Un breve análisis del Betis – Athletic

Visto el partido de ayer vale la pena dejar algunas notas sobre un encuentro en el que el equipo supo imponerse a un Athletic que lleva una excelente trayectoria desde que Garitano se hizo cargo de él, aunque acudía al Villamarín, cierto, con muchas bajas. El Betis fue algo superior en la primera parte –no tanto como indica el marcador: entró casi todo– y supo defenderse muy bien en la segunda, en la que prácticamente no hubo ocasiones de gol.

Este Athletic es prototipo de un modelo de juego muy definido, muy norteño (británico, digamos) y más efectivo en casa que fuera de ella. Se basa en jugadores muy fuertes físicamente (Beñat, significativamente, apenas juega) y busca el ritmo alto y la verticalidad a toda costa; como eso significa imprecisión, trabaja mucho el balón largo dividido y la segunda jugada. En defensa trata de prolongar al máximo una presión alta, pero como es imposible mantenerla los noventa minutos sin tener una gran cuota de posesión la alterna con fases de repliegue bajo. Ausente ayer Raúl García, Garitano metió arriba a Kodro con Sancet en la mediapunta (en la práctica casi un segundo delantero algo volcado a la izquierda), formando un 4-2-3-1 con Williams en el extremo derecho.

El Betis repitió el exitoso y especial 4-3-3 con el que Rubi ha logrado equilibrar el juego del equipo al introducir un tercer central en el rol alterno de mediocentro en defensa y tercer central en ataque. En esta fase realmente se forma un 3-4-3:

Como ha sucedido ya en partidos anteriores –y de hecho es movimiento procedente de la temporada anterior– cuando la presión vizcaína obligaba a la línea de Bartra, Edgar y Feddal a acercarse mucho a su portero para sacar el balón, Edgar se adelantaba unos metros para no atraer un rival hacia Joel (o sea: para no perder un potencial receptor), formándose entonces la disposición clásica del 4-3-3 tradicional; de hecho, y aunque el plan básico es siempre el mismo, cada partido que pasa el canterano va asomándose con más frecuencia a esa posición ofensiva de pivote (un Busquets, para entendernos), en la que está cumpliendo con nota con un juego aparentemente fácil –eso tan difícil–; tal vez el mediocentro defensivo tan anhelado estaba ya en casa y Rubi pueda anotarse el punto de su descubrimiento en esa posición.

En defensa el Betis formaba un 4-1-4-1 que –muy paralelos los dos mediocentros del Athletic– controlaba sin demasiados problemas la salida de balón vasca pese a la inferioridad de Loren ante los centrales.

Muy altos Capa y Yuri, ese 4-1-4-1 bético sufría por uno de los habituales agujeros de ese sistema: los extremos están obligados a un tremendo recorrido para seguir a los laterales rivales en defensa y pisar el área contraria en ataque. Joaquín no hizo con mucha dedicación lo primero, lo que provocó inferioridades en su sector al dejar libre muchas veces a Capa:

Lo compensó, eso sí, con eso de pisar área: un hat-trick que será legendario.

En dirección contraria el Athletic se encontró con un problema similar: los laterales béticos, siempre altísimos en ataque, resultaban difíciles de seguir para sus extremos, y la espalda de William era castigada en jugadas como la del 2-0: Joaquín atrae al lateral y da así pista a Moreno para recibir un excelente pase de Guardado (captura de Gol TV).

Como reconoce Rubi en esta reciente entrevista, sus intentos de cambiar el modelo de juego bético hacia uno más ecléctico (que, añadimos nosotros, comenzaron alejándose de manera exagerada del modelo anterior) han sido modulados tras reuniones con la plantilla, y en partidos como ayer resulta evidente que los béticos han vuelto a un fútbol más combinativo, de más toque corto, con muchas menos conducciones y pelotazos, y algo menos vertical que a principios de temporada. Una sutil consecuencia de ello es que los extremos juegan ahora a pie cambiado: al pausarse más el ataque da tiempo a los laterales a profundizar por banda (y más atacando con tres al fondo), y el papel natural de los delanteros de los costados, Joaquín y Lainez ayer, no es ya apurar la línea de fondo para centrar, sino buscar el disparo y el remate desde posiciones interiores. Los tres goles del portuense son un triunfo de este rol.

Sí está teniendo éxito Rubi en lograr que el equipo ataque con rapidez tras robos altos, un método poco usado la temporada pasada (pese a ser un secreto del éxito de equipos posicionalistas como el Barça) y que ayer dio el primer y el tercer gol; el segundo de ellos de hecho fue un contragolpe clásico en toda regla. También supo correr el Betis en ciertas jugadas para castigar la presión alta rival cuando lograba superarla por bajo, como en el 2-0, aunque se abusó (con nulo éxito) de los balones largos a Loren, todos perdidos pese a que este buscó emparejarse en ellos con el lateral Capa.

En la segunda parte el Athletic metió, curiosamente, un defensa más, con la probable intención de detener la sangría por las bandas desde una defensa de cinco; pasó a un 3-1-4-2 que obligó a Rubi a retocar posiciones por dentro para cerrar a los dos mediapuntas:

Pese a que los emparejamientos eran hombre a hombre, ya pues sin la anterior superioridad para cada equipo en zona defensiva, el Betis defendió bien, supo enfriar el encuentro y solo un error de Joel (como antes uno de Moreno) permitió acercarse en el marcador al Athletic.

En lo individual, dejando a un lado a Joaquín, destaca la poderosa mejora del rendimiento de Guardado, inteligente en la contrapresión, hiperactivo en defensa (tapó campo, robó y cerró el agujero que solía dejar Joaquín) y muy bien en el pase.

Los comentarios son bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

Escrito por

Músico de profesión y físico de formación, o viceversa, sus análisis tácticos le permiten combinar su pasión por el Betis con su interés por el análisis espacial del fútbol, al que contribuye desde plataformas como The Tactical Room. Confiesa debilidad por el fútbol de posición. Colabora también habitualmente con medios como Diario de Sevilla, Scherzo o Radiópolis, entre otros.

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