque aguantó dignamente el partido completo. Canales, fuera de sitio, salvó con éxito balones comprometidos en la salida pero cometió un absurdo penalti y su mal retorno defensivo provocó situaciones grotescas en alguna transición:

Moreno y Joaquín acabaron poco pero al menos lograron progresar. Borja sigue desacertado, al contrario que un pletórico Loren.

Fekir, aunque aún lejos de su mejor estado, provocó faltas y una expulsión. Tello y Lainez, una vez más, no aportaron nada en absoluto.

Rubi ha agotado la parte amable del calendario sin lograr que su equipo asimile su modelo de juego, que –cada vez es más evidente– tiene diferencias radicales con el anterior. El equipo da sensación de desorganización, sin apenas estructura ni mecanismos reconocibles, sobre todo en ataque, y queda expuesto –un poco al estilo del Madrid de Zidane– a la calidad, la inspiración y la motivación de sus jugadores para superar a los rivales.

Los comentarios son bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

Escrito por

Músico de profesión y físico de formación, o viceversa, sus análisis tácticos le permiten combinar su pasión por el Betis con su interés por el análisis espacial del fútbol, al que contribuye desde plataformas como The Tactical Room. Confiesa debilidad por el fútbol de posición. Colabora también habitualmente con medios como Diario de Sevilla, Scherzo o Radiópolis, entre otros.

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