Análisis del Sevilla-Betis: un Rubi amortizado

Pasado el espejismo de una victoria aislada y lustrosa degustada durante el largo confinamiento, la afición del Betis sufrió el jueves una dura vuelta a la realidad en forma de derbi. El Betis de Rubi es uno de los peores de la última década y su trayectoria reciente (una victoria en los últimos nueve partidos) no invita al optimismo.

No aprovechó el entrenador catalán tan larguísima preparación para preparar sorpresa táctica alguna ante un rival archiconocido, que tampoco sorprendió –ni falta que le hace, vista la clasificación–. De hecho el Sevilla jugó con el equipo esperado y de la forma esperada: un 4-3-3 muy rocoso, con jugadores muy del corte de Monchi –muy fuertes físicamente, menos en lo técnico– y con tanta facilidad para dominar los partidos desde su empuje físico como problemas para crear ocasiones de gol, que de hecho solo alcanzaron a balón parado.

Las sorpresas llegaron enfrente en forma de alineación, y fueron desagradables. Los titulares sevillistas llegaban todos a la cita, pero no así los béticos, fuera por causas médicas o por falta de forma física de la que bien entrenador o bien jugadores deberán dar explicaciones: Joaquín, Guardado, Carvalho y Edgar quedaban fuera del equipo. A ello se sumaban las torpezas de Rubi, como mandar al banco a Aïssa Mandi –cuyo bajo rendimiento y falta de sitio en el once se deben a la incompetencia táctica de su entrenador, incapaz de adaptar su esquema de juego al material con el que cuenta– y a Loren, este por cuestiones políticas. Como efecto secundario, el Betis no alineaba a un solo canterano, algo tan sintomático como improcedente en un derbi.

Alguna justificación tenía la titularidad de Tello, no por esperarse de él goles en derbis (pura superstición) sino para perseguir a Navas, un peso pluma que coge rapidísimamente forma física en situaciones como esta (una extraña minipretemporada). Positiva resultó la de un digno Guido, pero mucho más difícil es explicar la presencia de un insulso Aleñá que además desplazó al interior opuesto a Canales, impidiendo las usuales permutas de este con Fekir. El Betis jugaba en todo caso su habitual y singular 4-3-3, en el que Fekir, extremo por la derecha, tiene permiso para moverse con libertad en ataque y defensa (que suele devenir en 4-4-2).

Los buenos entrenadores son flexibles en el uso de esquemas pero bien definidos en su modelo de juego. El caso de Rubi esta temporada es el opuesto: se empeña en jugar con defensa de cuatro sin mimbres ningunos para ello (muchos buenos centrales pero poco contundentes, carece de un buen cierre y de laterales de corte defensivo…), y sin embargo no trabaja un modelo de juego definido. Su Betis caótico y temerariamente vertical de inicios de temporada ha acabado convertido (traumáticas reuniones por medio) en un sucedáneo del Betis anterior, que toca la pelota cuando le dejan pero (mal colocado en ataque, con jugadores demasiado juntos) no sabe hacerlo bajo presión, y cuya incapacidad para instalarse bien colocado en campo rival lo convierte en uno de los peores de LaLiga en presión tras la pérdida, un mecanismo fundamental del modelo que parece imitar. El jueves se sumaron a esta indefinición algunos pequeños detalles negativos: los problemas defensivos en la banda derecha, donde Aleñá no llegaba a tiempo para tapar las carencias defensivas de Fekir; la mala coordinación de Tello y Álex en la izquierda (ambos tienden a jugar por fuera); y la extraña posición de Guido en la salida de balón, innecesariamente incrustado entre los centrales, que ya tenían un dos contra uno ventajoso ante De Jong:

Cerrado Guido por el holandés, un salto desde el extremo sobre Sidnei o Bartra (flechas) bastaba al Sevilla para obligarlos a jugar en largo sobre un Borja tan inferior físicamente a los (buenos) centrales sevillistas como incapaz de buscarles las espaldas o ganarles por bajo.

Torpe con balón pero dominador, el Sevilla lograba acercarse a la puerta bética a balón parado y así le llegaba un doble premio, tal vez algo exagerado, sobre la hora de juego. Ni siquiera entonces reaccionaba un Rubi que inexplicablemente dio poco más de veinte minutos de juego a Joaquín y Loren, pese a contar con cinco cambios. La leve mejora dio para poco.

Línea por línea

Joel tuvo escasa responsabilidad en los goles, aunque su juego de pies sigue siendo muy mejorable. La defensa mantuvo aceptablemente el tipo, aunque hasta la entrada de Feddal carecieron de contundencia en el área, y se pagó caro.

Es difícil explicarse la configuración del centro del campo bético. Aleñá demostró de nuevo que sus carencias físicas (es lento y tiene poco fondo) no son compensadas por su juego con balón y sus buenos movimientos, y menos aún en un modelo de juego de posesión mediocre como el de Rubi. Canales, fuera de sitio, apenas funcionó en algunas conducciones. Guido mantuvo bien el sitio en defensa: una de las pocas buenas noticias del partido.

Fekir, de nuevo, hubo de pelear en contextos poco favorables. Borja no puede ser titular ante Loren, y Tello fue el jugador torpe con pelota que ya conocemos.

De los cambios apenas puede destacarse (por fin) el desborde de Lainez, otro peso pluma como Navas. Inexplicablemente, pese a la marcha del partido, el entrenador no movió con ellos un solo varal táctico.

La etapa de Rubi al frente del primer equipo del Betis está amortizada, y de él solo se espera ya que no dé un susto final, algo no del todo descartable. Los que pensaban que era muy fácil mejorar lo hecho en la temporada pasada se han equivocado de lado a lado.

Los comentarios son siempre bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

Escrito por

Músico de profesión y físico de formación, o viceversa, sus análisis tácticos le permiten combinar su pasión por el Betis con su interés por el análisis espacial del fútbol, al que contribuye desde plataformas como The Tactical Room. Confiesa debilidad por el fútbol de posición. Colabora también habitualmente con medios como Diario de Sevilla, Scherzo o Radiópolis, entre otros.

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