Análisis del Leganés – Betis: ¿un mal Betis o un Betis feo?

Resulta un tanto curiosa la reacción del entorno ante el partido jugado por el Betis en Leganés, ciertamente feísimo y disputado ante uno de los peores equipos de la liga española, pero al fin y al cabo igualado e incluso de cierta superioridad bética en ocasiones, algo a valorar si miramos los antecedentes históricos del Betis en Butarque e incluso de los jugados esta temporada dentro y fuera de casa por los ayer locales y visitantes.

Otra cuestión, claro está, son las percepciones de un entorno (prensa y afición) que sobrevalora claramente la calidad de un plantel bético lleno de jugadores más bonitos que buenos, y que se había habituado inconscientemente a un trato de balón que ahora, de forma igualmente inconsciente, añora. Y sucede también que, ciertamente, las pretensiones del club y la valoración económica del equipo exigen unos resultados que este año nunca llegan, que y en realidad casi nunca lo hacen en las últimos quince temporadas: el equipo está ya abocado a luchar sencillamente por no pasar apuros, para lo cual más le vale vencer en la próxima jornada.

Primera parte: la manta corta

Uno de los errores del entorno bético fue pensar que mejorar el juego de la anterior temporada sería tan sencillo como decirle a los jugadores que fuesen más verticales y arriesgasen menos en la salida de balón. Ayer Rubi eligió esas armas con un claro objetivo: desactivar las de un rival que destrozó al Betis en Butarque hace un año a base de robos altos y contras rápidas. Las evidentísimas limitaciones técnicas (incluso físicas) del Leganés convierten ese fútbol, junto a los consabidos balones largos y faltas colgadas al área, en su única esperanza de ganar algún partido; el Betis ciertamente logró (al menos en gran medida) evitar las pérdidas en salida de balón y cometer faltas cerca del área, y controló los pelotazos y, mal que bien, las segundas jugadas.

Pero a cambio de contrarrestar el escaso fútbol del Leganés (aquí la manta corta de Tim) el Betis desnaturalizó su fútbol y entró en un partido de balonazos, balones caídos y un ritmo insostenible para ambos equipos, tanto técnica como físicamente. Ante un Leganés que juntaba muchísimo las líneas de su 5-4-1 defensivo, el Betis mareaba la pelota atrás hasta intentar pases largos desatinados a la espalda de la defensa pepinera (mención especial para Carvalho en este aspecto), o hasta caer en la selectiva presión alta del Leganés y quitarse la pelota de encima con pelotazos infames: la salida de balón bética ya no es la que fue. Con Carvalho muy abierto y Canales invisible, el Betis no la jugaba jamás entre líneas y tampoco Emerson y Moreno, bien emparejados por los carrileros locales, progresaban jamás. El Betis era incapaz de instalarse en campo rival y no había contrapresión posible.

Segunda parte

Tras haber puesto en juego de inicio su 4-3-3 clásico –habitual desde que decidió prescindir de Edgar–, Rubi elimina a los tarjeteados (y desacertados) Emerson y Guido para montar un 4-4-2 en supuesto rombo. Carvalho (ahora pivote) y Aleñá, por desgracia, se escalonan poco en ataque, pero Canales y Joaquín, en los costados a pie natural (Canales más interior que extremo, Joaquín más extremo que interior), sí reciben ya entre líneas y el Leganés, cada vez más cansado, cede completamente la posesión al Betis, que en el tramo final encuentra algunos espacios y se acerca tímidamente y sin fortuna, al gol. El Leganés apenas lo hace en un puñado de jugadas a la contra poco claras y mal finalizadas por sus delanteros, de escasa calidad en el disparo.

Línea por línea

Joel abusó del mal pelotazo y cumplió bajo palos. Emerson y Álex Moreno estuvieron muy desacertados en ataque; al menos el habitual amago de penalti de Álex no culminó esta vez. Bartra y Mandi controlaron al incordioso Braithwaite, aunque no sacan la pelota como en tiempos más felices.

Canales mejoró con los minutos pero hizo un partido flojo. Carvalho demostró de nuevo que le faltan condiciones para su supuesto puesto de interior, y mejoró mucho con balón como pivote sin que (esta vez) el equipo sufriera defensivamente por su presencia ahí. A ello contribuyó el buen trabajo de Aleñá, aunque falta saber si su posicionamiento ofensivo en esa segunda mitad, demasiado paralelo a William, fue cosa suya u órdenes del banquillo. Joaquín, sin espacios,hizo poco y mal. Guido mostró inteligencia, cierta velocidad y un mal trato de balón que dudamos mejore mucho.

Borja sumó otro mal partido: el mal movimiento de balón bético de la primera parte escupió demasiados balones hacia él sin haber atraído a jugadores del Leganés, así que peleó en inferioridad y no bajó ninguna.

Loren y Barragán cumplieron al menos, lo que no puede decirse de un Tello mal colocado (es absurdo ponerlo a pie natural para que luego lo doble Barragán por fuera en jugadas elaboradas) y con la cabeza en otro lugar (sea cual sea).

La apuesta de Rubi por Guido y Borja en lugar de Edgar y Loren, que han rendido consistentemente por encima de ellos, tiene como única explicación la política interna y no los méritos: un lamentable hecho que impide la rentabilísima promoción de canteranos de años anteriores, y que resta competitividad y alma canterana al equipo. La falta de aprecio por la cantera, más allá de las declaraciones, sigue siendo un mal endémico del club y su afición.

Los comentarios son bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

Con emocionado agradecimiento a Paco del Guadiana, junto al que ya no podremos ver más al Betis.

Escrito por

Músico de profesión y físico de formación, o viceversa, sus análisis tácticos le permiten combinar su pasión por el Betis con su interés por el análisis espacial del fútbol, al que contribuye desde plataformas como The Tactical Room. Confiesa debilidad por el fútbol de posición. Colabora también habitualmente con medios como Diario de Sevilla, Scherzo o Radiópolis, entre otros.

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